Di Cavalcanti

Di Cavalcanti. Devaneo, 1927. Óleo sobre lienzo. 156 x 99,5 cm. Colección Luis Antonio de Almeida Braga.

Nueva vision de Grandes Maestrosjul 1999 - sept 1999· Por Lisbeth Rebollo

Di Cavalcanti

Su imaginario brasileño

Con su arte, sea en la pintura, sea en el dibujo, Di Cavalcanti observó con lirismo la cotidianidad de su tiempo, mostró con simplicidad la realidad, destacó las costumbres, la vida, y al hombre de su país. Observó todo como un poeta y al mismo tiempo como un ensayista, con mirada sensible y crítica.

Un largo período transcurrió sin que ocurrieran exposiciones que permitieran el contacto con el trabajo del artista plástico brasileño Emiliano Di Cavalcanti. Con motivo de los 100 años de su nacimiento, conmemorados el año pasado, se produjieron varios eventos que rescataron su importancia en el arte del Brasil. El público pudo ver retrospectivas en Río de Janeiro (Museo de Arte Moderno) y en São Paulo (Museo de Arte Brasileño de la Fundación Armando Alvares Penteado). Hubo además una exposición de sus dibujos en el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de São Paulo, así como en galerías de arte. Se realizaron también muestras de dibujo en Chile y en Argentina y siguen todavía proyectos de otras exposiciones en el exterior.

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Di Cavalcanti. Afiche del catálogo de la exposición de la Semana de Arte Moderno, São Paulo, febrero de 1922.

Di Cavalcanti desarrolló su trayectoria en un momento importante del arte brasileño del siglo XX. Tuvo un papel fundamental en la historia artística de los años veinte por sus actividades en el movimiento de rechazo al status quo en las artes, que se llamó Movimiento modernista.

El Movimiento modernista empezó con la Semana de Arte Moderno, un evento múltiple que integraba acontecimientos como conciertos, lectura de prosa, poesía, danza y una exposición de artes plásticas. La Semana instaló en el país el proyecto estético de "revivir y remodelar la inteligencia nacional", creándose "un nuevo espíritu" en el arte, en la cultura. Con la Semana de Arte Moderno se afirmó la búsqueda por la identidad cultural, al mismo tiempo que un proceso de modernización artística.

Los historiadores que sistematizaron el período de los años veinte en el arte y que estudiaron en profundidad la Semana de Arte Moderno dicen que habría sido de Di Cavalcanti la idea de realizar un evento de ruptura en las artes en forma de una "semana de arte"1.

De hecho, el proceso de organización en grupo de los modernistas comenzó en la primera exposición que el artista realizó en São Paulo, en la librería de Jacinto Silva, donde los jóvenes intelectuales paulistas se reunieron para conocer al escritor y diplomático Graca Aranha, el cual les daría su apoyo. La contemporaneidad de su trabajo fue reconocida ya en este momento inicial de su carrera de artista plástico.

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Di Cavalcanti. Cinco señoritas de Guaratingueta, 1930. Óleo sobre lienzo. 92 x 70 cm. Colección Museo de Arte de São Paulo

Di Cavalcanti fue uno de los que trabajó para conseguir apoyo económico para el evento, y a él correspondió además realizar la programación visual de la Semana, siendo el autor de la portada del catálogo y del cartel de este festival artístico. Junto a Ronald de Carvalho en Río de Janeiro, concretó la invitación de artistas para la exposición de artes plásticas de aquel evento. El artista fue, sin duda, uno de los más entusiastas integrantes de la Semana de Arte Moderno, asumiendo un papel fundamental en su organización.

Su nombre de bautismo era Emiliano Augusto de Albuquerque Cavalcanti e Melo, y adoptó el nombre artístico de Di Cavalcanti. Su vocación se manifestó temprano; a los 17 años de edad, en 1914, publicó en la revista Fon Fon su primera caricatura. Al año siguiente ilustró la portada de la revista A vida moderna. En 1916, a los 19 años, cuando ingresó en la Facultad de Derecho de Río de Janeiro, integró también el I Salón de Humorismo, que se hacía en aquella ciudad. Este mismo año se mudó a São Paulo, incorporándose a la facultad de derecho paulista, aunque no concluyó esa carrera, sino que se dedicó a la carrera artística.

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Di Cavalcanti. Proyecto para cartel (Carnaval) s.f. Gouache y pastel sobre papel. 38,5 x 28,2 cm. Colección Museo de Arte Contemporáneo de São Paulo (USP).

Di Cavalcanti llegó a São Paulo en la época en que comenzaba la discusión sobre la necesidad de nuevos rumbos para las artes.

En 1916 se empleó como revisor en el diario O Estado de S. Paulo. En 1917 hizo su primera muestra individual, en la redacción de la revista A Cigarra. Comenzó a estudiar arte con el pintor alemán Georg Fischer Elpons2, que se radicó en aquella ciudad en 1922, y cuyo taller era también frecuentado por otros jóvenes que acabaron adhiriéndose al modernismo.

En São Paulo, Di Cavalcanti continuó realizando ilustraciones en revistas (O Piralho) y también en libros, como O Carnaval de Manuel Bandeira, Balada do Cárcere de Oscar Wilde, para citar apenas ejemplos anteriores a la celebración de la Semana de Arte Moderno. Publicó dibujos en el álbum Os Fantoches da Meia Noite, con prefacio de Ribeiro Couto, en 1922, el mismo año de la Semana.

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Di Cavalcanti. Sin título, 1929. Acuarela y crayón sobre papel. Colección Museo de Arte Contemporáneo de São Paulo (USP).

En 1923 viajó a París como corresponsal del diario Correio da Manhã. Era el año en que los modernistas brasileños acudirían en masa a la capital francesa. Allí, Di Cavalcanti pudo convivir con Picasso, Léger, Braque, Matisse, y con literatos como Cocteau y Cendrars, además de estar en contacto con sus compatriotas: las pintoras Anita Malfatti y Tarsila do Amaral, el escritor Oswald de Andrade, el escultor Victor Brecheret y el crítico y poeta Sérgio Milliet, todos interesados en el movimiento modernista. Viajó a Italia para conocer de cerca la obra de los maestros renacentistas y dio inicio a su producción poética. Nació entonces la relación íntima entre su pintura y la poesía; más tarde escribiría también dos libros de memorias3.

En 1924, con el cierre del diario en que trabajaba, regresó a Brasil. Y dijo: "París dejó en mí una marca. Se creó para mí una nueva naturaleza y mi amor por Europa se transformó en amor por la vida- comencé a conocer mi tierra"4.

Se afirma desde este momento su estilo tan característico en la pintura brasileña. Se instaló entonces en Río de Janeiro; la ciudad se le transforma en laboratorio de observación; de la vida urbana "carioca"5 extrae inspiración para su producción plástica y surgen los célebres temas de las "mulatas" (mestizas), de la música (la samba), de las fiestas populares, los tipos humanos del pueblo. Le encanta el tema de la vida de la calle, la vida de la ciudad, del hombre en su trabajo, el tema de los pescadores.

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Di Cavalcanti. Pescadores, 1951. Óleo sobre lienzo. 114,5 x 162 cm.

Di Cavalcanti continuó su actividad profesional como ilustrador en diarios y revistas, realizando también escenografías para teatro (Teatro João Caetano, en 1929).

De 1935 a 1939, hizo otros viajes a Europa: a Portugal y a España. En 1937 se instaló en París, integró la muestra Arte y Técnica, recibiendo medalla de oro, y sólo regresó a Brasil en vísperas de la invasión alemana en 1940. Al regresar en plena guerra mundial, no le fue posible traer consigo la producción realizada en esa época, la que pudo reencontrar 26 años más tarde.

Se instaló una segunda vez en São Paulo. A lo largo de la década de 1940, su nombre se consolidó como uno de los más importantes artistas del Brasil. Fue realizada una gran muestra de su trabajo en 1948, en el Instituto de los Arquitectos de Brasil. En esta época, se empezaba la revisión de las trayectorias de los principales artistas del país, a través de exposiciones de carácter retrospectivo, y Di Cavalcanti fue uno de los primeros en tener una muestra de ese tipo.

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Di Cavalcanti. Mangue, 1929. Grafito y acuarela sobre papel. 37 x 29,5 cm.

La crítica siempre estuvo atenta a su trabajo. Ya en la muestra de la Semana de Arte Moderno, el artista fue destacado por Sergio Milliet, por su calidad como dibujante.

En 1932, Mário de Andrade, escritor modernista, poeta y crítico de arte, habló de su fidelidad hacia el mundo objetivo y de su amor por la vida humana. Consideró que este hecho le salvó a él de perderse en investigaciones alrededor de las teorías de las vanguardias. Dice el crítico: "Las teorías cubistas, puristas, futuristas pasaron por él, sin que fuese alejado de su camino". Dice, además, que el artista supo extraer de las teorías lo que le podía enriquecer la técnica y la facultad de expresar su visión del mundo.

En el momento de la retrospectiva del 48, la crítica recibió su trabajo con entusiasmo. Consideró al artista como uno de los representantes más significativos de la pintura brasileña contemporánea, destacando la "brasilidad" de su obra; la crítica señalaba también la excelencia técnica de su trabajo En la "brasilidad" de su pintura se veía, aun más tarde, un punto significativo de resistencia del arte moderno brasileño.

Es necesario recordar aquí que, desde 1951, con la creación de la bienal de São Paulo, ocurrió en el país un intenso contacto con el arte extranjero y, por tanto, también una fuerte confrontación de tendencias, llegando al país de modo más rápido el conocimiento de los movimientos que se desenvolvían en el exterior.

La abstracción pasó en poco tiempo a ser tendencia dominante en los espacios institucionales del arte brasileño. Se creó, a lo largo de los años cincuenta, una fuerte polémica entre abstractos y figurativos y se discutió el papel del arte y del artista en la cultura del país.

En este clima de debates, en 1952, cuando Di Cavalcanti recibió el Gran Premio de Pintura (compartido con el artista Alfredo Volpi), la discusión del jurado duró toda una noche. ¿Los premios de la Bienal se destinaban a destacar a los maestros o a mostrar cuál era la actualidad artística?

En ese año al observar su obra premiada, Sérgio Milliet, el mismo crítico que comentó su obra en la muestra de la Semana de Arte de 1922, ahora como crítico del periódico O Estado de S. Paulo dijo: "Una cosa buscó este pintor importante de nuestro país: la expresión de una sensibilidad brasileña, profundamente sentimental y sensual, ...su obra es, como él mismo dice, un cuerpo único".

Este "cuerpo único" está formado por una producción de pintura y dibujo. El dibujo antecede a la creación pictórica. La pintura retoma los temas que nacen espontáneamente en el dibujo. Es necesario decir que en la obra de Di Cavalcanti, la pintura y el dibujo siempre fueron fundamentales, actividades constantes e ininterrumpidas, como él mismo afirmaba.

Con su arte, sea en la pintura, sea en el dibujo, Di Cavalcanti observó con lirismo la cotidianidad de su tiempo, mostró con simplicidad la realidad, destacó las costumbres, la vida, y al hombre de su país. Observó todo como un poeta y al mismo tiempo como un ensayista, con mirada sensible y crítica.

En la imagen plástica, el artista construyó referencias poéticas a la idea de lugar, a la identidad brasileña. Se puede considerar que su iconografía se presenta como "una prosa poética". Su composición, aunque espontánea, es trabajada con cuidado técnico. Su técnica es extraída de las conquistas plásticas de los movimientos artísticos europeos de principios de siglo: hay algo de expresionismo, algo del cubismo, con una aproximación al Picasso de la década de 1930. Pero su creación estética es siempre personal, muy singular, y hay una mirada social hacia el Brasil.

La voluntad creadora de Di Cavalcanti manifiesta un imaginario de adhesión a la vida que para él es un espectáculo bello y fascinante6.

NOTAS

1. Esta idea habría surgido en conversación con el historiador Paulo Prado.

2. Elpons se formó en Munich y Berlín, absorbiendo en su trabajo el impresionismo. Llegó a Brasil en 1912, dos años más tarde creó el Curso Elpons, acogiendo en sus aulas de taller a varios artistas emergentes en la ciudad de São Paulo.

3. Viagem da Minha Vida —O Testamento da Alvorada, en 1955; y Reminiscencias Líricas de um Perfeito Carioca, en 1964.

4. En su libro Viagem da Minha Vida, de 1955.

5. “Carioca” es un adjetivo correspondiente a lo que procede de Río de Janeiro.

6. Luís Martinsen, Di Cavalcanti, 50 Años de Pintura. São Paulo, Brunner, 1971: “la vida es para él un espectáculo bello y fascinante al cual no se limita a asistir, sino del cual participa como uno de los personajes más activos”.

LISBETH REBOLLO GONÇALVES

Profesora de la Universidad de São Paulo, Brasil, en la Escuela de Comunicaciones y Artes; es crítica afiliada a la Asociación Brasileña de Críticos de Arte y a la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).

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