Exposición Individualjul 1999 - sept 1999· Por Jacqueline Goldberg

Hernán Alvarado

Sala RG

Quizás por haber nacido en una isla en la boca del golfo de Venezuela —Toas, en el estado Zulia—, Hernán Alvarado metaforiza la pintura desde el ímpetu de la luz y el color. Las fosforescencias caribeñas quedan enmarcadas en su obra como una constante que, sin embargo, no atiende azares. Sus colores no se derraman ni gritan improperios metafóricos, pues son resultado de una pasión contenida, pensada, sugerida por el conocimiento, la constante lectura y relectura de la poesía, los viajes y su estadía de casi 20 años entre Suiza, Francia e Inglaterra.

Exposición Individual: Hernán Alvarado — imagen 1
Hernán Alvarado. Nociones elementales, 1998. Acrílico sobre tela. 174 x 200 cm.

Nociones elementales, la más reciente exposición de Alvarado (1948), inaugura en la cronología del artista una etapa en la que la pintura se presenta como protagonista y se cuestiona a sí misma, relativizando toda influencia objetual. El trazo se muestra desnudo, sin pretensiones grandilocuentes. Queda a la vista el movimiento que debió emprender el creador para dejar afincada la pintura sobre el lienzo. No hay misterios ni temores, tan sólo una sinceridad que se escribe a mano alzada sobre un repertorio cromático cuya eficacia radica en la simplicidad.

Sobre manchas de color esparcidas con precaución, un conjunto de signos se revelan como un código, un lenguaje que rememora la escritura oriental, los trazos del I Ching o los primeros gestos de un niño. No sólo en la puesta en escena del color puede apreciarse el repertorio de "nociones elementales" que recapitula el artista, como si se tratara de un pedagógico legado para asombrados. También los signos gráficos remiten a un sentido elemental del discurso, un misterio que, por transparente, es insondable. Las 12 obras de gran formato que ensamblaron esta exposición remiten a la fundación de espacios de color, cartografías de significancia ilustradas por énfasis que a través de líneas o marcas de colores contrastantes actúan como incisiones visuales que establecen un orden y predisponen a una lectura lúdica de la arquitectura pictórica.

La obra anterior de Alvarado —expuesta desde 1968 en Venezuela, Inglaterra, Francia, Yugoslavia y Cuba— parecía reducir los objetos a rápidas sentencias gestuales y a una figuración esquemática. Pero en los trabajos que integran Nociones elementales, el objeto se deshiela para hacer de la obra otro objeto en sí y para sí mismo. Hay un meta-lenguaje del color, expresado mediante estrategias que arrinconan la materia, evocadoras de una tectónica gráfica que relata la antigua pasión de Alvarado por el grabado. Pintura laberíntica, de caminos truncos, de regresos, de desvíos. "Pintura de deslizamiento y derrumbes. Campo de color. Fuente de tonalidades ocultas, de surcos y reflejos, de ventanas, de respiraderos de luz magna primordial, de brotes y revelaciones, mar de espesuras. Pintura hermética, sólo abordable si se sigue el trayecto de lo desconocido y se corre la aventura de habitarla", señala con exactitud la pintora Ofelia Soto en el catálogo.

Hernán Alvarado, por Jacqueline Goldberg | artnexus