La reciente exposición del artista Iván Rickenmann, titulada Cielo roto, fue presentada en la Galería Diners durante el mes de noviembre.
Sobre los lienzos, observamos un espacio en el cual priman la pintura y el dibujo. Aquel sitio solitario, frío, abandonado y en cierto sentido tranquilo, fue contemplado y estudiado desde diferentes puntos de vista y aproximaciones. Es así que el artista posibilita al espectador entender una manera bastante particular e interesante de percibir y apropiarse del espacio. Los azulejos insinúan un baño, el tratamiento que les es dado hablan del paso del tiempo y de las inclemencias de éste sobre las cosas. Aquel lugar abandonado se llena de una especie de pátina que quita el brillo a las cosas, las convierte casi en monocromáticas, en otras palabras, las ensucia.

El ojo del artista, en esta ocasión, se asemeja al lente de una cámara fotográfica que recorre y, finalmente, se concentra en los rincones y detalles como elementos capaces de narrar aquello que resulta tan interesante como la visión general del lugar, pues también están cargados de historias que el tiempo transforma de manera inevitable. Entre las líneas que crean las baldosas se encuentran fantasmas humanos, personas que abandonan y dejan atrás los sitios que en algún momento habitaron y protagonizaron.
Enfrentarse a la pintura de Rickenmann, es como visitar una casa a punto de derrumbarse, pues toca caminar despacio y mantenerse alerta. Invita a preguntarse ¿qué tantas cosas han pasado por aquí? Resulta ser entonces una visita silenciosa y solitaria, llena de sorpresas reveladoras, escondidas en aquellos rincones que anteriormente he mencionado.
A nivel formal, los detalles de espacios urbanos vacíos sobre los lienzos se componen de varios elementos reunidos de manera armoniosa como el dibujo y la pintura, donde ninguno prima sobre el otro, sino que más bien se complementan. Así mismo, elementos como los baldosines que sufren el paso inexorable del tiempo, unidos a ciertas franjas u objetos que recuerdan que todo se convierte en basura después de cumplir su función, como los bombillos que aunque no estén rotos, ya no alumbran. Las franjas de rayas o líneas de color contrastante son las que se encargan de devolvernos a la actualidad, de crear espacios de tensión dentro de la obra y de romper con la tendencia monocromática.
MARCELA MEDINA
