Exposición Individualabr 1999 - jun 1999· Por Graciela Kartofel

Bibiana Suárez

El Museo Del Barrio

Antes de analizar la exposición dirigida a un enfoque personal de la identidad, a aspectos de la historia portorriqueña, al juego como medio de flexibilización estética y cultural, es necesario entender que la identidad es un ente cambiante y, como tal, conviene visualizarlo dentro de un contexto histórico de cierta flexibilidad, no como imágenes estéticas rígidas, tampoco lineales ni cerradas, menos aun en esta época de impacto electrónico.

Aclarado este aspecto, corresponde decir que Bibiana Suárez escogió el juego para enfrentar los factores de identidad, con lo que pudo des- rigidizar su análisis, acercar su reflexión estética a un público más amplio, y en una primera instancia perceptiva, contactarse más a través del camino de la praxis que a través de lo intelectual. Esta artista portorriqueña residente en Chicago, dedicada también a la docencia en esa ciudad, desarrolla un vector de doble vertiente: a la par que respeta los valores consagrados de ciertas situaciones religiosas, populares, políticas, mitológicas y fácticas, los revisa y/o cuestiona a través del muy bien seleccionado camino del Dominó, que muchos habremos jugado alguna vez, que hemos visto jugar a otras generaciones. De esta manera, en vez de realizar obras de tamaños muy grandes para que el espectador quedara atrapado dentro de ellos, Suárez, consigue captar la atención del espectador con mano firme, criterio formalista, critico, lúdico y reflexivo.

En sus otros trabajos de orden bidimensional le ha preocupado también el referir el paso del tiempo. En ese sentido, pensó realizar en el Museo del Barrio una instalación para señalar la doble estrategia: dar el dibujo con su infinita riqueza de detalles: "Creo en el temperamento de mi mano"; a la par que incluir al espectador en la idea de algo no cerrado. "Es una instalación porque quiero referirme al juego en proceso, con el efecto de movimiento que se efectúa sobre una mesa o una superficie para jugar". De esta manera, la instalación refiere que la cultura, para cada uno de nosotros, no es estática ni individual, sino que implica ansiedad y búsqueda. La mezcla de tipología, como las diferentes realidades de la mujer en América Latina, están señaladas de maneras diversas, —aunque tal vez lo que más advierte el espectador es la comparación con la fruta, como es el caso de la Guanábana—, pero Bibiana Suárez no se queda sólo en eso ni entra en estudios de género que están tan a la orden del día, porque eso implicaría una cerrazón u otro tipo de límite.

En esa misma idea del tiempo, Bibiana Suárez concede: ¿Qué ha pasado con nosotros en Puerto Rico en los últimos 100 años? Hay tres temas: el Centenario de la ocupación norteamericana de 1898, ese año en el que nace su abuelo, y cuánto han asimilado de esos sucesos. Tres generaciones nacieron en estos 100 años, muchos aspectos culturales se manifestaron cambiantes. ¿Qué se ha asimilado de todo lo sucedido en el transcurso de este siglo? Al tomar una foto de 1898 y otras fotos de familia, de ella pequeña en la playa de Boquerón, Suárez busca simular el formato del punto en la ficha, trabajar con el círculo y ver las oportunidades expresivas del mismo, incluso el círculo como figura simbólica, que juega porque gira sobre sí mismo, como cuando uno piensa y repiensa un problema, un credo o una idea.

Exposición Individual: Bibiana Suárez — imagen 1
Bibiana Suárez. 2 discos Sin título de la serie Dominó, 1997-1998. Técnica mixta sobre panel. Cada disco mide 53.3 cm de diámetro.

En los aspectos técnicos hay una mezcla de medios, partiendo del papel sobre madera y otros elementos. Realiza bocetos a lápiz y marcador, usa proyector de cuerpos opacos, materiales al agua, lápices de colores, y no desconoce la tecnología como medio, ya que casi todas las fotografías son digitales. Si bien la artista ha manifestado que quiere trabajar lo tridimensional, hay dos imágenes que desarrolla más planas: El Santo Niño de Atocha con los perros dálmatas y La mano que representa a Dios Todopoderoso. En las paredes de la sala las piezas estaban ubicadas de a dos círculos en altura media, y sucesivamente, subiendo hacia el techo. El colorido intenso y variado está controlado en cada círculo con contorno negro. Si bien las obras no tienen acento literario, la autora se ha relacionado con trabajos de sociología, como Divided Borders de Juan Flores, El país de cuatro pisos, de Luis Rafael Sánchez, e Insularismo, de Pedreira. Dominó es amplia y flexible, no es una instalación acabada, hay mas piezas a incorporar, si la exposición viaja. "El Dominó me ofrece una voz contemporánea entre mi posición y la del espectador. Así, pude hablar de la política cultural y la política de identidad. Cuando los artistas trabajan con política o con religión, la gente se escapa". Bibiana Suárez no hace trampas, usa su voz dibujística para decir que no olvidemos aspectos de la realidad, que pensemos en ellos como piezas de un juego, y cuáles serían las diferentes maneras como lo entenderíamos, si pensáramos en jugar.

GRACIELA KARTOFEL

Bibiana Suárez, por Graciela Kartofel | artnexus