Por esta época, las exposiciones que buscan situar el modernismo en fuentes antiguas o no occidentales (usualmente rotuladas como "arte primitivo") se han vuelto tan comunes, que se ha desarrollado una extensa literatura sobre esta práctica, y raras veces las nuevas exploraciones en esta veta producen algo nuevo. Con demasiada frecuencia, el diálogo entre primitivo y moderno es unilateral, usualmente (aunque no siempre) favoreciendo lo moderno y utilizando las viejas obras como fuentes y anticipaciones de un arte que sus autores nunca tuvieron en mente. En muchísimos casos, la antigua obra de arte indígena es justificada y se considera de interés sólo en cuanto sirvió de inspiración a algunas obras europeas del siglo XX, o se asemeja a ellas, y las conexiones entre las dos rara vez trascienden lo superficial.

Con esto en mente, North and South Connected logró, en muchas formas, colocarse por encima de la norma para este tipo de exposición. El curador, César Paternosto—también artista activo—, reunió un pequeño pero convincente grupo de obras en las cuales pueden observarse muchos intereses. Paternosto, como artista, se ha inspirado mucho en la arquitectura y las artes textiles del período del medio horizonte (500-800 d.C.) del Perú, tanto por las complejidades de su construcción física como por los motivos geométricos que presentan. Paternosto ha trabajado mucho sobre este arte y ve estos patrones llenos de significado, relacionados tanto con símbolos sagrados como arquitectura sagrada. Al decidir ver estas abstracciones geométricas como algo más que simples recursos formales, Paternosto puede hacer conexiones con el arte moderno, que superan lo puramente estético y buscan un entendimiento más profundo.

A Joaquín Torres-García se le dio, por supuesto, una especie de puesto de honor. A pesar de que su arte y el de los miembros de su Taller se ha exhibido mucho recientemente, las obras seleccionadas aquí parecían frescas y en su elemento. Con demasiada frecuencia se ve a Torres-García en relación con el cubismo y la escuela de París. Esta exposición le permitió al espectador ver realmente los aspectos indígenas sudamericanos que él incorporó a su arte, de tal forma que una obra como Physique, de 1929, se interpreta, ante todo, como una abstracción de Nasca o una representación de la arquitectura incaica, y sólo finalmente como una composición derivada del cubismo. De igual forma, la inclusión de Pictograph, obra de Adolf Gottlieb de 1944, hace más rígida la conexión entre Torres-García y Gottlieb, y, en consecuencia, entre este último y el arte mesoamericano. Este aspecto del arte de Gottlieb nunca había sido tan vivido y evidente.

Algunos de los aspectos más fuertes de la exposición radicaban en artistas a quienes la literatura conecta menos frecuentemente con el arte precolombino. Los artistas sobresalientes de este caso son Josef y Anni Albers. A pesar de que sus viajes a Centroamérica y Suramérica fueron numerosos y bien documentados, su arte todavía es visto sistemáticamente como una extensión del funcionalismo geométrico del tecnocrático Bauhaus. El ver sus obras junto a estos tapices más antiguos y conectar sus formas con la mampostería en piedra de los incas le agrega una nueva dimensión a la forma de considerar su arte. Igualmente, Magic 4, de Alfred Jensen, y Dawn Column III, de Louise Nevelson, vistas en este contexto, nos brindan una forma adicional de considerar a artistas cuyas obras, aparentemente, habían sido etiquetadas y clasificadas hace un tiempo.
Paternosto logró una sofisticada exposición que satisface simultáneamente muchas necesidades. Planteó un fuerte y visualmente enriquecedor punto de vista del papel que las artes textiles y la arquitectura de regiones como Perú y México jugaron en una dispar gama de artistas modernos. También le ha dado nueva luz y entendimiento a la forma como podemos interpretar y apreciar el arte antiguo. En esta forma, podemos realmente delinear el curso de resonancias compartidas entre las obras, en lugar de contar una simple historia de causa y efecto. Al incluir también artistas contemporáneos de Latinoamérica, vemos cómo los diálogos tampoco son unidireccionales. Además, llegamos a ver un conjunto de obras de arte que tiene vínculos con el arte indígena de las Américas, y que no está tratando de parecer naïf ni de apropiarse de una estética folk.
Esta exploración de tendencias relacionadas es lo que permite muchas interconexiones y referencias que no dependen estrictamente de técnicas compartidas o de apariencias. Paternosto ha ido más allá de presentar un caso de imitación intergeneracional para llegar realmente al espíritu que inspira la obra.
JOHN ANGELINE

