La imagen no podía ser más literal; en Real Fiction (1996), la cabeza del artista se transforma en una aspiradora con una manguera flexible conectada a la boca y una bolsa desechable en lugar del cerebro. Fotografías repetidas de crímenes, graffitis, armas y diversas imágenes urbanas están exhibidas más abajo, en tiras, y recubiertas de tachuelas metálicas. Esta imagen atrae a cualquier persona que se haya sentido abrumada por el incontenible flujo de los medios de comunicación. En su última exposición, el artista cubano Luis Cruz Azaceta refleja principalmente uno de sus temas favoritos: la violencia; pero en este caso, no la representa como en sus obras anteriores, en las cuales mostraba a la víctima y el acto de violencia. En lugar de eso, está interesado"en explorar el impulso de la violencia a través de la realidad y la ficción... en el intercambio de la violencia y su impacto en nosotros, los espectadores". Aquí, la violencia parece más gráfica, más anónima y más explosiva (literalmente, en forma de improvisadas bombas de tiempo), pero, al mismo tiempo, parece más artificial, debido a que los límites entre la violencia real y la ficticia se han hecho borrosos, y las imágenes han sido "filtradas" por uno o más medios (como las fotografías de las pantallas de televisión de Heaven’s Gate III o Bank Robbers 3, ambas de 1997). En este contexto, el artista inserta caracteres similares a iconos que sufren silenciosamente y se someten pasivamente (casi ninguno de ellos parece tener manos, y a algunos también les faltan los pies) al dolor y al desmembramiento. Los caracteres, que evocan las figuras humanas de las obras de Francis Bacon, Goya y Munch, aparecen decapitados, amputados y torcidos, y son testigos involuntarios o forzados del continuo, repetitivo y nada informativo flujo de cuadros que tienden a moldear la realidad a su imagen, en constante cambio. Una elocuente metáfora para este fenómeno de los medios es la serie de tiras de fotografías recubiertas de metal utilizadas independientemente o en el contexto de obras más grandes. Las tiras son como canales de televisión que suministran faranduleros documentales a su alienado y confundido público.

Durante los últimos veinte años, Cruz Azaceta ha venido tratando los mismos temas: exilio, aislamiento y violencia urbana y, aunque emplea la ironía y el sarcasmo para reflexionar sobre estos temas, como en Involuntary Kamikaze (1996), su obra siempre lleva impreso un sentido de tragedia (que es aún más obvio y potente en las obras relacionadas con el atentado terrorista ocurrido en la ciudad de Oklahoma), enfatizado por los autorretratos omnipresentes del artista exhibiendo una permanente expresión de tristeza y un ligero parecido con Cristo. Como él mismo lo anota, cuando una imagen aparece aislada en el centro de un fondo vacío, se crea algo que es percibido como un objeto religioso.
El elemento más impactante de las pinturas y collages incluidos en la exposición Breakout es la ausencia virtual de los colores brillantes que caracterizan la obra anterior de Cruz Azaceta. En su lugar, la mayoría de los cuadros están hechos con tonos tierra, con carboncillo sobre madera, capas de yeso y una capa de laca rociada. Además de esta muy austera selección de materiales, el pintor utiliza fotografías, tachuelas metálicas, animales disecados, barricadas y otros objetos que se encuentran. Lo que es notable son los fuertes contrastes creados mediante la oposición de superficies duras y objetos blandos (como bolas de juguete o telas), bordes metálicos cortantes y redes flexibles, así como materiales opacos y brillantes. Un contraste interesante es la utilización de fotografías a pequeña escala en pinturas de gran formato. Esto fuerza a los espectadores a fijar la vista dos veces, los anima a hacer una segunda interpretación, y los atrae hacia la superficie de las pinturas, imponiendo así una participación simbólica. Cruz Azaceta no pretende hacer grandes revelaciones a través de su esfera de los medios inundada de violencia, y de sus imitaciones faltas de belleza, sino que intenta ofrecer argumentos irrefutables para su desesperanza.
NAIEF YEHYA
