Exposición Individualene 1999 - mar 1999· Por Ana Elena Mallet

Ignacio Iturria

Museo Rufino Tamayo

El tiempo de las cosas es el título de la exposición de Ignacio Iturria, que se presenta desde el 3 de septiembre y hasta el 1º de noviembre en el Museo Rufino Tamayo de la ciudad de México.

La obra de Iturria obliga al espectador a regresar al hogar. Sillones, cajoneras, camas y mesas —ya sean pintadas en el lienzo o construidas con cartón y papel— nos remiten a lo sencillo y lo cotidiano. La vida en una enorme y ruidosa urbe puede ser distinta tras las paredes de un cuarto donde se vive, se come y se duerme. Es en esas habitaciones que nos abre el artista donde se comparten los momentos de intimidad, y los seres se interrelacionan para descubrirse. Iturria, a través de sus creaciones, permite al espectador acercarse a estas escenas domésticas, convirtiéndolo en un voyeur que inevitablemente se detiene y reflexiona ante la imagen.

Exposición Individual: Ignacio Iturria — imagen 1
Ignacio Iturria. Estante de los remedios, 1997. Óleo sobre tela. 230 x 180 cm.

Entonces surge la nostalgia por el tiempo de las cosas, las familiares que poco importan, pero que al fin y al cabo son las de todos los días. La alusión al tiempo en el título tan sugerente de la muestra, revela la intención de Iturria de captar y congelar esos pequeños instantes que normalmente se dan como un hecho y que, sin embargo, son lo que constituyen la esencia de la vida.

Estos objetos y personajes que reconstruyen lo doméstico son el medio del artista para mostrar las preocupaciones que le aquejan hace ya casi una década, y que se convierten en las aflicciones del fin de siglo: la soledad, el aislamiento, el rigor de la modernidad y la búsqueda de identidad.

Los múltiples retratos de personajes cuyos rostros están apenas esbozados recuerdan a las fotografías de convictos que manifiestan una profunda soledad. Efigies contemporáneas que se colocan frente al espectador para que interprete el pasado y les construya un futuro. El concepto de tiempo, tan evidente en la obra de Iturria, es descrito en imágenes como un tren a gran velocidad que pasa ante los ojos de sus personajes y nada se puede hacer para detenerlo.

Las constantes iconográficas en la obra de Iturria reiteran su discurso humanista: la quimera que siempre guarda un acertijo dentro y que será el espectador quien —para bien o para mal— lo resuelva, de la misma manera que debe resolver su vida. El avión siempre en vuelo transporta los extractos de la memoria y remite también a los constantes viajes y cambios que padece el ser humano en la época actual.

El manejo de la técnica es utilizado por Iturria para completar su mensaje; pareciera que estos seres extraídos de su imaginario fueran devorados por la vastedad de los lienzos cubiertos de ricos empastes. Otras veces, la simpleza del color extraído directamente del tubo lo lleva a crear figuras que se ven apabulladas por la amplitud de los fondos.

Obras como Reflejo del elefante chupando dan testimonio de su oficio y su claro desarrollo; es entonces cuando sucede lo esperado: la transmutación de lo bidimensional a lo tridimensional. Directamente de la pintura, Iturria pasa a la escultura construida con metal y cartón. En esta muestra, Ignacio Iturria, valiéndose de óleos, esculturas y objetos construidos, explora profundamente el espíritu humano y sus contradicciones, revelándose ante los ojos del visitante como un filósofo contemporáneo cuya premisa final es la cuidadosa contemplación del entorno.

ANA ELENA MALLET

Ignacio Iturria, por Ana Elena Mallet | artnexus