Exposición Individualene 1999 - mar 1999· Por Luz Sepúlveda

Alejandro Pintado

Galería Praxis

Alejandro Pintado (ciudad de México, 1973) hace un recorrido por el Distrito Federal a manera de un clandestino observador que toma una cautelosa distancia ante lo que sucede. Las representaciones de seres anónimos que a la vez le dan la espalda al espectador, o las siluetas sin rostro que nos invitan a un diálogo encontrado de presencias/ausencias, son los rasgos distintivos en las fotografías digitales del artista.

Los personajes sobrepuestos a fotos manipuladas de distintas avenidas de la ciudad parecen estar tan cerca de nosotros y a la vez tan compenetrados en su ensimismamiento, que es difícil dilucidar si su relación con el espectador es de una sutil e intencional ignorada, de una farsa, o simplemente un juego estético para imprimir sobre el papel una resonancia de proximidad latente.

Exposición Individual: Alejandro Pintado — imagen 1
Alejandro Pintado. Partículas suspendidas, 1998. Impresión directa en R.C. 100 x 100 cm.

Los fotomontajes electrónicos que Alejandro Pintado coloca sobre madera nos remiten a aquella situación de la urbe contemporánea a la cual la teórica Celeste Olalquiaga denomina —basándose a su vez en Roger Caillois— la sicastenia. Se trata de un fenómeno biológico/sociológico en el que el ser y sus alrededores se funden en una sola identidad: "(es el) estado en donde el espacio real, cuyas coordenadas son determinadas por el propio cuerpo del organismo, se confunde con el espacio representado o simulado". Incapaz de demarcar —afirma Olalquiaga— los límites de su propio cuerpo, el ser humano sicasténico abandona su propia identidad para abrazar el espacio más allá de sí mismo, camuflándose en su medio ambiente (Megalópolis, 1993),

La tecnología avanzada nos obliga a reformular los paradigmas espacio-temporales dictaminados por nuestra sociedad del espectáculo. Partiendo de esta suposición, Alejandro Pintado se cerciora de que como "partículas suspendidas" busquemos más allá de las imágenes del primer plano para penetrar en el mundo que retrata como fondo velado y, así, ser testigos de aquellas circunstancias cotidianas que se nos anteponen como espejos.

Retratos manipulados en computadora, de coches en un embotellamiento, de seres alienados que deambulan sobre el espacio citadino, mapas imaginarios, signos de tránsito peatonales, símbolos que intentan nortear—cual brújulas hechizas— al espectador, imágenes de siluetas fragmentadas, puentes, calles, bardas, todo ello en gris, blanco, negro y algún rojo casual, son aspectos que el artista nos muestra con un particular distanciamiento sobre fondos rayados para hacer incluso mayor nuestra sensación de no pertenencia.

Alejandro Pintado rearticula a través de lo visual un diálogo concienzudo a partir del desmembramiento del cuerpo humano/ciudad: es decir, a medida que nuestro sentido de individualidad desaparece en la inmensa metrópoli, se reconstruyen los rastros que de ella quedan. El artista nos presenta los fragmentos homogéneos del espacio en el que circulamos: la repetición de iconos le sirve para ejercer un control de nosotros como habitantes observados en el paisaje multifacético de la urbe.

Elementos como la sobreposición de imágenes y planos, la combinación aleatoria de circunstancias en el mismo espacio, las veladuras que le añaden una fuerte textura a las obras, así como la aparente capacidad del ser para flotar sobre su ciudad, son características que el artista nos muestra incisivamente formando un elocuente discurso que nos obliga a cuestionarnos acerca de la identidad perdida, la confusión entre las fronteras que separan el cuerpo de su panorama cotidiano, y el posible resurgimiento de la valoración de la experiencia vivencial en una ciudad que ha robado nuestra imagen e intenta gobernar la percepción de los seres que la habitan.

LUZ MARÍA SEPÚLVEDA

Alejandro Pintado, por Luz Sepúlveda | artnexus