Exposición Individualene 1999 - mar 1999· Por Juan Carlos Palenzuela

Asdrúbal Colmenárez

Museo de Arte Contemporáneo de Caracas

El fin de siglo conlleva una serie de discursos sobre la recepción del pensamiento, su agotamiento, la desilusión imperante, la falta de fe e ideologías y, al mismo tiempo, la revisión de cuanto ha hecho el hombre, el exceso de información e imágenes. Asdrúbal Colmenárez es un venezolano residenciado en París desde hace treinta años, quien en su más reciente exposición asume la evocación libérrima del conocimiento, las estéticas, las nociones e interrogaciones que fueron delineando la época. 

Colmenárez exalta el hecho conceptual de la obra de arte, la nitidez de dichos conceptos y el aprendizaje de la historia del arte. Asimismo, se interesa por el resultado final del arte, por su trascendencia ética y la esencia reflexiva que debe implicar.

Exposición Individual: Asdrúbal Colmenárez — imagen 1
Asdrúbal Colmenárez. Vista de la obra presenta al interior del MACCSI, 1998. Técnica mixta. Dimensiones variables.

La exposición de Colmenárez está compuesta por varios paneles que dan cuenta de los íconos que definieron este milenio, cuya característica más pronunciada fue lo nuevo. Novedad de posturas, de actos, de obras. Originalidad, innovación, actualidad. Lo nuevo en la imagen condensada de Colmenárez se reduce a diez telas-murales y doscientas treinta obras memorables. Con ello se propone evidenciar la sensibilidad ante el hecho artístico y rehacer los sentidos de una información cronológica cruzada.

La modernidad diluyó la frontera entre pasado y presente e hizo coetaneidad de lo anterior. Colmenárez trae a relación las vanguardias históricas, desde las Señoritas de Avignon hasta Penk, Clemente, Baselitz, Spoeri, Beuys o Mapplethorpe, entre tantos otros reunidos en su último cuadro. El sentido del  balance es un signo de los tiempos. El arqueo de fuentes e hitos, el criterio ante la historia y el certificar los desenlaces de esta época es un asunto iniciado por Robert Rauschenberg desde finales de los años cincuenta, con la acumulación de citas como expresión de su misma obra, mientras que en ciertos capítulos de Fernand Léger o Joaquín Torres-García, la confluencia de factores está en función de la propia creación, en la formulación de sus espacios. El pintor Erro, por su parte, relacionaba la historia del arte para celebrar algunos de los personajes del siglo, como en su Pollock de 1966 (Col. Centro Pompidou). En los años ochenta la actitud de Basquiat implicó un recorrido por el arte, así como en el medio venezolano Carlos Zerpa, en sus exposiciones India Nova, de 1987, y Héroes y villanos, de 1989, establecía cruces por los modelos de la modernidad. Ahora, Colmenárez dispone tanto de la sucesión de pinturas (y algunas esculturas) como de fechas o datos referenciales.

El arte hoy, dice Jorge López Anaya, se distingue por su simulacro. Asimismo, queda en el espectador, como pocas veces, la actitud reflexiva. Estas nociones ya aparecían en la obra de Colmenárez, desde su Alfabeto polisensorial, de 1978, hasta este recorrido que él denomina Transposición.

Por último, llama la atención que en la selección de Colmenárez, a través de doscientas treinta obras puntuales de Occidente, sólo figuren cinco latinoamericanos (Diego Rivera, Torres-García, Lam, Tamayo y Soto), con lo cual deja pasar la oportunidad para hacer una relectura del proceso desde una posición no eurocentrista.

JUAN CARLOS PALENZUELA

Asdrúbal Colmenárez, por Juan Carlos Palenzuela | artnexus