Para la exposición inaugural de su nueva sucursal en Coral Gables, la Galería Durban Segnini celebra la obra de Jesús Rafael Soto, uno de los grandes maestros latinoamericanos del arte, con una pequeña aunque elegante selección de sus trabajos de los años noventa. La exposición también festeja el vigésimo quinto aniversario de la creación de la Fundación Jesús Soto, en el Museo de Arte Moderno de Ciudad Bolívar, Venezuela.

Incluso antes de su estadía en París durante los años cincuenta, Soto estaba interesado en la dinámica de la plástica y en las interrelaciones de forma, espacio y movimiento. Durante muchos años le han preocupado los elementos de materiales y movimiento, en una dialéctica multidimensional que trata los temas conceptuales del tiempo y el espacio. Sus obras cinéticas crean su propio espacio, un escenario fluido, impreciso, cultivado por una interacción lineal. A menudo, el artista ha afirmado que quiere dibujar en el espacio; que sus obras son como signos o notaciones simbólicas en el espacio —que se mueven. Pero el movimiento que él crea no es un movimiento físico manifiesto sino, más bien, una vibración sensorial desencadenada por las acciones del espectador en relación con lo que parece ser una estructura estática. El centelleante efecto sobre la retina es tan fascinante como cautivador.
Las obras de esta exposición incluyen una variedad de formas diferentes que se han vuelto características de su obra a lo largo de los años, y que van desde los Penetrables en pequeña escala, la sorprendente proeza de colgar construcciones lineales que invitan al espectador a participar o a entrar en sus ritmos visuales y sonoros; pasando por objetos tridimensionales de modesto tamaño que también contienen elementos cinéticos; hasta murales denominados Escrituras, que demuestran su agudo sentido de la organización geométrica y el diseño lineal —sus dibujos en el espacio. A Soto, quien se considera a sí mismo un pintor que tiene la intención de ir más allá de las dimensiones meramente cinéticas (en movimiento), en el espacio de los materiales bastante comunes, también le preocupan la transformación de los elementos, las percepciones y las experiencias metafísicas. Esto es particularmente obvio en las Escrituras. En Escritura Hilda, 1998, la energía de su dinámica lineal traspasa los confines del marco para llegar al espacio, deshaciendo la obligada composición enmarcada y provocando una evaluación de las variables plásticas de la línea, el color y la forma. La misma esencia de la pintura abstracta es expandida hasta la tercera dimensión. Efectos similares se obtienen en Vibración azul y negra, 1998, y Vibración en color, 1994, pero en forma diferente, Vibración azul y negra se compone de elementos lineales dibujados libremente, mientras que Vibración en color combina una estética geométrica más rigurosa, basada en la repetición de estructuras cúbicas y en la precisión de la cuadrícula lineal. La consistencia de la visión de Jesús Rafael Soto a través de los años es aún evidente en su grupo de objetos contemporáneos que despliegan sus característicos efectos ópticos, y en la amplitud de su imaginación. Sus obras todavía soportan la prueba del tiempo.
CAROL DAMIAN
