Exposición Individualene 1999 - mar 1999· Por Germán Rubiano Caballero

Margarita Gutiérrez

Galería Diners

Entre octubre y noviembre del año pasado, Margarita Gutiérrez expuso en la Galería Diners, cuya última muestra en Bogotá había sido en 1996. La artista tiene ya una amplia trayectoria que se remonta a mediados de los años setenta. Luego de algunas etapas semi-figurativas que confluyeron en un ponderado período de abstracción geométrica, que corresponde al decenio de los ochenta, la producción de la pintora recorrió una rica aventura cromática, realizada con evidente y enorme espontaneidad. Si a fines de los ochenta y comienzos de los noventa los grafismos rápidos y móviles y las manchas abstractas que dominaron sus composiciones eran básicamente no figurativos, poco a poco, éstos se hicieron más relacionados con la naturaleza y configuraron elementos cercanos a los círculos y, por ende, a ciertas formas curvilíneas. Lentamente, las pinturas se vieron más controladas y comenzaron a distinguirse áreas precisas de color, algunas bien demarcadas. Durante la primera parte del decenio que concluye, Margarita Gutiérrez demostró ser una colorista osada, una observadora del variadísimo mundo biomórfico, y una pintora con muchas ideas. 

Exposición Individual: Margarita Gutiérrez — imagen 1
Margarita Gutiérrez. Tulipan, 1998. Óleo sobre tela. 40 x 40 cm.

Con todos estos antecedentes —sólo descritos de manera somera—, la artista inició la presentación de la exposición que se comenta. Al estudiar el arte abstracto y el diseño aplicado de los años treinta a cincuenta, la pintora sacó adelante un excelente conjunto de trabajos integrado por cuadros al óleo, algunas cerámicas y un tapiz. Si previamente, en su etapa de expresión libre, era factible reconocer algunas formas derivadas de ciertas producciones biomórficas, en las obras de 1997 y 1998, Margarita Gutiérrez revisó francamente las realizaciones de artistas tan famosos como Miró, Calder y Arp, entre otros, para fortalecer sus creaciones que, indudablemente, fueron concebidas como formas equilibradas y plenas de vitalidad. Un resultado muy personal es el que logró la pintora bogotana al reunir sus experiencias formales con aquellas de los grandes maestros, que sólo sigue deliberadamente de cerca cuando les rinde homenaje en óleos como Juegos con Arp y Juegos con Calder. Pero la artista no se detuvo en las espléndidas recreaciones de la naturaleza de algunos de los mejores representantes del biomorfismo, sino que estudió también el trabajo de diseñadores como Charles Eames. Por eso, como complemento de las pinturas expuestas, Margarita Gutiérrez no dudó en presentar algunos objetos utilitarios basados en el diseño curvilíneo, comenzando, por supuesto, por dos sillas Eames. Montó así una especie de instalación que no sólo enriqueció la muestra, sino que facilitó que el público apreciara las múltiples conexiones de las formas orgánicas y sinuosas que, recogidas de la naturaleza, han enriquecido el mundo del arte abstracto. La exposición, titulada Cincuentas, dejó una doble lección: sirvió para probar que las revisiones artísticas pueden ser importantes, siempre y cuando la investigación sea tan inteligente como emotiva, y permitió ratificar que en tiempos difíciles es imperioso trabajar con honestidad y mucho optimismo.

GERMÁN RUBIANO CABALLERO

Margarita Gutiérrez, por Germán Rubiano Caballero | artnexus