A vueltas con los sentidos

Rosângela Rennó. Realismo fantástico, 1991-1994. Detalle de la instalación en la Galería IBEU-Modureña, 1994. Linternas mágicas rotativas coa negativos fotográficos. 190 x 20 x 20 cm. Colección Jimmy Belity.

Colectivajul 1999 - sept 1999· Por Alicia Murria

A vueltas con los sentidos

Casa de América

Bajo este título la Casa de América, en Madrid, ha presentado una exposición que aborda uno de los temas cuya presencia resulta rastreable en el arte actual. Ciertamente no son los cinco sentidos fundamentales de que disponemos para apreciar las artes plásticas a lo largo de la historia, ya que éstas se han dirigido casi exclusivamente a la visualidad; exactamente por esa razón cargada de lógica, se les denomina también hoy artes visuales, aunque, como en el caso del video, pongan en juego el sentido del oído de forma habitual.

La visión es el sentido privilegiado en nuestra cultura, el más higiénico también, y sobre todo el que mayor cantidad y más rápida información proporciona; el más seguro porque se ejerce a distancia, y la distancia es "protección" frente al otro, frente al mundo, frente a nosotros mismos; de ahí probablemente proceda la división (tan católica como protestante) entre emociones limpias, las del intelecto, y emociones sucias, las del cuerpo; pero cada época y cada cultura posee sus normas y jerarquías propias y cambiantes.

Pintura y escultura han utilizado los sentidos como tema o se han dirigido a ellos directamente, como ciertas carnes mórbidas de la escultura que invitan a ser tocadas, siendo sólo representación de.

Colectiva: A vueltas con los sentidos — imagen 1
Tomy Oursler. Bota, 1995. Video, proyector, reproductor, muñeca, tela y bota. 62 x 31 x 31 cm.

Hace unos pocos meses la Fundación Miró, de Barcelona, presentaba una excelente exposición titulada Voices (Voces), que giraba en torno a producciones artísticas donde la voz resultaba ser elemento clave, pero este tipo de exposiciones son una excepción. Nuestra cultura, me refiero a la racionalista cultura occidental, está acostumbrada a trazar una línea divisoria férrea entre las pulsiones físicas y la razón, pero el arte, una de cuyas misiones es subvertir todo tipo de barreras, socava también esta línea divisoria y se empeña de forma recurrente en implicarnos, a través de todo aquello que nos compone, en la experiencia estética.

Somos, ante todo, sentidos, pero estamos demasiado acostumbrados a esconderlos; aunque percibamos aquellas cosas que nos son fundamentales a través de ellos, socialmente se encuentran desacreditados y se repliegan al ámbito de lo privado; como elemento comunicador se les constriñe en ciertas formas aceptadas, y dentro de un repertorio muy corto. Podemos decir que huele muy bien una persona, pero sólo si nos referimos al perfume que lleva; podemos practicar el gusto en sociedad mientras comemos, pero bajo formas estrictas; tocar está admitido sólo para caricias leves, sólo oído y vista pueden ejercitarse en público plenamente, y ello también bajo ciertas normas: no mirar ciertas partes del cuerpo, no mirar "descaradamente", no escuchar lo que no se debe, es decir, aquello que no va dirigido a nosotros. Así sucesivamente, nuestros sentidos, desde la más tierna infancia, sufren una ejercitación negativa y constante de castración.

Colectiva: A vueltas con los sentidos — imagen 2
Valeska Soares. Amor extraño, 1996. Cera de abeja, bomba y perfume. 92 x 61 cm. Colección Juan Vergez.

La exposición, cuya curadora ha sido Estrella de Diego, reúne una serie de obras dirigidas a una apreciación que va más allá de la acostumbrada visualidad, pero el conjunto resulta en extremo desigual. Junto a piezas destacadas, otros trabajos son irrelevantes; incluso, alguno —como la fiesta inaugural donde la acción por parte del público de comer una escultura, realizada en gelatina y que representaba una figura humana— lleva el tema de la antropofagia al terreno de lo anecdótico e insustancial. Ver mezclados a artistas de extraordinario interés con trabajos como el performance de César Martínez no resulta especialmente estimulante. Sí lo son las grandes piezas de Ernesto Neto en tejidos elásticos, rellenos de diferentes productos cuyo olor inunda la sala, con formas contundentes que modifican la percepción del espacio. De Valeska Soares se exhibía una obra sutil y refinada, Strange Love (Amor extraño), una fuente de cera y perfume, que ya es la tercera vez que se muestra en Madrid. Nicola Constantino presentó sus trajes Peletería con piel humana, que afortunadamente no es tal: son vestidos cuya singularidad radica en que están realizados con silicona y cabello humano y cuyo estampado está constituido por pezones y anos (II): se trata de ese tipo de obras que llaman la atención (se han visto también en varias ediciones de la feria ARCO, donde eran muy fotografiadas) y poco más.

Colectiva: A vueltas con los sentidos — imagen 3
Ernesto Neto. Vórtice Ogum Tempo, 1999. Instalación. Dimensiones variables

En cuanto a Nazareth Pacheco, su pieza (un vestido tejido con cuchillas de afeitar que remite tanto al viejo refrán "Para presumir hay que sufrir", que desde siempre se nos ha repetido a las mujeres, como también la idea de que el amor siempre hará sufrir) resulta ser una estimable variación de la tradición de la utilización de materiales y procesos domésticos, como tejer o coser, por parte del arte hecho por mujeres, que hemos podido ver en abundancia durante la última década, casi hasta su banalización. El sonido y la voz están muy bien representados, en primer lugar, por la obra de Tomy Oursler, con su conocida y magnífica Bota, pisando una pequeña cabeza parlante que desgrana una especie de letanía sentimental, y cuyo autor es, sin duda, una de las figuras más consistentes del actual panorama artístico. También el sonido es parte fundamental, con la concurrencia de la acción del espectador, en la obra de José Antonio Hernández-Díez, un artista inteligente y enigmático. Lisa Ludwig, con Tierra y paraíso —unas tartas en azúcar negro cuidadosamente elaboradas— aporta una buena dosis de ironía respecto a la educación doméstica de las mujeres, a la que se alude mediante un fragmento de un antiguo recetario de cocina y buenos modales.

Yishai Jusidman ha realizado una instalación a base de esferas que deforman unos rostros de resultado inquietante; mediante la pintura crea efectos distorsionadores que parecen inspirados directamente por las posibilidades de la computadora. Otra obra de interés es la que ha presentado Rossângela Rennó, una gran instalación con proyecciones luminosas cuyas figuras móviles, en negativo, evocan personajes salidos del sueño o la pesadilla, y que son proyectadas a semejanza de la antigua técnica de las linternas mágicas.

Se trata de una exposición con un tema muy sugerente pero que, desde nuestro punto de vista, se ha decantado hacia trabajos en exceso superficiales y efectistas; reconozcamos también que no era fácil la elección.

ALICIA MURRIA

A vueltas con los sentidos, por Alicia Murria | artnexus