Exposición Individualabr 1999 - jun 1999· Por Marta Rodríguez

Teresa Sánchez

Galería Diners

Teresa Sánchez es una artista samaria que desde comienzos de la década de los años sesenta ha venido adelantando un trabajo escultórico que en sus comienzos mantenía una fuerte vinculación con la pintura, en la medida que sus primeros trabajos se realizaban con madera policromada y se concebían para ser colocados sobre la pared, a la manera de una obra bidimensional, hasta llegar a ser, con el transcurso del tiempo, una obra eminentemente tridimensional que en algunas ocasiones mantiene una estrecha vinculación con el muro y el piso.

Las diversas piezas de Teresa Sánchez, exhibidas en la Galería Diners durante los meses de noviembre y diciembre, nos ponen en contacto con la esencia de las formas puras que subyacen en el complejo y variado mundo natural; esta esencialidad cobra realidad en los objetos de madera fina y cuidadosamente tallada y pulida que, como anota Germán Rubiano, curador de la muestra, una vez que son percibidos con el sentido de la vista, invitan de inmediato a ser reconocidos por el del tacto, incitan a ser manipulados y acariciados, en virtud de la delicadeza de sus formas y la riqueza de sus superficies, que respetan ante todo la naturaleza del material utilizado, maderas y metales.

Exposición Individual: Teresa Sánchez — imagen 1
Teresa Sánchez. Fósil II, 1997. Madera y arena. 45,5 x 9.4 x 10 cm.

El trabajo de Teresa Sánchez tiene una gran capacidad de evocación. Por una parte, resulta evidente la presencia del mundo natural, que es el que la escultora toma como punto de partida para su producción, por ejemplo, algunas obras como Guama, Fruta, Níspero aluden explícitamente el orden que guardan las semillas de un fruto; en ellas se destacan los ejes de simetría y los contrastes de unas formas armónicas y perfectas que se resuelven bordeando el lenguaje de la geometría pura, como es el caso de Níspero III, elaborada en aluminio y bronce, en la que se manejan formas circulares perfectas, o en otras se alude al ritmo de las escamas sobre el dinámico cuerpo de un pez; tal es el caso de Escamas y Barracuda; en la obra titulada Pájaro se evocan las ondulaciones propias del cuerpo de las aves, que en esta obra cobran una levedad próxima a la suave caída de una hoja. Pero, así mismo, la actitud que adopta Teresa Sánchez ante la naturaleza, y en su procedimiento artístico, lleva tras de sí las huellas de lo que ha sido la historia del arte del siglo XX.

La forma de las piezas de Teresa Sánchez lleva la impronta de la escultura moderna, por su limpieza, por la máxima economía de sus elementos; de alguna manera, en ellas se realiza aquella famosa frase menos es más; esta austeridad minimalista puede percibirse en algunas piezas tan esenciales y parcas como Almeja, en la que se conforma, a través de la talla, un óvalo perfecto en el que se destacan el rojo y las vetas del nazareno, que delicadamente contrastan con un delgado borde blanco trabajado en marfil. Esta pureza formal es ostensible en las obras que se adosan a la pared —Gran Espina y Óvalo—, en las que se combinan la claridad del marfil con el tono más oscuro del nogal; la primera no es más que una línea ligeramente curva y alongada cuyo volumen se adelgaza hacia la punta; la segunda, como lo Indica su título, da lugar a un óvalo muy cerrado que se interrumpe en el extremo superior con una gran delicadeza que evoca piezas atávicas y delicados trabajos procedentes de culturas primitivas que a la manera de modelos han hecho posible la estética y el lenguaje del arte moderno. Algo similar ocurre con uno de los trabajos más destacados de este conjunto, Sin título, que consiste en una pieza alargada realizada en madera de marfil, que reposa sobre dos soportes de hierro, que sirvió como portada del catálogo. En esta obra, con una gran simplicidad, se evoca la esencialidad de la naturaleza, y también puede aludir a algún tipo de herramienta u objeto útil, provisto de gran belleza y simplicidad.

Como decíamos, estas obras de Teresa Sánchez mantienen un profundo respeto por el oficio y el material utilizado; ellas destacan la calidez de la madera, dejan ver el orden de su vetas y, sobre todo, sorprenden por la finura de sus superficies y la delicadeza de sus formas, y hablan con respeto del laborioso oficio manual que implica la talla en madera. Teniendo en cuenta estas características, las distintas piezas se dispusieron con igual cuidado en el espacio de la sala, de manera que cada una de ellas podía apreciarse en toda su dimensión, al mismo tiempo que el recorrido deparaba gratas sorpresas en el momento en el que la mirada, después de reconocer objetos pequeños colocados sobre bases de madera blancas, pasaba a descubrir piezas de mayor tamaño, colocadas sobre la pared.

MARTA RODRÍGUEZ

Teresa Sánchez, por Marta Rodríguez | artnexus