Pocas veces Antonieta Sosa expone. Cuando lo hace, nunca pasa inadvertida y su obra termina siendo referencia de un período o de un acontecimiento. Por eso, Cas(a)nto, nombre de su última muestra, es doblemente importante. Por una parte, por ser una esperada y merecida exposición; por la otra, por su densa y compleja significación.
En Cas(a)nto la artista concentra diversos polos de su pensamiento y sensaciones. Se recogen algunos aspectos (fragmentos o reinterpretaciones) de obras realizadas en diversos períodos que van desde mediados de los años sesenta hasta hoy. Todo ello se organiza de la siguiente forma:

Una Cápsula metálica (también llamado Anto de luz) representa a la artista. Tiene su misma altura, ya que el anto es una unidad de medida inventada, ajena a los sistemas tradicionales de medición. Son 1,63 cm, "ni un milímetro más, ni un milímetro menos", estatura real de Antonieta Sosa. La Cápsula o Anto de luz es metálica (modo de protección ante la violencia externa) y presenta una pequeña ventana ovalada cuya forma y dimensión son idénticas a las de las casetas de electricidad en la calle. En su interior hay una luz. Esta Cápsula o Anto de luz se encuentra en el interior de un espacio reelaborado a escala de la verdadera casa de Antonieta Sosa. Esta instalación (Casa), a su vez, se halla dentro de la Sala 2 del museo. Todo lo que queda fuera o alrededor de esta Cápsula representa el mundo exterior de la artista. La Casa, en cambio, es la expresión de su mundo cotidiano. En ella se encuentran el recibo, los dormitorios, la sala de té, el baño, la cocina y la piscina. También hay objetos significativos; entre éstos, las sillas, los diarios, la cama, el polvo de su cuarto, etc. Cas(a)nto, entonces, sintetiza al menos tres significados: Casa de Anto diminutivo de Antonieta; Casa de Anto, como unidad de medida, modelo que parte de su propio cuerpo y que, multiplicado, modula medidas y proporciones de toda su obra; y Casa de Arte, relación establecida por Carmen Hernández, curadora de la exposición, por el énfasis dado a la (A) central.
Diversos aspectos irradian a partir de este centro (de la Cápsula o Anto de luz) hacia la instalación en su totalidad. Por una parte, se produce un flujo entre el mundo de adentro y el mundo de afuera. Pero también entre el presente y el pasado. Desde el presente, hay una reconsideración —o recontextualización— del pasado. También se constatan aspectos del pasado vigentes todavía, o que han sido germen de obras actuales. Estas relaciones pueden verse a través de las ventanas de la casa. Estas comunican lo interno con lo externo, el presente con el pasado, y también el mundo natural, sensorial e intelectual. Por medio de las ventanas se observan algunas obras de otros períodos, aspectos de la sala del museo e, incluso, el parque —la naturaleza—, pues el vidrio de los grandes ventanales fue suprimido (Baranda norte y Baranda sur). El sonido exterior entra por vez primera en el museo. Carmen Hernández señala que se trata de un espacio más allá de la artista, en el que ,la naturaleza abierta se enlaza con el cosmos.
Antonieta Sosa proviene de la pintura, de una obra constructiva y, en cierto modo, austera en color. De la bidimensionalidad pasa a la instalación y a la expresión corporal por medio del performance. De allí la importancia de la integración entre su cuerpo, su mundo emocional y el intelectual. Sus diversas etapas artísticas participan en una constante interrelación. Estable-inestable (1965), por ejemplo, es una pintura cuya cuadrícula blanca pintada sobre fondo negro se relaciona visual y estrechamente con la maraña de andamios negros que se encuentran a la salida del ascensor, a la entrada de la exposición. Se trata de Del cuerpo al vacío (1985-1998), una instalación-performance en la que la artista representa tres estados o momentos distintos vistos por medio de tres videos: "Danza en un templo griego del siglo XX con los sonidos de la ciudad", en el que se expresa la agresividad del mundo exterior mediante sonidos de tráfico de fondo, mientras la artista —vestida de rojo— realiza movimientos de yoga que contrarrestan esa atmósfera saturante, a la vez que calienta su cuerpo para continuar con el paso siguiente: Pereza. En esta segunda etapa, la artista cambia de escenario. Se maquilla, y viste una braga con la que simula al animal trepando por los andamios. Los alaridos y el movimiento del cuerpo permiten la liberación de la animalidad que lleva por dentro. Finalmente, Círculo de luz, homenaje a Armando Reverón, prefigura el anto, dada la presencia de un centro blanco que permite la concentración de energía. La artista, vestida y maquillada de blanco, está sentada en una silla realizando mimos, algunos sin significación. Lo incomprensible se convierte en lenguaje por medio de la reiteración de los gestos, ritualidad que es constante en Antonieta Sosa. Esta instalación engloba en cierto modo una búsqueda permanente en toda su obra: el equilibrio entre los estados racional e intelectual y el estado emocional, llevado en ocasiones al extremo de la animalidad. Se trata del orden entrando en el caos. Por eso, para trabajar en polos tan opuestos, la artista alterna lo conceptual, lo visual y la expresión corporal. El arte se produce en función de la concentración y distribución de energía.
Una vez dentro de la sala del museo, se contraponen dos aspectos: la Casa en sí (en diagonal en relación con el espacio cuadrado del museo) y, en la pared norte, cinco obras (Pantalla para imágenes posteriores, 1965, y cuatro Superficies, 1984) dispuestas en paralelo a las cinco ventanas de la fachada norte de la Casa. Todas —obras y ventanas— miden 90 x 90 cm. En las paredes externas de la casa se dispone linealmente Mi piel, fotografías tomadas de la piel de la artista en diversas partes de su cuerpo. En la pared sur se encuentran el segundo balcón (sur) sin vidrios (otra apertura hacia la luz y la naturaleza) y, en un ángulo, se entra al Patio de atrás (1998), una nueva versión del rancho realizado en 1981, cuyos bordes cortantes (vidrios pegados) reafirman la violencia de la ciudad que busca protección mediante el dolor del otro. Videos testimonian la destrucción de vidrios, un período trascendental en la obra de la artista (Performance con Javier Marichal, Ruptura de vidrios y Muros urbanos, todos de 1981). Frente a la fachada sur, Tres antos a la medida de mi cuerpo (fotografías urbanas) es un recorrido visual por la trayectoria de la artista por medio de diapositivas que sirven como guión museográfico de la exposición.
En el interior de la Casa, en El salón, se encuentran Anto de Luz y algunas sillas partícipes de eventos anteriores. Las acompañan una versión de los videos A través de mis sillas, (1978) y Antonieta vs. Antonieta (1983), mostrando aquellos performances en el que la artista ha relacionado sus movimientos corporales y formas resultantes con la forma de las sillas. Estas, como ella misma indica, "se han ido transformando en el tiempo, así como yo me transformo". Están la Silla cubista abierta y Silla cubista cerrada, Silla positivo-negativo, Silla de la razón y Silla del cuerpo, Silla con pirámide de pelos; Dos sillas y media, etc. La vertical del cuerpo se divide en tres segmentos al sentarse: vertical, horizontal-vertical, lo que implica un ahorro de energía. Sosa elabora su trabajo partiendo de este principio.
En Mi cuarto está la cama (El reposo del guerrero, taller del artista) con la huella de su cuerpo. Es la constancia de un tiempo y, como dice Hernández, de una historia personal. El polvo del cuarto es recogido semana tras semana y dispuesto en pequeños cuadros a modo de placa de condecoración (El polvo de mi cuarto). Están, asimismo, el Cuarto de Rebeca, su hija; Cuarto de diarios, donde están sus apuntes, recortes de prensa y sus diarios "encapsulados en vidrio"; Baño, con una fotografía de lo que se ve exactamente en el baño real; la Piscina, hecha de vidrio y goma espuma y, finalmente, un lugar importante en esta gran instalación: la Cocina. En éste se "almacenan" potes de vidrio (originalmente de mermelada) en cuyo interior se guarda cualquier clase de materia. Cada pote representa —y presenta— con fotos-carnet cada año de vida de la artista, desde su nacimiento hasta su edad actual (Autorretrato). Se trata de la obra de arte como un proceso, pero también del proceso de la vida.
La observación de Las hormigas en la Cocina confirma este concepto de arte, espacial y procesual. La artista traza con lápiz el camino seguido por éstas en la pared. El video constata su permanente comunicación. Es una obra reflexiva acerca de la soledad, pues se hace en soledad. La Sala de té lo afirma. Dos siluetas de la artista, pintadas en la pared, simulan una conversación mientras se la oye de fondo. En paralelo, se encuentran una mesa y dos sillas colocadas una frente a otra. Cada silla porta en sus asientos trozos de vidrios muy cortantes. Una de ellas con restos de cristales finos, una severa crítica a la burguesía e, incluso, a su propio contexto familiar.
Cas(a)nto es auténticamente Antonieta Sosa. Se trata de una radiografía de su obra y pensamiento. Ver esta muestra es penetrar en la profundidad de una trayectoria. Una muestra, sin duda, que marca historia.
SUSANA BENKO
