Exposición Individualabr 1999 - jun 1999· Por Graciela Kartofel

Pablo Helguera

Galería Leonora Vega

Una instalación puede dar una amplia esfera de percepciones. En ocasiones, rodeando al espectador, algunas veces interfiriendo con el espacio del visitante; otras, creando un método significativo para resaltar la alienación y, en algunas situaciones, para insinuar soledad o angustia. Después de años de ver el arte principalmente como una obra tras otra, actualmente se puede percibir la vivacidad de algunas exposiciones en donde el arte es un conjunto aunque la mayoría de las piezas se vendan una por una, pero en la galería se refuerzan unas a otras, en una unión que no necesariamente ocurre en un museo, una oficina o una casa.

La exposición de Pablo Helguera en la Galería Leonora Vega es el ejemplo perfecto de la alusión anterior. La abundancia de oferta y su contrapunto, la reducción de resultados y emociones en la arena estética, señalan algunas de las exposiciones que tienen un buen nivel creativo personal y acogen al espectador con algunas ofertas emocionales. Helguera nos permite retornar a la niñez, una faceta en el tiempo cuando las fantasías pueden absorber a la persona por uno o muchos días, sólo para ser interrumpida por el urgente llamado de los padres y las principales tareas cotidianas.

Los sueños operáticos de Helguera, el nivel de luz en el cual fue presentada la exposición, y las partes constitutivas del todo, podían enmarcarse como si estuvieran en el mundo maravilloso de Enrico Caruso en el País de las Maravillas. Sobra decir cuánto ama el artista el mundo de la ópera, y las fantásticas invenciones que crean un universo de aparentes mentiras; son deliciosas fantasías que le permiten crear y mantener un nivel de juego adulto.

Un artista que fantasea acerca de las voces del cantante, el filósofo, el escritor... Y la voz del vino, el incitador de color sangre que habla de transmutaciones maravillosas e increíbles a través de hombres y mujeres. Técnicamente hablando, las exposiciones consistían en objetos de cerámica y cabezas esculpidas, algunas de ellas montadas sobre estructuras y envueltas en tela: conexiones eléctricas, música, instrumentos musicales, una edición de botellas de vino con grabados en lugar de las etiquetas normales, algunas fotografías, collage y un conjunto de objetos.

Exposición Individual: Pablo Helguera — imagen 1
Pablo Helguera. Vista general de la instalación con pianola, botellas y demás objetos. 1998. Dimensiones variables.

¿Cómo representa un artista visual el sonido de la voz, si no es poniendo música? Pablo Helguera descubrió que enormes cabezas con la boca bien abierta podían transmitir la experiencia del sonido mediante la luz. Al salir de la garganta, la bombilla da la cálida sensación de un sonido musical bajo y profundo: bombillas amarillas, rojas y azules que salen de las humanas cavernas de las cabezas de cerámica están cantando ópera, algunas envueltas en lienzos negros, otras simplemente puestas allí. Entretanto, la pianola sostiene las botellas con diseño de vid de filosófico vino, y el artista se retrata a sí mismo en una consumada historia apócrifa del gran Helguerazi.

GRACIELA KARTOFEL

Pablo Helguera, por Graciela Kartofel | artnexus