Exposición Individualabr 1999 - jun 1999· Por Carol Damian

Eugenia Vargas

Miami-Dade Community College Center Gallery

Al entrar al silencioso ambiente antiséptico de esta instalación hecha para un sitio específico, de la artista chilena Eugenia Vargas, el espectador se convierte en un intruso atraído por los extraños sonidos repetitivos de una habitación para niños de un hospital, y lo que sea que ocupa los seis recintos plásticos tenuemente iluminados. Al descubrir que cada cuna plástica para prematuros contiene un monitor de video que ilumina a un bebé horriblemente deforme o a un feto, la respuesta inmediata es de miedo y repulsión. Si un aspecto del arte es actuar como vehículo para provocar una respuesta emocional, estas instalaciones lo logran en numerosos planos. Utilizando fotografías médicas del siglo XIX, tecnología de video, auténtico equipo hospitalario —¿qué tan frecuente es que una instalación de arte sea patrocinada por la unidad de cuidados intensivos de un hospital para niños?—, sonido cuidadosamente editado y efectos luminosos precisos, Eugenia Vargas transporta al espectador a un reino de aberrantes realidades de la vida que uno no visitaría voluntariamente. Ella no hace esto para crear una respuesta impresionante a los errores de la naturaleza, sino para forzarnos a considerar estas criaturas y nuestras reacciones inmediatas a su presencia. ¿Por qué sentimos temor y repulsión y no compasión por estos pobres especímenes de la humanidad? Poco después del impacto inicial de las imágenes, los sonidos y visiones atraen a los desprevenidos para que se acerquen a lo que se convierte en una conmovedora y perturbadora experiencia. Curada por Tami Katz-Freiman, quien escribió el excelente catálogo, la instalación continúa la exploración del cuerpo y sus ambientes que por largo tiempo ha realizado Eugenia Vargas, pero ahora desde una sorprendente nueva perspectiva.

Exposición Individual: Eugenia Vargas — imagen 1
Eugenia Vargas. Cuerpo abyecto, 1998. Instalación. Dimensiones variables.

Recreando las aberraciones médicas mediante un computador y dándoles los más mínimos signos vitales y sonidos, Vargas les da vida a todos los bebés, sin alterarlos. Cada frágil criatura es literal y visualmente enchufada al video, y los cables de éste se extienden sobre la prístina superficie de la cuna. La naturaleza orgánica del bebé toma la energía de la máquina para vivir, y ésta se convierte en la cuerda de salvamento, en una forma orgánica que es particularmente extraña. Después de todo, no hay esperanza para estas criaturas, excepto a través de las máquinas (y, después, ellos realmente no sobrevivirán, ¿o sí?) Los sonidos y ligeros movimientos creados por la máquina hacen que las curiosidades patológicas dejen de ser meras recreaciones generadas por el computador, a la vez que las hacen especialmente inquietantes como imágenes.

En el ambiente estéril de cámaras de oxígeno, frágiles monitores y plástico antiséptico, todo existe en un estado precario, a punto de romperse (como sabemos, la tecnología tiende a hacerlo, y el día que visité la exposición, uno de los monitores no estaba funcionando, lo cual dejó a un bebé en un prolongado coma). Atraída siempre por los claros y precisos diseños del equipo hospitalario, Eugenia Vargas creó un lugar fuera del ambiente de su verdadera realidad, a la vez que captó su aura. Cada cuna/contenedor de plástico transparente reproduce una unidad neonatal, pero un monitor reemplaza al bebé. Los sonidos de cada cuna son diferentes, desde el fuerte latido en el vientre materno hasta la repetición de una canción de cuna que ya no es reconfortante. Aunque usted trate de rechazar lo que está sucediendo y sepa que es sólo una imagen de computador, estos sonidos de vida provocan una respuesta diferente en cada cuna. El cuerpo abyecto, el cuerpo que esconde múltiples capas de significado y preguntas estableció categorías de tabúes sociales, confronta los temas de repulsión y fascinación con lo desconocido y rechazado. Estos bebés ya no son imágenes patológicas de libros de medicina, son maravillas técnicas.

Lo único que falta en la instalación es un ayudante hospitalario, así que nosotros lo reemplazamos, inseguros de nuestro papel. Un hospital es un lugar para atender el cuerpo en todas las etapas de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Es un lugar sagrado y, de algún modo, en la tranquilidad de esta galería, el aura de sus responsabilidades más significativas e imponentes toma el mando, y el temor es dominado.

CAROL DAMIAN

Eugenia Vargas, por Carol Damian | artnexus