Actualmente, Nueva York está experimentando la oportunidad de reexaminar el expresionismo abstracto, especialmente en las obras de Mark Rothko y Jackson Pollock. El hecho de que estas retrospectivas se estén llevando a cabo bajo el estandarte de Importantes Eventos Históricos Artísticos, y de que hayan sido bien recibidas por el público en general e, incluso, por los críticos más conservadores, parecería estar enterrando definitivamente este tipo de arte. La vigorosa pintura abstracta llena de bravatas, machismo y espiritualidad parece ser verdaderamente, de una vez por todas, cosa del pasado.
Además, está la actual serie de pinturas de Juan Gómez en su primera exposición individual, en la Audiello Fine Art. Gómez, nacido en Colombia y graduado recientemente en el School of Visual Arts de Nueva York, hace un movimiento sorprendente para un joven y bien educado artista: en vez de trabajar en una forma neoconceptualista o derivada del pseudofolk, Gómez toma una postura como pintor abstracto.

Durante las últimas temporadas, se ha hablado mucho de la resurrección de la pintura. Sin embargo, no se ha dicho nada acerca de un regreso al tipo de abstracción lírica, gestual, que hace medio siglo puso a Nueva York, por primera vez, en el mapa del arte internacional. A pesar de esto, Gómez logra hacer que una estética que fue desechada hace mucho tiempo por haber descendido hasta convertirse en un cliché, de repente parezca fresca y digna de ser considerada. Sus obras son bastante grandes en escala y en su trazo, y el arco de su arrollador pincel parece mezclar sus colores en la superficie del lienzo. El tono general de sus pinturas es un oscuro café grisáceo, tal vez haciendo referencia al ambiente urbano en el que fueron hechas, pero dicho tono se disuelve con pequeñas cantidades de fuertes y brillantes rojos, blancos y amarillos. A pesar de la espontaneidad del gesto, estas pinturas tienen una apariencia elaborada, con imágenes horizontales y verticales descomponiéndose unas a otras de manera expresiva y organizada. Lo borroso de los colores y la congelada gestualidad son casi reminiscencias de las abstracciones de Gerhardt Richter, excepto que Gómez parece pintar sin un rastro de ironía o preocupación por el bagaje histórico del arte.
Es demasiado pronto para decir si Gómez logrará conferirle una nueva validez a la pintura de acción del pasado, o si en muy poco tiempo agregará su nombre a la lista de competidores con pocas posibilidades de ganar. El camino que ha escogido conduce muy fácilmente al decaimiento de una parodia amanerada del yo, pero, por el momento, es posible que pueda estar creando una nueva prosa y poesía de una lengua, en otros tiempos, muerta.
JOHN ANGELINE
