Colección Helft

Antonio Berni. La familia de Juanito Laguna mirando televisión, 1977. Óleo y collage sobre madera terciada. 121 x 182 cm.

Otrosjul 1999 - sept 1999· Por Celia Sredni de Birbragher

Colección Helft

Buenos Aires, Argentina

Algunos coleccionistas latinoamericanos sobresalen por la calidad de las obras que han adquirido y por la pasión y dedicación que han puesto en su labor. Marión y Jorge Helft se encuentran entre ellos. Por más de treinta años, han reunido no solo importantes obras de arte argentino, sino además destacadas obras de arte contemporáneo internacional. Esta entrevista nos transmite su espíritu y nos informa sobre su labor en la Fundación Borges.

Celia Sredni de Birbragher: Me gustaría que habláramos de tu proyecto sobre arte, la fundación.

Jorge Helft: Quiero aclarar de entrada que hemos formado la colección con mi ex mujer Marion, y que empezamos a coleccionar hace 30 o 35 años como una cosa muy natural.

Yo había nacido en una casa donde el arte era muy importante; mi padre era anticuario e historiador de arte y la madre de Marion era pintora. Así que siempre estuvimos rodeados de arte y artistas. Cuando tuvimos la posibilidad económica de empezar a comprar, fuimos comprando arte y poco a poco esto se transformó en una ocupación cada vez más importante dentro de nuestra vida, y más sistematizada.

Nos acompañó la suerte con el hecho de que mi carrera progresó y tenía recursos para ir comprando. La colección fue creciendo y llegó un momento en que no había espacio. El coleccionista siempre sigue comprando mucho más allá de lo que tiene; en nuestra espacio de arte hay hoy en día unas 250 obras —mezclando arte latinoamericano con arte del resto del mundo—, y está abierta al público. Iniciamos este proyecto hace diez años y ha funcionado satisfactoriamente.

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Tony Cragg. Pareja japonesa (Sr. y Sra. Otani), 1984. Objetos encontrados de plástico. 165 x 149,8 cm.

La colección tiene una gran mayoría de obras argentinas —alrededor de 720—, y está focalizada en relativamente pocos artistas. El 80% de las obras es principalmente de 15 artistas y seguimos comprando obras de jóvenes contemporáneos. Está muy focalizada también en arte después de 1960... ¿por qué? Porque estimamos que en Argentina, desde principios de siglo, los movimientos artísticos ocasionales eran importantes, pero realmente Argentina logró un espacio dentro del contexto mundial a partir de la década de los años sesenta; esto ha sido nuestro incentivo para comprar obras de esas épocas.

La colección internacional es mucho más clásica aunque contiene obras fuertes de la actualidad. Empieza con obras de principio de siglo, pinturas de Paul Klee, de Kandinsky y Feininger; sigue con cubismo... Severini, Metzinger, Gleizes; tenemos cajas de Cornell y una colección modesta pero importante de Duchamp, y sigue a través del nouveau réalisme francés, el pop art hasta los momentos actuales. También seguimos comprando obras contemporáneas, una obra importante de Tony Cragg, de Jaume Plensa, y seguimos buscando. Hace dos años, en la Feria de Chicago compré una obra de Annette Messager; tenemos una de los años ochenta; ésta me gustó mucho.

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Nam June Paik. Vela T.V, 1968-1992. Caja de televisor de madera, rejilla de metal, vela,

C. S. de B.: Hablemos un poco sobre arte argentino y específicamente sobre el foco de tu colección. Decías que hay 15 artistas que juegan un papel importante en la misma.

J. H.: Cronológicamente, los artistas que nos han interesado y que hemos coleccionado realmente, empiezan con la obra tardía y collages de Antonio Berni. Después tenemos muchas obras de Libero Badii; avanzando cronológicamente podríamos mencionar a Alberto Heredia, Jorge De la Vega, Juan Carlos Distéfano, Víctor Grippo, y a la fotógrafa Grette Stern.

Tenemos obras de artistas más recientes como Edgardo Vigo, un conceptual antes de la hora, que lamentablemente falleció hace poco. Llegando a obras aún más recientes, Liliana Porter, Guillermo Kuitca, Roberto Elía, y algunos más. Ellos forman el núcleo fuerte de la colección. Por supuesto, hay muchísimos más artistas pero, en algunos casos, están representados sólo por una, dos, tres, cuatro o cinco obras; por lo tanto, tienen menos peso dentro de la colección. Esto no pretende ser de ninguna manera una escala de valores, es una opción puramente personal, puramente literal, y hay artistas que nos han gustado más que otros, como a cualquier admirador de arte.

Yo creo que nuestra motivación siempre ha sido hedonística, en el sentido de que lo que más importa es que la obra nos guste, nos dé un placer, nos dé una satisfacción. Esta fue la consideración número uno en el campo del arte que podíamos adquirir por sus condiciones económicas. Hay grandes artistas mundiales y argentinos que admiramos mucho, pero que no hemos comprado porque cuando quisimos darles una cabida en nuestra colección, ya tenían precios que no eran alcanzables para nosotros.

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Roy Lichtenstein. Pop, 1966. Marcador de color, lapicero, papel cortado, collage sobre papel. 58 x 43 cm.

C. S. de B.: Me mencionaste que construiste un espacio para albergar esa colección y que has seguido comprando desde entonces. El proyecto inicial para albergar la colección y que has seguido comprando desde entonces. El proyecto inicial para albergar la colección ha ido creciendo también. ¿En dónde está ahora la colección? ¿Está toda expuesta? ¿Cómo funciona?

J. H.: El espacio que abrimos al público hace diez años, nunca incluyó toda la colección, nuestra colección básicamente está en la casa que construimos, pero como teníamos cada vez más demanda para visitar la colección, construimos un espacio que está abierto al público.

Este espacio lo instaló el arquitecto Samuel Oliver —que fue durante 20 años director del Museo Nacional de Bellas Artes—, y tuvimos poco que ver con la elección de las obras. El hizo lo que quiso y lo instaló como él opinó que debía hacerse. Lo que sí fijamos como pauta fue que las obras no fueran sólo argentinas y que se diera la impresión de que establecíamos un gueto a donde mandábamos lo que nos sobraba. Así, nuestra colección de Marcel Duchamp, de Fluxus, de obras conceptuales de gran formato, están en este espacio, mezcladas con obras argentinas que consideramos de jerarquía como para estar colgadas al lado de algunos grandes nombres de la plástica universal.

El público puede visitar el espacio y ver una muy buena selección de 250 obras sin entrar en lo que fue mi domicilio, y hoy en día es el domicilio de Marion. Seguimos coleccionando juntos, y las personas amigas también pueden ver los dos espacios, el abierto al público y el privado, que es la casa.

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Marcel Duchamp. La boite en \/alise o De ou par Marcel Duchamp ou Rose Selavy o Green Box, 1935- 1940 (edición 1955-1968). Caja con cubierta verde, réplicas en miniatura, reproducciones en blanco y negro y a color de obras del artista. 41,2 x 38,4 x 9,5 cm.

C. S. de B.: ¿Cómo se financia este proyecto ahora, una vez que tú construyes este nuevo espacio?

J. H.: Nunca hemos buscado recursos externos, y por eso yo no quiero llamarlo museo, es como una extensión del living de la casa. Es una extensión para poner más obras, pero es totalmente privado, no tiene ningún tipo de interferencia o de apoyo externo.

C. S. de B.: Ahora que ya no estás casado con Marion, ¿cuál es la situación de la colección... ¿Va a permanecer unida? ¿Qué va a pasar el día que alguno de ustedes dos no esté?

J. H.: La colección es de Jorge y Marion Helft, y así sigue. Somos socios, compartimos no sólo lo que compramos, sino lo que prestamos; ambos decidimos cómo lo prestamos, cómo lo instalamos, y la colección sigue como antes. No sé lo que pasará más adelante con la colección, no tengo previsto nada fijo ni concreto; tenemos tres hijos adultos a quienes les gusta el arte, y veremos lo que nos dicen el tiempo y el futuro. No puedo predecir absolutamente nada en este sentido.

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Libero Badii. Conocimiento siniestro No. 4, "Elser”, 1973. Madera pintada al óleo, lámina de plata. 205 x 60,5 x 53 cm. (tres elementos).

C. S. de B.: Quisiera que habláramos un poco más del arte argentino; de alguna manera, para muchos coleccionistas, y aún para algunos galeristas has señalado en muchos casos los nombres de artistas jóvenes. Recuerdo muy particularmente el caso de Kuitca. ¿Sientes que de alguna manera eres generador de motivación para comprar, para fijarse en la obra de artistas jóvenes?

J. H.: Personalmente siento que no. Creo que lo de Kuitca demostró que una elección, entre muchas que hicimos, hace casi 20 años, tenía cierto mérito. Pero el éxito de Kuitca no fue seguido en Argentina. Se generó en el exterior y, por lo tanto, fue ajeno a nuestra elección o a nuestra decisión. Pasa lo mismo con los jóvenes, con el agravante de que, a medida que uno envejece, se siente más alejado de las nuevas generaciones y a veces, a mí personalmente, me cuesta entender y apreciar una obra joven porque me resultaba más fácil a los 40 que a los 60. Sin embargo, uno tiene el ojo formado, se ha dedicado toda una vida a esto, y como trato de explicar a la gente, hay mucho arte que me gusta y hay muchísimo arte que no me gusta, pero tengo suficiente ojo, creo, para decir si algo tiene valor aunque no me guste, o si no lo tiene. Es una cuestión de formación y de tradición, no es una cuestión de gusto, el gusto viene después, y hay artistas que yo creo que son muy importantes, muy respetables, pero que literalmente no me dicen nada, y entonces no los he comprado; sin embargo, los respeto muchísimo.

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Niki de St. Phalle. El pirata, 1964. Telas y objetos diversos, collage sobre base de hierro y madera. 129 x 90 x 32 cm.

C. S. de B.: Cuando empezaste la colección, ¿desde el principio era una colección internacional o la iniciaste con arte argentino?

J. H.: Empezamos la colección de arte con arte argentino porque nos parecía lo lógico. Siendo en ese momento jóvenes argentinos, lo más lógico era comprar arte argentino. Además en ese tiempo viajaba mucho menos, mi presupuesto era mucho más pequeño y la lógica era comprar arte local que además me gustaba y me interesaba.

Sobre la cuestión del coleccionismo, siempre digo que es un virus. Soy coleccionista en el alma, era coleccionista a los cinco años de revistas de cómics y de estampillas; coleccionista de todos los programas de ópera y de música que he escuchado en mi vida, que son centenares; los guardo y los colecciono. Coleccioné discos durante muchos años (40), y sigo coleccionándolos. Tengo hoy en día 2.500 discos, y sigo comprando muchísimos. El arte, por supuesto, es la colección más importante, le instalo muchos más recursos, mucho más esfuerzo, mucho más tiempo que a cualquier otra.

Después hemos formado otras colecciones: con Marion tenemos una colección de textiles precolombinos de Perú y tenemos la colección de Borges, que decidimos iniciar un buen día, a mediados de los años ochenta, cuando él falleció. Es la más grande del mundo y abarca casi 11.000 ítems, incluidos 155 manuscritos. Nos pusimos a la obra con nuestro virus de coleccionar, lo hicimos profesionalmente, tomamos contacto con Madrid, París, Londres, Nueva York; y acumulamos lo que nadie compraba, lo que a nadie le interesaba, porque nos parecía un deber formar una muy buena colección de Borges para que estudiosos e investigadores pudieran ir a una base de datos y ver muchísimo material borgiano original. No estaba centralizado en ningún sitio. O sea que combinamos nuestro afán de coleccionar, que es muy real, con un propósito que nos pareció útil.

Coleccionar ha sido mi vida, desde chico tengo el afán de coleccionar, es una cosa que me apasiona, con la que sigo. Si hoy encuentro una obra de arte, un simple disco que necesito para completar mi colección o un ítem más de Borges, que no tengo, lo compro, y me lo puedo permitir.

Otros: Colección Helft — imagen 7
Graciela Sacco. La anunciación (tríptico). Serie de la M aja anunciada, 1991. Heliografía, parafina, papel y pigmentos (naturales y óxidos) sobre chapadur. 141 x 115 x 6 cm. Obra abierta: 141 x 230 x 3 cm.

C. S. de B.: Hablando de tu colección de Borges, ¿dónde está esa colección y cómo es accesible al público?

J. H.: No es accesible al público porque no está pensada para el público. Es accesible gratuitamente para cualquier investigador avanzado, que es bienvenido a mi ex-casa donde están el computador y los materiales originales. Ha sido visitada por gente de Edimburgo, de Londres, de París, de Estados Unidos, de Alemania, para trabajar, investigar y analizar a Borges. Además uno de nuestros hijos, el mayor, ha hecho un CD ROM sobre Borges que es extremadamente sofisticado y que se está vendiendo mucho en Buenos Aires. Publicó hace poco un libro que es la más completa bibliografía de Borges editada hasta ahora. Estamos organizando exposiciones de este material, hemos hecho exposiciones en Amsterdam, en el Centro Pompidou, en París en 1992, y en Río de Janeiro y São Paulo. Vamos a tener, en el 2000, una gran muestra en Nueva York. Así damos difusión a la obra y al pensamiento de Borges. No tiene otro fin. Una colección literaria como ésta tiene una gran ventaja: toma muy poco lugar — tener en los anaqueles 3.000 o 4.000 o 5.000 libros toma poco espacio—, no es como los cuadros y las esculturas. Todos los manuscritos que son tan únicos y valiosos son 150 y son 300 hojas, caben en una simple carpeta.

C. S. de B.: ¿Quién trabaja en la colección? ¿Cómo está estructurada?

J. H.: Marion y yo le dedicamos mucho tiempo a la colección Borges, y nuestro hijo Nicolás. Siempre hemos creído en el apoyo profesional. En la colección de arte, el licenciado Marcelo Pacheco trabajó conmigo en mi casa durante cuatro años, catalogando absolutamente todas las obras de arte con sus bibliografías, sus antecedentes, etc. Los datos existían, pero estaban muy desordenados, y él hizo una curaduría profesional amplia.

En el caso de Borges, lo informatizó nuestro hijo Nicolás y tenemos una bibliotecaria que viene todos los días. Ahí sí que hay un trabajo enorme de catalogación y de escaneado para que se vean en el computador los documentos originales. Se están copiando muchísimos textos, para que se puedan ubicar, para que el investigador pueda encontrar fácilmente cualquier referencia, cualquier indexación. Hoy en día, en nuestro computador uno escribe la palabra Shakespeare y en dos segundos sabe que Borges ha escrito esta palabra 147 veces, y puede ver exactamente en dónde, cuándo, en qué texto y en qué año. O sea que es un trabajo muy minucioso y muy amplio, pero estimamos que sirve y por eso lo hemos hecho. La inversión, debo decir inmediatamente, no ha sido grande porque trabaja una joven bibliotecaria en casa desde hace cuatro a cinco años, y con eso el trabajo ha avanzado muchísimo.

Otros: Colección Helft — imagen 8
Guillermo Kuitca. Yo, como el ángel, 1985. Acrílico y óleo sobre tela. 189,5 x 328 cm.

C. S. de B.: En la sección de artes plásticas, ¿cuánta gente trabaja?

J. H.: Nadie. No tenemos otros asistentes, pero si necesitamos una ayuda, sea para restaurar, sea para hacer un análisis, contratamos a profesionales siempre, lo hemos hecho y siempre lo seguiremos haciendo. No vamos a meter mano nosotros. Si necesitamos un texto, le pedimos a un profesional, a un curador, a un comisario, que lo haga, que prepare un catálogo o lo que sea necesario.

C. S. de B.: En el caso de préstamo de obras para exposiciones, museos, etc; ¿ustedes se encargan directamente también? 

J. H.: Sí, nuestra política siempre ha sido ultraliberal. Creemos que la obra de arte nos pertenece en cuanto propiedad, pero que trasciende la propiedad y pertenece al público y al artista aunque sea vendida. Para que este artista viva y progrese tiene que mostrar su obra. Por esto, a cualquier pedido de préstamo, siempre hemos dicho que sí, siempre y cuando haya un mínimo de condiciones de seguridad y de condiciones administrativas adecuadas en lo referente al transporte, al manejo y al seguro de las obras. Si esto se da, siempre decimos que sí. Hemos prestado obras a exposiciones muy grandes y muy pequeñas; hemos tenido obras en centros culturales en el interior de Argentina y hemos tenido exposiciones en Nueva York, en Londres y en París, o sea que no hay selección, se dice que sí, en principio.

Como detalle curioso, hemos tenido accidentes porque es parte de la vida del coleccionista. El año pasado se vandalizó brutalmente una obra en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. El caso anterior es el de una obra que fue vandalizada en el MoMA de Nueva York por una persona que entró y dañó seriamente una pintura, alevosamente. El lugar al que menos se tiene miedo de prestar es al MoMA de Nueva York; sin embargo, ahí ocurrió este tipo de accidente. Yo creo que es parte de la vida del coleccionista prestar la obra, y si la obra sufre, bueno... Nosotros también podemos sufrir un accidente en un taxi y no por esto vamos a prestar menos. Tomamos los recaudos para que la obra vuelva en buenas condiciones, pero yo creo que hay que aceptar este riesgo que es parte de la vida de un coleccionista.

C. S. de B.: Si tú fueras a hacerle alguna recomendación a la gente joven que está comenzando a coleccionar, ¿cuál sería?

J. H.: Ante todo, no es la pregunta, pero debo decir que estoy sumamente halagado por el hecho de que en Buenos Aires, por primera vez en 30 años, está apareciendo una generación de coleccionistas serios. Faltaban completamente los coleccionistas cuando empezamos. Me preguntaste por nuestro interés y por qué se tomó un poco nuestra colección como faro... era fácil ver un faro en una oscuridad completa porque nadie coleccionaba. Hoy en día, por suerte, se está empezando a coleccionar. En muchos casos, lo hace gente joven que compra arte joven... benditos sean. También hay algunos coleccionistas de recursos muy amplios que compran nombres más clásicos, y esto es muy importante para que Buenos Aires un día llegue a tener una plaza y un mercado de arte importante.

En cuanto a las recomendaciones, yo creo que la primera es comprar lo que le gusta al coleccionista, no dejarse guiar por el afán de lucro. El lucro viene sólo, si la colección es buena, pero no se compra arte especulando. Por lo menos un coleccionista auténtico compra porque siente visceralmente que puede convivir con ese arte y que ese arte le va a traer satisfacciones. Por supuesto, si compra obras de gran precio, es importante que se haya asesorado por profesionales, para no comprar una obra que ha sido momentáneamente llevada a niveles de precios altos y que algún día no va a valer ni el 10% de esto. No pretendo que el coleccionista sea un benefactor, pero si se hace asesorar bien, va a comprar bien y no va a tener problemas con los valores. No debe ser éste el motivo de la compra. El motivo de la compra debe ser apreciar el arte, buscar el arte, amar el arte.

CELIA S. DE BIRBRAGHER

Fundadora y directora de ArtNexus.

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