Una exposición de objetos y videoinstalación presentó Ana Claudia Múnera (Medellín, 1966). La artista ha venido trabajando sobre la mujer y su oficio, ofreciendo una particular poética con los elementos, texturas y máquinas, relacionados con el trabajo privado. Sus alegorías han alcanzado diversas lecturas que involucran la sexualidad y aluden a la violencia y la muerte como señales inevitables.
Para esta exposición individual, Ana Claudia Múnera mostró su video Vestido de novia (1997), una instalación compuesta de tul y satín, con dos monitores, enseñando unas manos laboriosas cosiendo un velo infinito. Al tiempo, el poema de San Juan de la Cruz se deja oír, aludiendo a los amados. Ronda (1998) mostró un círculo de máquinas de coser antiguas, unidas por hilo rojo. Tejiendo conjeturas están las cuerdas rojas como venas con sangre, y los aparatos del vaivén que se insinúan como torturadores. Matriz (1998), un objeto que contiene el video de una lengua ambigua que también luce como un sexo activo. La disposición de las máquinas y la resolución del diseño final acuden a ofrecer una forma que se articula muy bien con el esquema de las trompas de falopio.

Las otras dos obras que componen la muestra usan la fotografía y la serialización como medios. Autorretrato y Canesú (1998) se insinúan como imágenes conmovedoras y subvertidas, evocadoras de la contención.
Con una mirada aguda de su entorno, estos trabajos singularizan el uso del video, la instalación y el objeto, recreando situaciones y produciendo un poder simbólico que disloca los materiales y elementos usados.
Carlos Salas Silva (Pitalito, Huila, 1957) reunió trabajos en gran formato, de su transitar por la pintura en la década de los años noventa. En ese lapso, es posible verificar la reflexión que el artista hace sobre el color y la materia, así como también del formato, la superficie y la gestualidad. El los convierte en argumentos eficaces y cuestionadores, y así la pintura se vuelve una aventura formal y mental.

Su propuesta incluye el uso de lienzo, madera, acrílico, fotografías e imanes como ingredientes para generar una conciencia de la abstracción y un señalamiento de la vulnerabilidad de la superficie, así como de lo relativo de la composición. O, para usar sus propias palabras, "lo inestable en la lectura generada por las ficciones pictóricas hace insoluble a la pintura. Flota como gotas de aceite en el agua clara del pensamiento racional".
La preocupación de Salas Silva está centrada en la búsqueda de interrogantes en torno a la redefinición de lo pictórico. Curiosamente, el cuadro de 1993 se apoya en la afirmación de Degas: "Pintar un cuadro es como cometer un asesinato, es preciso tener previstas todas las coartadas". En esa línea de visión y comportamiento, sus abstracciones ingresan en el circuito de las apelaciones con múltiples intenciones. Cuestionadoras e inquietantes, sus obras provocan una multiplicidad de miradas, a la vez que plantean propuestas interactivas y efectivos contrapuntos.
Esta selección de obras notables realizadas entre 1990 y 1998 conformaban una antología oportuna, y se erigía como opinión entre las tesis sobre el estado y el papel de lo pictórico en el desarrollo paralelo con las otras disciplinas visuales.
MINGUEL GONZÁLEZ
