Tras cuatro años de alejamiento de los circuitos expositivos venezolanos, Susana Amundaraín —residenciada en Pittsburgh— regresa con Dúos, estudios y miniaturas, una exposición que recoge su más reciente indagación cognitiva y propone una vital sensualidad aderezada por el deslumbrante colorido de un trópico que comienza a revelarse con más ímpetu que nunca en la obra de esta artista abstracta.
Lienzos agrupados como dípticos y trípticos de osados medianos formatos evocan espacios e imágenes a través de tonos planos que contrastan con profundidades en las que el gesto se manifiesta comedido, inteligente, equilibrado, aunque no por ello desapasionado. El uso del negro asombra por ingenioso y conciliador, permitiendo que las veladuras y los colores cálidos manifiesten todo su esplendor y generen en la sala una atmósfera de contrastes. Los colores metálicos son aquí otra veta interesante que amplía el repertorio sensorial que la artista pretende volcar sobre el observador, haciendo que cada trabajo se convierta en una experiencia, una experimentación visual y espiritual. Las estructuras adoptadas por las telas — series de finos rectángulos, un cuadrado ahuecado— dan cuenta de una versatilidad no sólo formal sino conceptual, la cual recrea paisajes abstractos de un mundo extinto o incluso por venir.

A esto se unen dos series de collages de pequeño formato —titulados Referenciales y Miniaturas—, donde el dibujo se presenta sereno y libre, suerte de boceto que anda a la caza de una irreverencia imaginativa, deslastrada de exigencias y referencias anecdóticas o narrativas. La acumulación de materiales propia del collage como medio abandona en estas diminutas joyas su primogénito carácter barroco para dar cabida a superficies de enorme pureza y versatilidad visual.
Susana Amundaraín ofrece con Dúos, estudios y miniaturas una muestra madura, sólida, con una personalidad rotunda que sobresale en el contexto de la producción plástica nacional de estos últimos tiempos, y permite observar algunos procesos que han tenido lugar en su propia obra: la línea recta que antes trastocaba el espacio expositivo en general arrojando límites mediante los lienzos mismos, se introduce ahora en la obra, propiciando horizontes virtuales, cartografías, segmentos indiferenciados, trazos elocuentes de la integridad con la que Amundaraín concibe el trabajo pictórico.
JACQUELINE GOLDBERG
