La obra de Miguel Calderón siempre ha sido impetuosa y, a menudo, un poco obsesionada consigo misma, en una forma fría, similar a la de las autodeclaraciones de Ashley Bickerton. Una serie anterior de fotografías (en las cuales el artista es co-protagonista) representaba a adolescentes en uniforme escolar actuando de un modo que, con mucho encanto, trazaba una fina línea entre las travesuras infantiles y una pura violencia sexual. En su más reciente exposición, Calderón parece estar presionando los límites de la práctica artística casi hasta el absurdo. Aggressively Mediocre, Mentally Challenged, Fantasy Island; Circle One of the Above es el título de una congestionada instalación, aunque Fantasy Island parece ser el más adecuado.

En un diorama escultórico, miramos por encima del hombro a Mr. Roark, Tattoo, y otros, y a un montón de isleños parranderos que disfrutan del sol y la diversión. Una gran carpa sirve como escenario de una proyección de video de un actor imitando a Tattoo, el célebre enano. Una serie de chabacanas pinturas ilustra escenas de películas malas en donde el chico malo (Calderón) va a la carrera en un auto lleno de voraces rubias sentadas desnudas junto a él. (Sí, bien). En otro lugar se encuentran seis fuentes de agua en cerámica, de las cuales fluye el líquido azul Tidy Bowl sobre un paisaje poblado de pequeñas figuras neanderthal que están orinando, cocinando y peleando. Las fuentes son símbolo de riqueza cuando se hallan en frente de mansiones en México, y Calderón se orina placenteramente sobre la aristocracia. La obra que mejor parece representar las aspiraciones de Calderón de demostrar lo "agresivamente mediocre" con el patetismo de obras anteriores es una videoproyección de un hombre (el artista) "orinando" agua desde la parte más alta del único rascacielos de ciudad de México, sobre otro hombre vestido con un atuendo de hombre de negocios (el artista). La orina azul tal vez habría sido más subversiva y habría estado más a tono con la exposición. Sin embargo, considerando la NAFTA, es probable que Calderón se esté orinando exactamente sobre los grandes capitales que afectan al artista.
En el ámbito de la fascinación actual de las artes plásticas por el globalismo, Calderón, el joven artista mexicano, ha estado esperando justo detrás de la línea limítrofe. A diferencia de muchos otros artistas que han sido recientemente destacados en lugares como Estambul, Johannesburgo o Nueva York como participantes en exposiciones colectivas a gran escala, Calderón acaba de tener su segunda exposición individual en la más importante y mejor establecida galería de Andrea Rosen en Nueva York. No obstante, no se ha dejado llevar por la prisa por colonizar los mercados del mundo..., quiero decir, artistas que hablan el idioma del arte contemporáneo al estilo occidental. Tal vez se deba a que Calderón, como el mejor de estos artistas que recientemente se han hecho conocidos en los "centros" tanto como en las "márgenes", tiene las cualidades necesarias y sabe cómo convertir algo viejo en algo nuevo. Como lo ha anotado Gerardo Mosquera en esta revista: la economía del globalismo es una moneda de dos caras. De una parte, hay ahora un creciente nivel de diversidad en términos de lo que se ve y se habla en las artes plásticas (véase el nuevo libro Cream, Phaidon Press); por otra parte, el globalismo en el mundo del arte puede muy bien reflejar los aspectos más desagradables de la hegemonía occidental y del capitalismo cultural imperialista, asociado tan de cerca con los Estados Unidos. Si quiere verlo por el lado positivo o por el lado negativo, es cuestión suya. Tiene algo de los dos. Sin embargo, esta exposición fue una mezcolanza para un artista al que verdaderamente vale la pena seguir. Su corazón se encuentra en el lugar correcto e incluso, si la exposición solamente está insinuando sus máximas capacidades, hay un ambiente de sagacidad dentro del conjunto, que deberá resultar formidablemente bien en el futuro.
FRANKLIN SIRMANS
