Exposición Individualene 1999 - mar 1999· Por Christine Frérot

Pablo Reinoso

Casa de Artes de Malakoff

En la exposición presentada en este bello edificio del siglo XVIII que alberga la Casa de Artes de Malakoff (clasificado como monumento histórico gracias a la intervención de André Malraux), Pablo Reinoso confirma y nos convence de la validez del cambio. Esta mutación que él emprendió hace más de tres años nos reconforta en la idea de que el cambio, además de ser la exploración de la identificación, es también la liberación catártica de las periferias mentales, físicas y estéticas de lo sensible. Parece entonces evidente que el cambio radical e indispensable que él introdujo en su arte en 1995 le abre, en la interrogación del inconsciente, un campo metafórico infinito y la posibilidad de múltiples combinaciones tanto conceptuales como formales.

La gestualidad inducida por el lienzo, que se parece a un trabajo de tipo artesanal —cortar, recortar, ensamblar, coser—, es trascendida por el aire, la materialidad de esa densidad ausente, ese espíritu volátil que borra el gesto y el tiempo, ese vacío que crea un espacio del sentido. La aventura de escoger otro material de construcción aliado al movimiento artificial (motor eléctrico) ha instaurado en la obra de Reinoso fronteras frágiles en los campos de lo virtual y de lo real. Pero su experiencia proveniente de su antigua actividad de escultor ha enseñado al artista, desde hace mucho tiempo, a delimitar su relación entre espacio, cuerpo y materia. También le ha permitido medir y evaluar los equilibrios en una zona de lo indefinido donde intervienen lo incuantificable y lo indescriptible, el aire y el vacío.

Exposición Individual: Pablo Reinoso — imagen 1
Pablo Reinoso. Placer, 1998. Material translúcido inflable. 230 x 270 cm.

En un texto anterior sobre las primeras nuevas obras de Reinoso, yo hablé de una especie de minimal humanizado en el espíritu de una geometría de lo sensible. Ahora bien, más allá de su aspecto cinético evidente, su arte es sobre todo cinética, la materialización del "cuerpo mental" en un espacio físico.

La irrupción en la metáfora de la vida (soplo, latido del corazón, respiración), iniciada como un segundo nacimiento en la primera exposición de sus nuevas obras (Galería Ruth Benzacar, Buenos Aires, 1996), es conformada e incluso superada por la agregación de una dimensión psicoanalítica que hace, de una manera cada vez más insistente, preguntas sobre el ser y el otro, preguntas acerca de una precaria identidad en el seno de la problemática del doble. La pasividad relativa de Durmientes, Respirantes y Persistentes, donde el movimiento tímido dibujaba una forma aún limitada, ha sido reemplazada por un Reinoso más activo, que interviene sobre las dimensiones posibles de su propio reflejo, eliminando paso a paso las restricciones de forma y materia para trazar una reflexión sobre el tiempo de lo viviente, encajando tiempo actual, contemporaneidad, fugacidad, travesía, como desafíos a la irreductible permanencia.

La palabra, El otro, soy yo, Placer, y Compañero-síntoma son obras que introducen otra dimensión del rol del artista en la formación del vínculo entre el arte y la vida. Un diálogo nuevo se instala entre la obra y el espectador, pero también entre la obra y su creador. En La palabra (1998, 520 x 200 cm), el público es invitado a intervenir en dúo pasando la cabeza por una especie de cohete-molde-útero que le permite hablar sin conciencia del cuerpo. Eclipse de las diferencias, intensidad anónima del intercambio. En El otro, soy yo (1998, 600 x 140 cm), el visitante, con la cabeza introducida en una esfera-intestino desinfectada, se refleja en un espejo que toma el lugar del otro. Esta intervención del espectador es algo nuevo en el caso de Reinoso. Ese juego de dobles aparece de nuevo en Placer (1998, 230 x 270 cm), donde el respiradero está colocado en el interior, como un corazón, órgano o fibra palpitante. Juego de dobles que aparece igualmente en obras como Compañero-símbolo (1998, 230 x 160 cm), donde los lienzos se superponen, en una mezcla de formas, transparencias y movimientos. En esta obra, la referencia al cuerpo es obvia y el respiradero es velado. Cuerpo doblemente habitado, fantasmagorizado, visitado de nuevo. Estas formas confirman el interés creciente de Reinoso por el antropomorfismo, una voluntad de ir hacia algo más orgánico y la metáfora.

La instalación como mise en scéne de la obra dentro de la obra, es también una novedad para Reinoso. El consultorio del Dr. Lacan (200 x 400 x 205 cm), presentado en Barcelona en 1998, es un ambiente inmaculado blanco y transparente, lugar cerrado que permite solamente la observación, al contrario de La palabra, que es un lugar para experimentar, para vivir. Con esta obra, el público se transforma en fisgón de sí mismo (su destino sobre el diván) observando una cama y un sillón que "respiran". En ese discurso visual que instaura un juego virtual de roles, el visitante puede entonces desdoblarse y penetrar mentalmente en el mise en abyme del concepto psicoanalítico que propone El consultorio del Dr. Lacan.

Los materiales son seductores; el efecto tornasolado, los reflejos, la transparencia, el brillo, la irisación, ofrecen una gama de posibilidades cromáticas y táctiles que Reinoso ha sabido captar y transformar para infundir en estos materiales de uso industrial una existencia, una verdadera nobleza. Para Reinoso, las nuevas tecnologías —materiales que no dejan pasar el aire— ofrecen una especie de comunión mística gracias a un movimiento-respiración. Esta exposición reúne sin duda al corazón, al alma y al cuerpo: inspirar-espirar, ustedes están vivos.

CHRISTINE FRÉROT

Pablo Reinoso, por Christine Frérot | artnexus