Exposición Individualjul 1999 - sept 1999· Por Victoria Verlichak

Carlos Gallardo

Art Museum of the Americas

Aunque las personas desplazadas de su lugar de origen son de todos los colores y de todos los continentes, los directivos de las cadenas de televisión han resuelto que los refugiados kosovares —por suerte para ellos— son más mediáticos que los demás. La CNN los muestra todos los días, especialmente a partir de los bombardeos de la OTAN a Yugoslavia. Claro, después de todo son mayormente blancos y también de ojos azules, a diferencia de los tutsis o hutus del África o los kurdos de Irak. De cualquier manera, la situación de los expatriados a la fuerza es uno de los problemas más desesperantes de este fin de siglo. Igualmente, los conflictos étnicos no son los únicos que generan una población trashumante, porque como bien puede verificarse en las ciudades de América Latina, por ejemplo, la economía de mercado expulsa de su tierra a más personas que los enfrentamientos bélicos regionales.

From Far Away (Desde lejos), la muestra que Carlos Gallardo presentó en el Art Museum of the Americas Gallery, en el edificio de la OEA en Washington D.C., pareciera abordar desde su experiencia personal una temática que gira precisamente en torno al extrañamiento, la identidad y la memoria. Al margen de las intenciones del artista, que argumenta en favor de una obra abierta, su trabajo remite al comentario social y político de estas cuestiones.

Exposición Individual: Carlos Gallardo — imagen 1
Carlos Gallardo. Memoria, 1993. Acrílico sobre lienzo. 154 x 108 cm.

Gallardo se gana la vida principalmente como escenógrafo de renombrados teatros y como vestuarista de compañías de todo el mundo. Acostumbrado, entonces, a desarrollar su trabajo en la grandiosidad de los escenarios, en espacios inmensos y con incontables elementos, es en su obra plástica que, apartado de lo espectacular, da paso a la intimidad.

Ahora Gallardo está lejos de Buenos Aires, donde nació en 1944. No es un dato menor que el artista, un buen día de mediados de la década de los años ochenta, haya decidido abandonar su exitosa carrera de diseñador gráfico, y a Argentina. "Tenía que hacer lo que quería; sí me quedaba, iba a terminar engordando y haciendo lo que querían los demás", dijo a ArtNexus. Desde entonces, se dedica a la pintura y vive y trabaja principalmente en Montreal, Canadá.

Las 15 obras de esta exposición, realizadas en ésta década, contienen rasgos comunes de concepción y temperamento que posibilitan un diálogo entre ellas: son potentes y sutiles objetos e imágenes que aparentemente parten de los caminos de su propia alma, de un debate interno que mantiene el artista y que no cesa. Desde hace años utiliza recuerdos, páginas de su correspondencia —sí, aquella que queda plasmada en delicadas hojas casi transparentes y que solía constituir una gran lectura antes de la invención y difusión del correo electrónico— y sus agendas, para construir un espacio de reflexión, pero también de ensoñación.

Todos los trabajos parecen atrapar algunos instantes, parte de una biografía. Pero los elementos utilizados —cartas personales, tarjetas postales, sobres dirigidos a él, retazos de fotografías— son tan sólo una excusa, un vehículo para inaugurar un territorio en donde lo privado cede su lugar a lo universal. A Gallardo le interesa en realidad que sea el espectador con su mirada el que decida proyectar su historia, fantasías, o la llamada realidad. Los tonos grises, azulados, sepias, blancos gastados que emplea, ¿aluden a los años de plomo de la Argentina dictatorial, al color de la Luna, al paso del tiempo, a la niñez extraviada, a la nostalgia y el cansancio del viaje?

Las pistas que sugieren sus trabajos sirven para disparar, antes que para clausurar pensamientos e ideas. Destiempos (205 x 188 x 10 cm), 1994, es una de las obras de la exposición que ilustra notablemente este espíritu. El artista selló 15 años de su historia con pesados tornillos. Así, los trabajos y los días detallados en sus agendas quedaron prisioneros para siempre entre el acrílico y el plomo que los encierra.

En el díptico Con-textual (160 x 224 cm), 1994, Gallardo armó un rompecabezas con trozos de cartas recibidas y enviadas. Los ángulos que se formaron en los cortes y coincidencias de los papeles, reforzados con pintura acrílica, aparecen como refugio, como abrigo de los sentimientos que brotan de los textos y que el espectador puede imaginar, pero no constatar. Las líneas que se tejen en los cruces de Consumirem exixtirem est, 1993 (188 x 131 cm), una de las pocas pinturas presentadas, se erigen en este caso como cornisas en las que deambulan los consumidores no representados, aquellos que sólo existen en tanto participen activamente en el intercambio que les propone el mercado. Una lectura cercana deja ver que los signos y palabras que se intuyen no son huellas del pasado, sino un presente en donde lo material se impone a lo espiritual. El artista enumera las etiquetas comerciales de prendas y objetos, nombra las tarjetas de crédito y las marcas de relojes y autos.

La infancia aparece como un umbral idealizado en los polípticos de Otros cielos, 1995. Abrazados, queridos, contenidos, disfrazados, desdibujados, los niños de estos trabajos surgen como promesa de futuro, pero también como testigos del pasado. La ausencia también es una presencia inevitable en esta imagen de la niñez a la que no se habrá de volver. La imposibilidad de un seguro retorno a la casa, la patria, es la experiencia cotidiana de todos los exiliados, económicos o políticos.

En la serie Evidencias, 1996, resuelta a partir de ocho cajas de plomo de 35 x 35 x 8 cm cada una, el juego de las contradicciones continúa. El ojo del que mira intenta retener en las obras lo que los materiales le niegan. Las piezas muestran una escritura apenas entrevista en fragmentos deslucidos, desteñidos, destruidos, de cartas, sobres, servilletas, fotos, aprisionadas con acrílico y cables de acero.

En los dos trabajos de Efímeros, 1996 (28 x 105 cm cada uno), el artista utilizó acero, acrílico, fotocopias, cartas, lápiz, plomo, plástico y manijas de fichero. Aquí también es posible verificar la importancia que Gallardo le otorga a los materiales y técnicas en la construcción de su obra, en donde se hace las preguntas primeras del ser humano: ¿qué?, ¿quién?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿por qué? son las cuestiones que también debe responder cualquier crónica periodística honesta. Las respuestas —¿existen?— presuntamente se encuentran dentro de archivos que no pueden abrirse. En ese sentido, el artista presenta otra contradicción de términos. ¿Qué es lo que plantea? ¿Un viaje profundo a lo esencial o un inventario de la más efímera actualidad?

 Las transparencias de los materiales sirven para velar; la escritura, para buscar; las cajas, para guardar. ¿La búsqueda se da por terminada y la ilusión por perdida? ¿No hay salida? Gallardo trabaja y aún confía.

VICTORIA VERLICHAK

Carlos Gallardo, por Victoria Verlichak | artnexus