Muchas veces es necesario alejarse considerablemente de un cuadro para poder apreciar todos sus elementos. Con la obra del pintor uruguayo Bruno Widmann es preciso adoptar esta actitud distante para poder contemplar la totalidad de lo que uno es, reconociendo desde arriba y penetrando bajo la óptica de un microscopio.
Asomarse para sorprender gestos inmersos, intrigantes y llenos de detalle es la sugerencia que se percibe en una muestra de alrededor de diez cuadros, pintados en acrílico sobre tela, reunidos en la Galería Praxis, Arte Internacional.
Su trabajo está cercano a la pintura del movimiento Cobra, formado por un grupo de artistas de Copenhague, Bruselas y Amsterdam, que en 1948 se caracterizaron por desarrollar pinceladas espontáneas, de rasgos infantiles y con una energía tosca. A diferencia de estos artistas, Widmann fusiona elementos del arte que rechazaba este grupo: el arte abstracto. En medio de chorreados finos y trazos libres se aprecian estructuras de tono constructivista.

Durante el recorrido se pueden enfocar los rostros que hormiguean y cuentan historias de momentos inescrutables. Con el color de la tierra y en las ciudades abstractas es donde fluyen las secuencias de estos relatos inconclusos, donde aparecen grupos de gente amontonada, afónica por la bruma de un secreto encantado.
Consecuentemente, el pintor presenta personajes que habitan espacios ilimitados, interiores y exteriores, en los cuales estos personajes se retratan con líneas insinuadas. Estos seres protagonizan una impresión brillante, en contraste con un plano casi siempre espeso y oculto.
La obra de Bruno Widmann se expresa en un continuo circular, donde uno también se sorprende, alrededor de aquellos planos gigantes.
Los títulos de las pinturas revelan imágenes particulares, que proponen el acto acrobático de brincar de escena a escena, reconociendo las sonrisas diminutas, las caras anónimas y las miradas neutras. La vida de aquellos incógnitos seguirá allí, a pesar de nuestra inspección microscópica. Widmann marca un ritmo vigoroso de silencios y murmuraciones de aquellos que suponen extravío. Con esta panorámica se descubre un paseo entusiasta, en el cual es posible lanzar esa gran mirada al mundo, siempre alerta en nuestro papel de espectadores imparciales.
La lente de Widmann es peculiar, encierra un juego que va de lo hermético a lo asombrosamente descubierto. Resulta divertido acceder a estas composiciones que proyectan la sutil proporción de un relieve aéreo.
MAYTE PAREDES
