El arraigo es un rasgo distintivo en todo el arte de Maribel Pórtela. Sus cerámicas son una fusión de tierra y fuego, vida y muerte, mitos prehispánicos y occidentales. Para una mujer con un fuerte vínculo con la tierra —criada en una cultura que celebra la muerte como otro rito de pasaje— la cerámica y la escultura, el pasado y el presente, van de la mano.
En su instalación Al averno, o Las puertas falsas hacia la muerte, presentada recientemente en Toronto en el George Gardiner Museum of Ceramic Art, la travesía entre dos mundos sobresale como su primera marca artística, pero ella ha presentado otras opciones para que las veamos. Las 300 figuras humanas de su representación, ninguna de las cuales es más grande que un puño, fuerzan al espectador a encarar la muerte como una transición y, desde luego, no como el fin de esta preciosa vida.
Como si eso no fuera de por sí un gran logro, la artista manifestó también la generosidad de su talento de una manera poco usual. Siguiendo una antigua tradición mexicana en la cual las ofrendas a los muertos se les obsequian a quienes van a visitarlos, la artista hizo lo mismo. "Este es un ofrecimiento a los muertos, pero también a los vivos", señaló. Y así, en la noche de clausura, más de 200 personas que asistieron regresaron a sus casas con un recuerdo de la instalación.
Maribel Pórtela (nacida en Ciudad de México en 1960) se ha dado a conocer como una destacada ceramista contemporánea debido a su humorístico sentido del medio, al insólito formato del cual es partidaria (la instalación) y a los cruces que hace entre la imaginación individual y la popular. En su opinión, la cerámica es un medio inculcado en nuestra vida, incluso antes de nacer. "La gente vivía rodeada de utensilios de cerámica se le enterraba con ellos y sólo recientemente, cuando el plástico y otros materiales sintéticos han llegado a controlarlo todo, apreciamos el valor de los objetos hechos a mano, el barro cocido, la escultura hecha en cerámica."
La escultura de Pórtela ilumina aspectos de una antigua tradición, que antes no eran visibles. Por ejemplo, el hecho de que el nacimiento de la escultura como concepto moderno se logró mediante la utilización de la arcilla por parte de artistas como Auguste Rodin, quien creaba prototipos en arcilla y luego los trasladaba al bronce. Fue lo tangible del material lo que llevó la escultura del tallado al modelado, haciendo de la cerámica el medio preferido por los escultores al terminar el siglo.
En su inmediatez, su divertido carácter y simbolismo, las pequeñas piezas que componen su instalación tienen más en común con el estilo prehispánico de la escultura en cerámica. Con mucha frecuencia, Pórtela reinterpretó las características cabezas mayas con voluminosas orejas, o creó figuras con cabezas afeitadas y hombros cuadrados, típicas de las culturas occidentales de México. Su elección formal le da la materia prima para su inspiración. El acto de traducir esas formas en una narrativa que no siempre coincide con los valores occidentales ofrece una moraleja para la sociedad contemporánea: abrazar la muerte es parte de un ciclo universal.
Las puertas falsas hacia la muerte se abrió al público el 1o de noviembre, coincidiendo con el Día de los Muertos, una celebración popular que sobrevivió a la conquista de México, fusionándose con valores cristianos. Empleando arcilla de la región de Zacatecas en México, conocida por su maleabilidad y resistencia, Maribel Pórtela creó las figuras una por una. Cada una fue cuidadosamente trabajada, mostrando incluso los más mínimos detalles, como rasgos faciales, dedos y genitales. Después de quemarlas a 1.000 grados, Pórtela las ahumó arbitrariamente con astillas de pino para acentuar el color tierra de la arcilla.

"Quería crear una alegoría para las muchas formas como se siente la gente con relación a la muerte, el temor de su propia muerte, el deseo de una forma ideal de morir. Las puertas falsas se refieren a la negación de la muerte como la plantea nuestra sociedad, que me parece está hipócritamente interesada en preservar la vida, cuando realmente engendra sufrimiento y dolor haciendo la guerra, contaminando, ejerciendo opresión política, etc", dijo la artista durante su presentación el día de la apertura.
En efecto, la obra llevaba al espectador a las diversas etapas de la muerte. Un camino de arena en forma de serpiente, símbolo del tiempo en las civilizaciones antiguas, llevaba al cuerpo más grande de la instalación, arreglado en forma de semicírculo. Sobre el camino había docenas de pies huecos, con alas en los tobillos que, simbólicamente, llevan a los muertos en su viaje al averno. La primera puerta al final del sendero estaba custodiada por tres figuras con rasgos andróginos, que esperaban a los recién llegados. A partir de esta puerta, varias columnas de muertos caminaban hacia el centro; algunos avanzaban con sus pies o con sus rodillas, otros se arrastraban a través de la necrópolis.
En una de las vías había varias barcazas dentro de cada una de las cuales se encontraba una figura en actitud de descanso. "Estos son los muertos que fueron perezosos en vida y, por lo tanto, no podían caminar con sus propios pies". En el extremo derecho se encontraba un camino con medios torsos, miembros y cabezas con la lengua afuera, "de gentes que murieron en accidentes aéreos o automovilísticos, con sus cuerpos inevitablemente desmembrados", explicó Pórtela.
En el centro de la instalación había un montículo de arena cubierto de cráneos y fémures. Era el destino final, en donde todos los muertos se reúnen en la eternidad. Según la tradición prehispánica, los muertos vendrán desde allí para visitar a sus parientes vivos una vez al año, el Día de Todos los Santos, para compartir los placeres terrenales que alguna vez conocieron. Su regreso eterno es posible gracias a las invocaciones hechas por los vivos durante su corto tiempo en el mundo.
Al mirar la instalación y salir del museo con algunas piezas, uno sentía la ligereza de nuestra condición como seres vivos. La comprensión de que la vida no es la única etapa del ser, y que la muerte tiene un papel más activo en la formación del universo, venía a la mente. La muerte tiene en nuestra existencia más importancia de lo que admitimos; su papel es darle forma a nuestros rituales y a nuestra cultura en formas más aceptables de lo que imaginamos.
JOSÉ SPRINGER
