Art Miami, ahora en su noveno año, parece haber encontrado su propia identidad como vitrina importante para el arte latinoamericano, armonizando con su ubicación en Miami, la puerta de entrada a Latinoamérica. También ha crecido para convertirse en un evento que se extiende más allá del pasillo de la exposición para transformar toda la ciudad en una "semana de arte en Miami", en colaboración con museos del sur de Florida, instituciones privadas de arte y un selecto grupo de coleccionistas y estudios de artistas. Los visitantes fueron invitados a ver sobresalientes exposiciones modernas y contemporáneas, visitar a artistas y coleccionistas, instalaciones, un parque de esculturas, películas, performances y videos en un apretado y bien planificado cronograma conectado mediante giras guiadas en bus, realizadas diariamente.

Aunque el arte latinoamericano fue ciertamente el rasgo predominante en la feria, la vibrante y cosmopolita comunidad artística de Miami fue el soporte de la semana, y los visitantes muy pronto se dieron cuenta de que su escenario artístico se extendía más allá de un contexto latinoamericano y estaba al borde de convertirse en algo muy emocionante y merecedor del reconocimiento internacional.

La feria incluyó 95 comerciantes de arte de 18 países, en representación de una amplia gama de artistas, estilos y medios, aunque la pintura fue la más evidente. El ambiente fue decididamente conservador, con pocos artistas emergentes u obras vanguardistas en exhibición, pero la calidad fue excelente y más consistente que en el pasado. Curiosamente, el International Distinguished Artist Award le fue otorgado a Nam June Paik, un pionero en tecnología y, a pesar de que había una instalación de sus obras de video/televisión ocupando un lugar destacado, este año no se presentó ningún otro tipo de arte tecnológicamente avanzado. Desde los años sesenta, Nam June Paik ha sido figura central en las corrientes más influyentes de la producción de vanguardia, y su obra sola ha servido para determinar la explotación contemporánea de los medios como forma de arte. Uno de los primeros artistas en emplear las técnicas de televisión y video para explorar la relación entre arte e información, Nam June Paik sigue fascinando al público, acostumbrado desde hace ya algún tiempo a la presencia de sus monitores de televisión y robóticas criaturas de video en exposiciones de arte por todo el mundo. Las futuras ediciones de Art Miami deberían inspirarse en el tributo de este año e investigar la inclusión de un área para dicha tecnología, a pesar de su falta de atracción comercial y viabilidad.

Art Miami no es solamente una oportunidad para ver lo que está a la venta y a qué precio; es también la ocasión para ver arte fuera del ambiente estéril de un museo o galería del estilo "favor no tocar". Esto es especialmente gratificante cuando surgen obras maestras de entre el volumen de pinturas y objetos para darnos una sorprendente fiesta visual. La Galería Marión Meyer, de París, representó a maestros europeos como Max Ernst, Picabia, Magritte y Man Ray. La gran escultura en bronce de este último, colocada frente a una maravillosa obra en papel, era una digna invitación a las obras surrealistas que se hallaban dentro y que no se ven a menudo en el área de Miami.
Para no ser menos en ningún sentido, especialmente teniendo en cuenta la usual plétora de esculturas de Botero que normalmente adorna Art Miami (pero que no fue tan prominente este año), JGM trajo de su galería de París el Puppy de Jeff Koon en grandes cantidades (una edición de 3.000 jarrones de porcelana firmados, al estilo del famoso gigante que se encuentra ahora en Bilbao), probando que se puede exagerar. La sensacional selección de fotografías de Andy Goldsworthy de esta galería fue un perfecto contrapunto.

Los maestros latinoamericanos deberían ser siempre las estrellas de Art Miami, y este año Mary-Anne Martin, la primera parada para ver obras de la más alta calidad, trajo un magnífico Tamayo para adornar su selección de obras de Elena Climent, María Izquierdo, Luis Cruz Azaceta, y fabulosos objetos de vidrio de Isabel de Obaldía. Después del tributo rendido el año anterior a Matta, quien dominó la feria, se exhibieron pocas de sus obras este año. Los ejemplos de la Galería Tega de Milán fueron especialmente obras importantes, y su presencia con famosos artistas contemporáneos de todo el mundo, incluidas obras excepcionales de Julio Larraz, demuestran que el arte trasciende todos los límites. En Diana Lowenstein Fine Art, la exposición de The Verb America, que era una loa a los maestros estadounidenses y latinoamericanos alrededor del comentario que hizo Matta en 1983 sobre los vínculos culturales, fue particularmente significativa. Lucía Warck Meister, una de las artistas jóvenes de la galería, produjo algunas de las instalaciones más convincentes, hechas de plásticos y sucesiones de pintura. La utilización de tales materiales fue escasa en Art Miami este año, aunque las obras en fibra de Cristina Colichón y las cajas de Beatriz Ruderman y los ensambles de Rosalía Maguid en la Galería Roberto Martín fueron también excepcionales. El mismo sentido de nostalgia que estos objetos inspiran aparece de nuevo en las conmovedoras imágenes encerradas de Cándida Romero, tituladas Herbarium, presentadas por la Galería Minotauro. Los extraños torsos y objetos de caucho de Federico Uribe Botero en la Galería Jacob Karpio son siempre fascinantes; otros materiales poco usuales podían encontrarse en obras de Alfonso Castillo en Arte x Arte y Paloma Navares en la Galería Adriana Schmidt. Los poderosos objetos en conchas y tela de Manuel Mendive se encontraban en la Galería Joan Guaita, de España, junto con extraordinarios dibujos de Kcho, rara vez vistos en Miami, por obvias razones. Otro grupo importante de artistas —muchos de los cuales nunca habían sido expuestos en Miami antes—, estaban en la Galería Ángel Romero, incluidos Los Carpinteros.

La Galería Brewster habría desilusionado a los admiradores de Leonora Carrington, que vienen todos los años a codiciar sus pinturas, si éstas no hubieran sido incluidas. Su Mirror Mirror, una fantástica acuarela, fue lo más destacado de lo expuesto allí, que también incluyó dibujos de Zúñiga y una selección especialmente interesante de pinturas surrealistas de Williams Carmona. De la misma forma, los espectadores esperaban ver las últimas obras de Santiago Carbonell y Roberto Cortázar en Praxis, de México, y las de Ignacio Iturria en Praxis, de Buenos Aires. Particularmente maravillosos fueron los objetos esculturales de Iturria, interesantes cumplidos a sus familiares pinturas y obras en cartón. Los espléndidos paisajes de José Gamarra se pudieron observar en la Galería Minotauro, en donde ofrecieron un buen contraste a los paisajes urbanos futuristas de Pancho Quilici.

Entre los artistas latinoamericanos más importantes de hoy estuvieron representados Guillermo Kuitca, José Bedia, Alfredo Jaar, Julio Galán, Ernesto Pujol y Arturo Duelos. La provocadora y conmovedora serie de acolchados de Pujol en la Ramis Barquette compartió lugar destacado con obras de Bedia, Ray Smith, las Oriental Ladies de Galán y las borrosas pinturas de Daniel Scheimberg. Ruth Benzacar ofreció una tentadora instalación de camisetas en madera de Rosana Fuertes, y Nina Menocal trajo piezas murales de Perla Krauze y dibujos y pinturas de Sandra Ramos. La magnífica Composition Suprematiste #6 de Arturo Duelos, presentada por la Galería Annina Nosei, fue una nota sobresaliente de una exposición de obras que también incluyó a Galán y Kuitca. Las maletas y obras en papel de William Córdova llamaban la atención en la Galería Ambrosino, y un fantástico Volkswagen pintado por Nicolás Leiva hacía que la multitud se detuviera a mirarlo.
Se presentaron pocas fotografías este año, pero muchas de las obras exhibidas eran verdaderamente importantes, especialmente la serie de manos de Marta María Pérez Bravo en la Galería Luis Adelantado, y las fotografías pintadas a mano de Luis González Palma, en la Galería Aldo Castillo. El fotocollage YO, de Manuel Rufo, fue una de las instalaciones murales más monumentales. La fotografía y la tecnología de video necesitan estar más representadas.
CAROL DAMIAN

