Bajo la dirección de Elín Luque y junto con exposiciones de pintura y escultura, el Departamento de Bellas Artes de Casa Lamm se ha aventurado en otros terrenos tales como las obras basadas en fotografías y en lo conceptual, como sucedió con la reciente exposición titulada Talleres. Curada por Jaime Ashida, el director de la Galería Arena México: Arte Contemporáneo, con sede en Guadalajara, y coordinada con Elín Luque, esta exposición es un proyecto de medios mixtos en el cual colaboraron once artistas contemporáneos, el Taller de Cerámica Contemporánea bajo la dirección de Noé Suro, y el Taller Mexicano de Gobelinos, dirigido por Carlos Ashida.
Los artistas Marco Arce, Fernanda Brunet, Eduardo Cervantes, Gil García, Peter Glassford, Thomas Glassford, Silvia Gruner, Diego Medina, Luis Miguel Suro y Robert Turnbull ejecutaron diversas propuestas en materiales tales como acrílico, arcilla, fibra de vidrio, plomo, plásticos, madera y fibras, en colaboración con artesanos versados tanto en los materiales más tradicionales, como en los más contemporáneos.

El área metropolitana de Guadalajara, uno de los centros industriales y manufactureros más importantes de México, alberga todavía una fina tradición en cuanto a producción de artesanías. Entre los sitios más sobresalientes están los pueblos de Tlaquepaque y Tonalá, en donde la persistencia e innovación de las artesanías tradicionales son claves económica y culturalmente. Talleres reúne el conocimiento y la práctica de estas tradiciones y, al hacerlo, nos trae a la mente toda una gama de temas pertenecientes a las llamadas artes mayores y a las expresiones populares, entre la ejecución del trabajo manufacturado, el hecho a mano y la confección; entre el original y sus repeticiones.
Robert Turnbull y Silvia Gruner hicieron que el Taller Mexicano de Gobelinos produjera tapices basados en sus obras. Colonia Roma, de Turnbull, basada en una pintura o dibujo en una gama de morados, grises y rojos y soberbiamente ejecutada, tenía una cualidad decorativa más bien plana, aunque agradable. Pudo haber ocurrido que el bosquejo del gobelino, como ha sucedido con muchos artistas, fuera mucho más interesante y complejo que la pieza resultante. De otra parte, la obra de Gruner se basó en una serie de trabajos fotográficos con base en procesos, titulados Natura/Cultura (1996). El carácter icónico de la serie, como lo resaltó el crítico Oswaldo Sánchez, tiene una cualidad ascética y críptica; está bien enfocado y en primer plano, sin ninguna otra mediación. La interpretación de Sánchez podría explicar por qué se trasladaron tan hermosamente a los medios tradicionales. Las imágenes tipo inventario de los gobelinos Natura/Cultura—una cuchara y una pequeña pata de iguana atadas con una cinta roja, resaltadas en tonos de plateado y gris metálico contra colores hueso, sepias pálidos y beiges— adquieren su propia individualidad como textiles y textos visuales en términos que ya no están configurados por las obras en las cuales se basaron.
Otra representación que sobresalió, en sus propios términos, fue la tradicional artesanía en cerámica del tema del autogol, actualmente tratado por Thomas Glassford, y en el cual ha trabajado por años en diferentes materiales y a diferentes escalas. El autogol se refiere a un partido de fútbol en el cual un jugador anota, por error, un gol contra su propio equipo. Formalmente, como lo han anotado numerosos críticos, el calabazo o jícaro se refiere a diferentes niveles del cuerpo y de la cultura: sexualidad, cambio, migraciones. Para Talleres, hábiles ceramistas interpretaron el narcisista autogol en varios patrones florales y arabescos tradicionales y en diversos esquemas de color de inspiración popular, como el amarillo y el anaranjado pálido, tintes de azul estilo talavera, múltiples rosados y amarillos.
En una obra de otro artista que trabaja con materiales experimentales sobresale una imagen más cotidiana. Gabriel Kuri produjo en fibra de vidrio una escultura de un chicharrón que fue expuesto en una caja de vidrio. Doy fe recordaba los arreglos populares de delicias culinarias en los mercados al aire libre, y representa también otros esfuerzos artísticos de pop art inspirados en la comida. Aunque es un artista de una sola línea, la pieza de Kuri era aguda y humorística, y logró inscribirse en la tradición de artistas, desde Joseph Beuys y Jesse Amado hasta José Antonio Hernández Diez, que utilizan la grasa animal como un material cargado de metáforas.
Los aspectos fundamentales del arte moderno y sus relaciones con las tradiciones populares, así como los contextos socioculturales todavía necesitan ser reconsiderados como algo más que impulsos premodernistas y fábulas con folclore. Hasta hace poco, los artistas eran enmarcados dentro de las fuentes en las cuales se inspiraban y el espíritu que reavivaban. Kasimir Malevich, por ejemplo, es un caso en el cual el juicio o la crítica funcionaron teleológicamente; concretamente, él llevó sus relaciones con la cultura popular a otro nivel, al de las bellas artes.
Junto con temas que pertenecen a la cultura popular, el desdeño de la mistificación del kitsch y otras expresiones de cultura masiva en la discusión modernismo/postmodernismo todavía merecen atención. Esto es particularmente relevante para las culturas que se caracterizan por la yuxtaposición y estratificación de diversas cronologías resultantes de la negociación y la representación de la modernidad y la postmodernidad. Algo reconfortante con respecto a Talleres es la forma cómo algunos de los artistas han manejado estos temas en un tono humorístico, irónico y crítico, sin que la obra sufra de un exceso de significado y dificultad.
Lo que es evidente en Talleres es no sólo la imitación de especificidades y procesos relacionados con la tradición de la artesanía y las artes decorativas; igualmente interesante es la forma cómo estas estrategias y colaboraciones son una expresión y/o índice cultural de la globalización que cuestiona los binarios de alto y bajo, bellas artes y artes populares, moderno y postmoderno, bueno y malo, local y global.
VÍCTOR ZAMUDIO TAYLOR

