Identificados con el movimiento neoconcreto —en el caso de Pape, como gestora, junto con los otros brasileños Hélio Oiticica y Lygia Clark, y en el caso de Neto, como heredero de esa corriente—, la reunión de estos dos artistas en un espacio expositivo tuvo sus aciertos y sus pormenores, resultando más espontánea y lúdica la obra de Neto frente a las elaboraciones (con)textuales de Pape, cuyo contexto se perdió en su traslado del Amazonas a la aridez urbana de la ciudad de México.

El principio del movimiento neoconcreto, surgido en 1959, era la incidencia de la obra en el entorno, propiciando la interacción con el espectador. Compartía con el arte de acción y con el arte de proceso, la noción de (in)materialidad temporal, idea central de las manifestaciones conceptuales hasta nuestros días. De ahí que se utilicen situaciones para resaltar las cualidades mismas de los materiales. Neto parte de medias de poliamida rellenas de polvo gris, que estira hasta el techo o suelta y abulta, según una acción previa, modificando la sensación perceptual del espectador. A medida que éste recorre, zigzagueante, las abultadas mallas dispuestas a ras del piso a distancias transitables o en alargamientos verticales aleatorios, cuidando de no pisar las huellas del polvo que forman una especie de aura a su alrededor, su lectura se convierte en una doble memoria: la del gesto del artista y la suya propia, acumulada y actuante sobre las piezas y el espacio. Al fondo resalta una amarilla, para darle un toque de color —y de olor, pues está henchida con azafrán—, recordándonos que el mundo no es dual (blanco y negro), sino múltiple, al igual que su percepción. Neto trata más bien de abordar el espacio como la materia con la cual, a través de una reflexión procesual, integra al espectador en la obra.
Trabajo poco visto en México, resulta más difícil la comprensión, con el escaso conocimiento y difusión del movimiento neoconcreto, de las reflexiones semánticas que protagonizan las piezas de Lygia Pape. Su vasta trayectoria como participante en los grupos Frente (1953-1955), Concreto (1956) y Neoconcreto (1957-1963) representa una necesidad de experimentación en los ámbitos del arte corporal, de acción, el tropicalismo y el nuevo cine, explorando aspectos como la sinestesia y la organolepsis (excitación simultánea de los sentidos).
Su instalación Não pise na grana (1996) gira precisamente en torno a la descomposición de unas lechugas en un cajón gigantesco de ladrillos, sobre las cuales se asienta un letrero con el título mismo de la instalación, haciendo un juego de palabras entre pasto y grana, que significa monedas en portugués. Los olores que despiden y los diversos tonos que van adquiriendo estos vegetales en el transcurso de la exposición son metáforas de las absurdas prohibiciones a través del desplazamiento de valores de sustento alimento/dinero en nuestra sociedad. En Alba de plata (1997), donde sobre harina (en este caso, de maíz, por tratarse de un elemento fundamental en el contexto mexicano) chorrea sangre y coloca un machete, el efecto se pierde, en tanto que parecen faltar referencias contextúales que hagan más contundente que obvio el mensaje, y ayuden a una vinculación del sentido delator contra la violencia doméstica, a la que parece denunciar la pieza.
Sin embargo, hay una obra que da realce al resto del conjunto y, en mi opinión, es la mejor lograda de esta creadora: Telaraña, en su versión de 1998, es un tendido sutil, casi imperceptible, de hilos que se extienden en un ángulo de la blanca sala. Obligados a recorrer, en un ir y venir, la reflexión de la luz sobre los hilos de oro, la pieza previene sobre la imposibilidad de captar perceptualmente de manera completa una cosa, de no ser por el dinamismo de ese movimiento obligado que integra la experiencia del espectador.
En Telaraña, Pape concreta la metáfora de nuestros (contra)sentidos y recurre nuevamente al lenguaje del material para crear una referencia sobre la construcción artificial y, al mismo tiempo, seductora, de una simbólica personal y cultural, y sus implicaciones ideológicas.
ANA ISABEL PÉREZ
Investigadora del Museo Nacional del virreinato y curadora independiente.

