Exposición Individualoct 1998 - dic 1998· Por José Antonio Pérez Ruiz

Víctor Vázquez

Galería Botello

La Galería Botello exhibe la obra de Víctor Vázquez. Sus creaciones son un discurso estético en el cual predomina la óptica polisémica. De una parte, la retórica del conjunto aparenta ser accesible al gran público, pues entra en aspectos que confirman narrativas orales de dominio general. No obstante, la periferia de sus concepciones está subordinada a contenidos latentes de carácter antropológico. La capacidad para expresar simultáneamente diversas ideas y situaciones interdisciplinarias proviene de la elasticidad conceptual existente, y nos conduce a explorar en esferas estéticas autónomas donde entran en acción múltiples elementos marginales. Un hecho evidente es que el artista realiza su producción consciente de los posibles y múltiples cauces existentes para la lectura de esos medios mixtos donde prevalecen impresiones imaginativas derivadas de la fotografía.

En la colección desplegada se destacan esos desdoblamientos anímicos cuyas potencias son de tal magnitud que se operan transfiguraciones físicas. Vázquez le otorgó al conjunto el título de La casa de las almas, en alusión al libro del pionero de los estudios relacionados con los fenómenos paranormales, Alan Kardec. Nos perpetúa a niveles artísticos esos instantes en que las puertas del inconsciente se abren para dar paso a manifestaciones sumergidas en los suburbios de la mente. De cierto modo, encuentra los recursos para traer a la realidad perceptible esa dicotomía angelicomefistofélica yacente en el ser. Puede que en ese punto radique la facultad para el manejo del escenario con el fin de interesar al contemplador a fijar su atención en su quehacer. Esa situación ocurre porque ayuda a que el poder de visibilidad del contemplador se acreciente a medida que trata de definir la acción. Es entonces cuando nos confrontamos con una multitud de elementos "marginados" cuya importancia se amplifica a medida que tratamos de explorar sus significados. Considero que uno de sus sistemas para reclamar la atención se concentra en hacer aflorar los desacuerdos violentos operantes en los planes psíquicos, y cómo éstos emergen hacia lo epidérmico.

Exposición Individual: Víctor Vázquez — imagen 1
Víctor Vázquez. El pan nuestro de cada día, 1998. Fotografía y técnica mixta. 10,1 x 10,1 cm.

En sus composiciones, los valores nacionales, religiosos, culturales, étnicos y de conducta se acoplan con asuntos de la historia habitual. Al llegar a este punto advertimos que los factores no visibles son los que dan continuidad y contigüidad a sus realizaciones. Por esta razón ha convocado a sus trabajos aquellas situaciones cotidianas que ensambla como si se tratara de altares dedicados a los escasos reductos de pureza sobrevivientes. Presenta así un panorama espiritual donde consigue proyectar imágenes sincréticas a partir de perspectivas profanas. A ese respecto, moviliza recursos maniqueos al evidenciar las antinomias existenciales. Pueden coexistir en sus concepciones lo bello y lo monstruoso, como sucede a diario. Mantiene una tensión dramática al descontextualizar la vida del plano real para trasladarlo a la obra de arte. Para entenderlo, debemos cruzar una frontera de aspecto frágil aunque sustancialmente resistente, como la superficie de un espejo. El fin es llevarnos de la lógica común a la del mundo paralelo de la estética. En este caso su dialéctica es comparable a la narrativa de Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas.

Víctor entra en lo autobiográfico y consigue dar paso a lo subjetivo. Dicha propensión le dirige a agitar las fuentes del sentimiento para cruzar el umbral de la metafísica a fin de traer a la conciencia la tirantez entre los asuntos celestes y terrestres, lo visible y lo invisible, lo humano y lo animal. Semejantes hechos se concentran en los sentidos como vía de acceso a estratos superiores de existencia. Son ellos los que nos llevan a vincularnos con esas reacciones al margen del pensamiento, que llamamos instintos. El linaje poético de sus creaciones le conduce a un eclecticismo evidente. De esa manera incursiona en las creencias individuales y colectivas a través de las cuales las personas reafirman la axiología identificadora que define el yo. Una vez se alcanza esa meta, puede salir de los límites territoriales para ingresarnos en esferas cósmicas. Trae así a la consideración pública lo prístino y lo contemporáneo que, al fundirse, constituyen entes reconocibles en todo momento. El cosmopolitismo de su producción es extraído de los principios universales actuantes en los asuntos locales.

La exposición celebrada por Víctor Vázquez es el inicio de una serie de presentaciones sumamente importantes. El 10 de julio de 1998 abrió una muestra en Counturier Gallery, en Los Ángeles, California. Cuatro días después inauguró otra en Martha Schneider Gallery, en Chicago, Illinois, y coronará este fructífero año con una apertura, el 25 de noviembre, en el Festival de los Tres Continentes, en Nantes, Francia, y luego su muestra pasará a París.

JOSÉ ANTONIO PÉREZ RUIZ

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