Freda Sargent es una artista que nació en Londres, realizó estudios de arte en su ciudad natal y en París, y se encuentra radicada en Bogotá hace ya varios años; en 1970 comienza a mostrar su trabajo en Colombia, y desde entonces se la conoce a través de sus acuarelas, pinturas, dibujos y terracotas que ha expuesto en distintos lugares del país y del exterior. Los trabajos que exhibió durante los meses de noviembre y diciembre en la Galería Diners giran en torno a dos temas, Piso del bosque y Wuthering Heights (Cumbres borrascosas). En la primera serie, a pesar de la presencia de flores y plantas que nos remiten al mundo objetual, se percibe una cierta afinidad con la abstracción, mientras que en la segunda, desde el título mismo, se hace evidente la presencia de una historia, de una narración, pero, tanto en la una como en la otra, se reconoce la presencia de una sensibilidad muy peculiar en el manejo del color y la pincelada, cualidad que ha sido una constante en la obra de Freda Sargent.

La muestra se inicia con una pintura de gran formato en la que aparece, a la izquierda del cuadro, la mano de una mujer; es la mano de la pintora, que parece estar sobre una mesa en la que reposan distintos objetos, los objetos cotidianos que la rodean; en la parte superior del cuadro emerge una flor blanca, y cerca de ella se encuentra una mirla negra con la que se simboliza la ciudad de Bogotá, donde abunda esta especie de ave. Estos elementos figurativos se ubican sobre el plano de la tela, sin que exista ninguna alusión a la perspectiva; se trata de un espacio plano eminentemente pictórico, y cada una de las figuras están trabajadas con un pincelada rápida, ágil, que no se detiene en ningún detalle, sino que, a través del color, ubica en el plano los elementos precisos que nos permiten comprender el sentido de esta muestra en la que Freda Sargent, con un tono intimista, rememora hechos significativos que tienen que ver con su vida pasada. Por una parte, con la serie Wuthering Heights alude a la lectura de la obra de la escritora romántica inglesa Emily Brontë, escrita en su adolescencia, y por otra, con Piso del bosque hace una doble evocación: el título de serie hace mención a la obra de una pintora holandesa del siglo XVII, quien, como otros artistas de su época, pintó flores, pero, a diferencia de aquéllos, no las representó como parte de un bodegón, sino que las plasmó tal como se encuentran en el piso del bosque, de manera que las pinturas de esta mujer suscitaron el recuerdo de los sitios en los que Freda Sargent jugó en su infancia en Inglaterra.
Más allá de la anécdota y del recuerdo, las ocho pinturas que conforman el grupo titulado Piso del bosque confirman la sabiduría con la que Freda Sargent ha manejado el color. Una de las obras de esta serie se titula Lluvia;se trata de una pieza de mediano formato, 50 x 50 cm y en ella se percibe cómo —de una mancha entre ocre y negra, colocada en la parte inferior del lienzo y trabajada con gran espontaneidad— van surgiendo tonos cálidos que, a manera de trazos muy finos, iluminan la zona y permiten reconocer hojas, tallos y plantas que rematan en unas flores plenas de luz, que no son otra cosa que transparencias y manchas densas de óleo que van del naranja al violeta.
Los retos que enfrenta Freda Sargent en los diez dibujos y las ocho pinturas que conforman la serie Wuthering Heights son de otro orden; la anécdota y el relato literario no deben sobrepasar lo plástico, uno y otro deben reforzar el sentido de la imagen, de manera que ésta no se convierta en un hecho meramente ilustrativo. El reto se logra, en el caso de los dibujos, gracias a la sensibilidad de la línea trazada con carboncillo, con la que se delinean las siluetas de los personajes con una fuerza rotunda que, en muchos casos, es reforzada con amplias zonas de sombra que aluden a atmósferas nocturnas, a cielos estrellados. Ciertos dibujos hacen pensar en algunas obras del expresionismo alemán, en Kathe Kollwitz especificamente; otros, por el lirismo, recuerdan algunos rostros de Chagall; de manera que estos relatos, esta historia literaria, se convierten en un conmovedor hecho plástico en el que la línea y el trazo son los protagonistas esenciales.
Algo similar ocurre con las pinturas de esta serie, en las que se recrean imágenes alusivas a distintos momentos de la novela que, a juicio de Freda Sargent, contiene todo el impulso, la fuerza y la fantasía que acompañan la adolescencia.
Como sucede con otras exposiciones de Freda Sargent, el espectador abandona la sala con la sensación de haber estado en contacto, a través de la imagen y su factura, con una fina sensibilidad que, laboriosa y silenciosamente, día a día, se enfrenta con sabiduría al difícil reto que impone la pintura.
MARTA RODRÍGUEZ
