Recurriendo a una vasta selección de artistas y materiales, Ruido presenta a un fuerte grupo de artistas emergentes que son capaces de mezclar diversión con concepto y ruido con imágenes. A pesar de lo que el título sugiere, no todas las obras de esta exposición eran ruidosas porque sí, pero lo que sí implica el título es que todas tenían algo que decir enérgicamente.
Entre las instalaciones más ambiciosas estaba Black Hole (Takes) Blue Hole (Gives), de Vargas-Suárez Universal. Este equipo creó un ambiente especial en un rincón de una galería. Sobre las dos paredes había dibujos lineales abstractos que insinuaban un tipo de espacio o el trazado de ondas de sonido, lo cual se aumentaba con una especie de mezcla ambiental que el espectador era estimulado a escuchar mientras permanecía sentado en un cojín relleno de cuentas de poliestireno. La noción de sinestesia o la correspondencia entre vista y sonidos se actualiza de modo fascinante con esta obra.
Otra instalación fuerte era la de Juana Valdés, titulada Take a Second of Me, que incluía un video de la artista en el baño, proyectado sobre una pared de franjas verticales de tonos café. Esta "pantalla" minimalista representa un corte transversal de la pigmentación de la piel, y la coloración oscura de la propia piel de Valdés contrasta eficazmente con el blanco extraordinario del jabón y de las baldosas del baño. En una ingeniosa referencia a las clásicas formas modernistas, las baldosas del baño forman una compleja cuadrícula que contrarresta los planos verticales pintados en la pared.
Probablemente uno de los artistas más conocidos de la exposición es el puertorriqueño Arnaldo Morales, cuyas esculturas industriales aluden al poder de la máquina, mientras lo subvierten de manera divertida. La amenaza que estas piezas interactivas suponen, combinada con los sonidos burdos y los efectos electrónicos que emiten, traen a la mente varios artefactos de un futuro apocalíptico o una versión actualizada de la tradición de hacer percusión con tarros de aceite o baldes de plástico. Sin embargo, en otra galería, las construcciones con tela, los relieves, las cremalleras y las campanas de la obra de Anaida Hernández ofrecen un contrapunto más silencioso que aquel de las máquinas de Morales. Estas son algunas de las obras menos atrevidas aunque con un significado intrínseco dentro del contexto de la muestra.
La estética de la calle, tan explotada anteriormente, hasta el punto del empobrecimiento, durante la década de los ochenta, evidentemente no ha muerto. Funk Taxi 1533 —otro grupo de artistas jóvenes—creó una instalación ruinosa y atrevida, en la cual se equiparon taxis estrellados y bifurcados con aparatos de televisión y equipos de sonido. A partir de la combinación del video arte, de la instalación escultórica y de la utilización de los desperdicios urbanos, Funk Taxi 1533 ha logrado fusionar algunas de las preocupaciones más importantes del mundo del arte en la actualidad. Sin embargo, hay algo en los cuerpos destrozados de los automóviles y las imágenes disconexas del video, que le agrega una nostálgica cualidad a una pieza tan corriente.
Las Boom Paintings de Nadine Robinson, que incorporan parlantes a sus superficies visuales, le dan una nueva dimensión a una vieja forma de arte. Entre bastidores, la obra es conectada a un tocadiscos, de tal forma que las pinturas tocan música para el "espectador". En cierta forma, esto se relaciona con los Combines de Rauschenberg, quien utilizaba radios, o con las esculturas musicales de Vito Acconci, pero hay más ingenio en las selecciones musicales que ofrece Robinson, y la utilización deliberada de discos de vinilo en esta era digital provoca de nuevo una sensación de época con respecto a las obras.
Cuando se le preguntó cómo determinó el concepto para esta exposición, la curadora, Jasmine Ramírez, contestó que ella simplemente vio qué se está produciendo actualmente. Si eso es así, entonces en Nueva York, al menos, hay una gama de convincentes artistas internacionales que están encontrando expresiones innovadoras, a partir de la utilización del sonido y la urbanidad como sus musas.
JOHN ANGELINE

