Exposición Individualene 1999 - mar 1999· Por Rubén Gallo

Fabio Kacero

Kravets/Wehby Gallery

Esta es la segunda muestra en Nueva York del artista argentino Fabio Kacero, y su primera individual en esta ciudad. Kacero es contemporáneo de toda una generación de artistas abstractos bonaerenses —como Pablo Siquier, Fabián Burgos y Magdalena Jitrik— que en tiempos recientes han salido, viajado y mostrado su trabajo dentro de un contexto internacional. En 1995, Kacero había participado en The Rational Twist, una muestra de arte joven argentino, con una serie de grandes "botones" o "píldoras" cuya superficie acolchonada estaba adornada con diseños y patrones abstractos. Para su primera muestra individual, Kacero realizó una docena de obras nuevas de pequeño formato: se trata de pequeños plásticos de 5 x 5 centímetros —a primera vista dan la apariencia de ser diapositivas o transparencias— en cuya superficie el artista ha plasmado una serie de patrones y figuras geométricas. Algunas de estas obras —que por lo general no llevan título— sobreponen varios plásticos, uno sobre el otro, hasta formar una especie de cubo minúsculo. El resultado es una compleja composición en donde se sobreponen y mezclan los patrones de todos los pequeñísimos cuadros. Estas afortunadas creaciones se suspenden del muro por medio de una casi imperceptible estructura de metal, como si fueran cuadros. El visitante, que se ve obligado a inclinarse y acercar sus pestañas a estas piezas, no puede sino establecer cierta intimidad con ellas.

Exposición Individual: Fabio Kacero — imagen 1
Fabio Kacero. Sin título, 1998. Película y plástico. 7 x 7 x 13 cm.

En su obra colaborativa La peinture moderne (Paris: Éditions G. Crès, 1928), los franceses Amédée Ozenfant y Le Corbusier explicaron la importancia de la geometría en la arquitectura y el arte modernos. La geometría es uno de los síntomas de la civilización: en el campo, por ejemplo, frutas y verduras yacen en pilas y montones que carecen de todo orden estructural, mientras que en la ciudad los mismos productos, al ingresar al mercado, quedan ordenados en perfectos montones simétricos organizados por especie y por color. Se trata del mismo orden que impera en la estructura cuadriculada de nuestras ciudades modernas, con sus calles y avenidas trazadas en perpendiculares perfectas. Esta asociación entre la geometría y el orden de la civilización es lo que llevó a los pintores modernos a someter sus creaciones artísticas al más riguroso orden geométrico. Toda la carrera de Piet Mondrian puede verse como un refinamiento cada vez más perfecto de la pureza geométrica.

Esta es la tradición moderna dentro de la cual se insertan las nuevas creaciones de Fabio Kacero. Los elementos geométricos provienen de planos industriales y arquitectónicos: son patrones y diseños que han sido despojados de toda función práctica (la función para la que servían en los diagramas y planos originales), y transformados en una minúscula pero afortunada "oda al orden geométrico". En estas pequeñas piezas encontramos el mundo perfecto, el universo ideal del modernismo en donde los principios de la composición geométrica dominan y determinan todo.

La obra de Kacero se caracteriza, ante todo, por una gran frescura. Y esta frescura nunca ha sido tan evidente como en el contexto en donde se expusieron estas piezas en Nueva York: Chelsea. Chelsea —la última moda geográfica del mundo del arte neoyorquino— es una verdadera aberración. A diferencia de las galerías de SoHo, que en los años setenta cobraron fama por la visión personal de cada galerista, que se reflejaba en la arquitectura y en el diseño altamente subjetivos del espacio, pareciera que las galerías de Chelsea han sido producidas en masa. Al igual que los locales comerciales del Mall of America, las galerías de Chelsea son todas iguales: el mismo piso, los mismos techos, la misma distribución del espacio, los mismos detalles high-tech, y probablemente el mismo arquitecto. Las galerías de Chelsea son el último producto impersonal de una industria de la cultura que todo lo homogeneiza; son los McDonald's del mundo del arte.

Es por eso que dentro de ese mundo deleznable de Chelsea sobresalen las galerías pequeñas como Kravets/ Wehby, modestas salas de exposición cuya pequeña escala (esta galería tiene tan sólo una sala de menos de 20 metros cuadrados) es como un soplo de aire fresco entre los mamotretos de Chelsea. Y la pequeña escala de esta galería se adecúa perfectamente a la pequeña —pero sustanciosa— escala de las nuevas creaciones de Fabio Kacero: utópicas miniaturas que contrastan con las ambiciones monumentales del mundo del arte neoyorquino.

RUBÉN GALLO

Fabio Kacero, por Rubén Gallo | artnexus