La exposición presentada en la Biblioteca Luis Ángel Arango, De Brasil: alquimias y procesos, constituye una sugerente mirada al arte brasileño. Los cuatro artistas escogidos por Aracy Amaral, curadora de la muestra, tienen en común su interés por trabajar a partir del diseño. Pese a sus diferencias generacionales, Carmela Gross (1946), Marcos Coelho Benjamim (1952), Vik Muniz (1961) y Artur Lescher (1962) hacen diversas aproximaciones a los materiales indagando y manejando subjetivamente sus posibilidades. Tienen además en común la realización impecable de sus trabajos, los que no surgen de una rápida ejecución, sino de un cuidadoso proceso de elaboración.

Mencionar el interés por el diseño como uno de los rasgos que los acerca, no significa que sean herederos directos del concretismo que tanto pesó en el arte brasileño de los años cincuenta, sino que sus propuestas están más cercanas al conceptualismo de la década siguiente. Nombres, entre otros, como los de Amilcar de Castro, Lygia Clark y Hélio Oiticica estimularon una exploración sensorial y de materiales que incidió en el ensayo con nuevas técnicas y recursos expresivos.
Carmela Gross seleccionó una diversidad de elementos, entre otros, bronce, hierro, elástico y tela, recursos de los que se vale para llevar a la práctica su indagación. En las obras exhibidas experimenta con ellos para pensar formas que dialogan con el espacio. Sus diseños insisten en la posibilidad de polaridades como rígido-elástico, blando-duro, tal como se aprecia en su obra Islas (1998).

Artur Lescher tiene en la muestra dos tipos de obras. Una línea de investigación indaga desde su formación de arquitecto, como sucede con Casa II (1998): un largo recorrido en acero inoxidable mediante el que pone a pensar sobre las formas con que habitualmente se representa la referencia al espacio habitado. Los otros trabajos giran alrededor de búsquedas formales que enfatizan la noción de la línea, poniendo además en juego la significación de ciertos fenómenos físicos, como son el de tensión o gravedad. Su Trompo (1993) de hierro y mercurio es la pieza que más claramente se refiere a la posibilidad de poner en tela de juicio la ley de gravedad. En la sutil estructura de hierro, la superficie plana está cubierta con mercurio, que a manera de un espejo flota y parece a punto de desbordar el espacio que lo contiene.

Marcos Coelho Benjamim es, a juicio de la curadora, quien refleja de manera evidente el carácter híbrido de la cultura brasileña, primando en sus trabajos la tradición artesanal de Minas Gerais, su lugar de procedencia. Allí se mantiene la tradición de los textiles y la talla en madera, y el artista mezcla sin conflictos lo popular y lo erudito, logrando construcciones que recurren formalmente a una geometría estricta, contenedora de móviles líneas de zinc, madera o piedras de luminosos colores. El diálogo entre una geometría reducida y un elaborado trabajo artesanal son los dos recursos a partir de los cuales arma su propuesta.
Las fotografías de Vik Muniz son el resultado de un complejo proceso de preparación para llegar a la imagen final. Sus elaboradas escenas, fabricadas inicialmente con chocolate líquido vertido a cuentagotas sobre una superficie, son luego registradas por medio de fotografías en cibachrome. Las imágenes son tomadas de la historia del arte, de ilustraciones de periódicos o de conocidas fotografías anteriores. Tal es el caso del anónimo registro de Freud, en su Sigmund (1997), o de Action photo after Hans Namuth (1997), ambos en la exposición.
Sin estridencias, estos cuatro artistas evidencian una trayectoria que se construye a partir de una investigación sostenida que les permite mostrar la seriedad con que abordan sus procesos subjetivos de intervenir y modificar tanto el espacio como los materiales.
IVONNE PINI

