Exposición Individualabr 1999 - jun 1999· Por Cristopher Miles

Los Carpinteros

Galería Iturralde

Alexandre Arrechea, Marco Castillo y Dagoberto Rodríguez, los tres jóvenes artistas cubanos que conforman el grupo de colaboradores conocido como Los Carpinteros, con sede en La Habana, fueron bautizados así por la gente de esta capital, que vio la facilidad de este trío para construir complejas obras esculturales en madera. Dichas construcciones son el centro de esta exposición.

Operando en un plano que es una especie de payasada, una obra titulada La siesta consiste en una mecedora sobre la cual se ha colocado un montón de mullidos cojines blancos. En manos de Los Carpinteros, sin embargo, lo que parecería ser un escenario para el lujo y el ocio se convierte en un juego de frustración y negación. Un cojín sería un ofrecimiento de confort; dos, sugerirían gran hospitalidad, y tres, a la vez que prometerían un mullido descanso, serían más de lo que alguien pudiera esperar, pero aquí la silla está atiborrada con veinte cojines que llegan tan alto que el último de ellos roza el techo de la galería. La obra es ingeniosa si se hace una rápida interpretación —claramente absurda—: juega con nuestros deseos, matándolos con amabilidad. Sin embargo, la pieza también está abierta a diversas interpretaciones en un nivel más profundo de comentario social, revelando tal vez las consecuencias futuras para las personas hambrientas de placer, que logran realmente cumplir sus más desenfrenados deseos; o sugiriendo un sistema de producción y distribución ridículamente disfuncional, con un excedente de lo suplementario y una escasez de lo esencial.

Exposición Individual: Los Carpinteros — imagen 1
Los Carpinteros. Gavetón, 1998. Madera y archivador. 150 x 38 x 258 cm.

Nuevamente, siguiendo con el absurdo, en la obra Gavetón los artistas despliegan la clásica broma del objeto que emerge de un recipiente demasiado pequeño como para que alguna vez hubiera estado guardado ahí. En este caso, Arrechea, Castillo y Rodríguez reemplazaron uno de los cajones de un archivador institucional de acero que parece ser un híbrido entre una gaveta de un archivador y una caja de herramientas de carpintería hecha a mano, en pino, que sale del archivador; esta especie de gaveta es varios pies más larga que la profundidad del archivador, y parece como si se prolongara infinitamente. De nuevo, el chiste provoca una risita, pero ofrece la posibilidad de una interpretación más compleja que incluye las divisiones del trabajo, la burocracia y la brecha entre las instituciones y la gente a la cual atienden.

Asociaciones más oscuras y surrealistas nos vienen a la mente al ver obras como 150.230  cm3 de oscuridad, un modelo de faro de casi cuatro metros de alto. Sin embargo, el faro no ofrece ninguna señal, sino una superficie cubierta con diminutas puertas de gabinetes, detrás de las cuales no nos espera más que el volumen de vacío y oscuridad al que se refiere el título. Esta curiosa fusión de compartimentalización, medida y desolación continúa en un trabajo mural titulado Colibrí devorando a Europa, en el cual un gran colibrí de madera, hecho también en su totalidad de compartimientos similares a armarios, parece jalar de la cuerda de una rígida espiral rectilínea estirada y medida con precisión sobre el muro.

Entretanto, una serie de dibujos del tamaño de la pared parecen diseños o diagramas mecánicos de un folleto de instrucciones, pero dentro de ellos pasan juegos con lenguaje y códigos visuales que concuerdan directamente con las esculturales obras. A primera vista, las líneas que trazan la forma de una máquina de coser parecen puntadas que salieran de la máquina misma: un ingenioso juego sobre la autodefinición, mientras nos llega una sensación más molesta del diagrama de un tanque sobre el cual las partes más mundanas están rotuladas en inglés, y las peligrosas, en español.

Innegablemente, una de las exposiciones más imponentes de esta galería en épocas recientes, ésta, la primera de Los Carpinteros en Los Ángeles, demuestra claramente que mientras las habilidades de Arrechea, Castillo y Rodríguez como carpinteros son admirables, tales habilidades sirven sólo para facilitar el proyecto de construcción más grande del grupo, el de construir significado. En el balance de 50/50 de forma y contenido, Los Carpinteros dan cien por ciento de los dos.

CHRISTOPHER MILES

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