La mentalidad africana nace de un respeto por el poder espiritual, dondequiera que éste se origine, explicando así el carácter abierto de la religión africana a la práctica simultánea de otras tradiciones, sincretismos o paralelismos. La cultura africana fue, y es, un ingrediente constitutivo de Cuba y de muchas otras áreas del Caribe y de Brasil, y la presencia de la mentalidad africana en la obra de Manuel Mendive es un reflejo de su flexibilidad, transformación y perseverancia por un largo período. En Cuba, la síntesis de la religión africana y el catolicismo fue una táctica de supervivencia de los esclavos que fueron traídos a América bajo las más duras condiciones. Sus estrategias incluyeron la apropiación de elementos de la nueva religión para incorporarlos a su sensibilidad africana, y la creación de nuevas formas de expresión visual que fueron agregadas a la ya fértil colección de imágenes, trajes y objetos rituales traídos por la memoria desde África.

Para el mundo de hoy, Mendive continúa apropiándose del lenguaje visual de África, transformándolo y adaptándolo como una estrategia para transmitirle su rica mitología a una nueva audiencia que está menos informada acerca de su ritual, que de su estética. Él le da a cada obra una sensibilidad que es tan genuina como fantástica. Manuel Mendive Hoyo nació en La Habana en 1944 en una familia de practicantes del yoruba. Iniciado como santero y palero en las religiones santería y palo monte, su devoción a los espíritus, llamados orishas, es la fuente de su imaginería, y su comprensión de la cultura africana y de otras culturas no occidentales moldea su arte. Su obra, consistente en pinturas, objetos esculpidos y performances interdisciplinarias, implica un proceso de interiorización de mitos afrocubanos y una constante exploración de su significado, en la medida que se relacionan con su vida y con el mundo que lo rodea. Al tener como inspiración las mitologías africanas y de la Santería, y su colorido elenco de personajes, Mendive crea su propia mitología afrocubana y un fastuoso ambiente para su fantástica existencia.
Con la adición de cuentas, puntadas, parches de tela y conchas de cauri a las superficies creadas a menudo a partir de lienzo sin aprestar y sin enmarcar y al cual a veces le da formas poco usuales estirándolo con zunchado de hierro, este ambiente sincrético adquiere una apariencia particularmente ritualista y no occidental. Cada obra es una ofrenda, tanto como lo son los objetos que completan la historia dentro de su límite y función como personificación de ashé, el poder espiritual. En Los hijos de Yemaya, Cuando se mueren se van a vivir al mar, 1998 los hijos de la diosa del amor, la maternidad y los mares esperan su destino con su madre en la parte inferior. Hechos de metal martillado, sin brazos y cubiertos con los puntos que son tan familiares en el arte de Mendive, su morada terrenal, en forma de casa, también está hecha de metal, y rinde tributo a las grandes tradiciones metalúrgicas de Benín. Los puntos indican una presencia espiritual y los poderes transformadores asociados con los dioses y sus ayudantes terrenales (chamanes, posesos, iniciados), e imitan los patrones de la pintura corporal, la escarificación, los ornamentos de abalorios y las telas africanas, así como las marcas de las pieles de los grandes felinos. Las formas en metal martillado recuerdan los milagros, pequeños objetos católicos dados a un santo especial en acción de gracias por un milagro. Así, las dos tradiciones se unen. El mundo de Yemaya es bellamente pintado sobre un lienzo en forma de vela de embarcación, en los translúcidos azules del mar, repleto de bamboleantes criaturas y de las anómalas formas sin brazos que representan a los espíritus en el arte de Mendive.
Los mismos azules translúcidos aparecen ahora a menudo en la obra de este artista. Sus primeros trabajos son más densos, cargados de criaturas e imágenes muy decorativas. En las obras de esta exposición, sus espíritus son presentados en un espacio libre y sin límites, mucho más apropiado para sus fascinantes actividades y la tranquila disposición de ánimo que refleja el rostro del artista. Reflejos (1998) reúne a los espíritus del agua y la tierra en suaves tonalidades acuosas que parecen provocar su transformación de flora a peces y fauna, en los interminables ciclos del mundo de los vivos y los muertos.
Otras pinturas de la exposición exploran el mágico y complejo mundo de los orishas. Arraigados en la visión religiosa yoruba y en la experiencia personal de Dios de Mendive, retratan los valores de los creyentes afrocubanos, especialmente el ashé, que está presente en la línea humana de continuidad con el pasado y que imparte fortaleza espiritual.
Esta exposición también presentó unas pocas esculturas de Mendive, ricamente texturizadas con la adición de conchas de cauri y superficies patinadas que recuerdan los notables bronces africanos. Dos monumentales sillas de madera pintada les rinden tributo a los tronos de la realeza africana, pero con la interpretación personal del artista como entidades masculina y femenina que revelan que un sentido del humor habita en la tierra mágica de los orishas, en donde la paz y la felicidad prevalecerán, si la humanidad tan sólo prestara atención.
CAROL DAMIAN
