Diseminación, cruce y desterritorialización reza el subtítulo de esta muestra curada por Octavio Zaya con la intención de reunir enfoques artísticos que desde distintas realidades culturales sufren y gozan de los procesos globalizadores por los que avanza el mundo.
Transatlántico navega por buena parte del planeta y, al igual que sucedía con las hormiguitas de aquella obra exhibida en una pasada Documenta, los mundos culturales van perdiendo su pureza en cada viaje y las partículas de color de cada bandera se van fundiendo con las demás. Se trata de uno de los recientes proyectos curatoriales de Octavio Zaya para el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), el cual cierra una trilogía ficticia que puede trazarse junto a Desplazamiento (CAAM, 1991) y Entre zonas (Copenhage, 1996), todos a la zaga de problemáticas relacionadas con el origen, la identidad y las consecuentes pérdidas de territorio que las movilizaciones y globalizaciones funden y confunden en la contemporaneidad cultural.

Algunos conceptos resultan paradójicos puesto que la cultura contemporánea, a la vez que detecta un síntoma, se abandera de él y ya lo enarbola como condición excluyele. Así, el mapa pluricultural y mestizo de los últimos tiempos son los que se inscriben en el arte internacional mientras que las expresiones más autóctonas, vírgenes y desconocidas ocupan su lugar dentro de lo popular. El acceso a la contemporaneidad se efectúa bien mediante los canales de la tecnología (Internet, satélite, TV y cine internacional) o bien atracando de una u otra forma en los puertos centrales. Transatlántico reúne obras de artistas de todas las razas y culturas, pero todos se subieron al barco en Nueva York, París o Londres. La realidad neocolonial impera en esta aldea global y el arte se reconoce según los sistemas de mercado. El mundo se entremezcla gracias al comercio, el turismo, las migraciones, las guerras, los medios de comunicación social; las culturas viven en un estado de negociación constante y sufren transformaciones mediatizadas que transitan entre la pérdida, la alteración y la innovación.
Sobre estas aguas navega Transatlántico desde diversas realidades culturales casi treinta artistas contribuyen a esclarecer esta problemática que se debate entre la heterogeneidad y la hegemonía, la riqueza y la pobreza, la libertad y la dependencia, la autenticidad y las coincidencias.
Artistas, planteamientos y otras promiscuidades
Encontramos a bordo obras que re-crean lenguajes a partir de la reinvención o cruce de lenguajes originales: Xu Bing crea una nueva grafía en la que las letras de nuestro alfabeto se disponen según la estética de la escritura china con la que alimenta una base de datos en la que incluye más de un centenar de apellidos castizos escritos en un chino aparente. Yinka Shonibare recrea un salón Victoriano en el que todos los elementos de tapizado (paredes, muebles, alfombra, cortinas) son diseñados por el artista según la estética de las "telas africanas". Tan disímiles parámetros culturales se funden en un espacio en el que logran una peculiar armonía de gran belleza y múltiples lecturas donde las identidades se trasladan al terreno de lo orgánico, fluido y fundido. Miguel Ángel Ríos rehace mapas coloniales y acusa los tergiversados intereses que han manipulado a la cartografía y a sus causantes ideológicos.

Las pinturas aeropostales de Eugenio Dittborn y las clep- tocolecciones de Jac Leirner aluden al almacenamiento de experiencias-hechos-objetos producto de las movilizaciones espaciales.
Touhami Ennadre domina magníficamente el arte de la fotografía y lo impregna del sentimiento cultural (marroquí) del cual proviene: "en mi cultura no hay imágenes sino imaginación, en Occidente todo se reproduce, resulta predecible"; sus fotografías en blanco y negro contienen un halo de misterio, de oscuridad, de sueño. Un matiz enigmático también se percibe en las fotos de cicatrices-tatuajes que presenta Rosângela Rennó.
Proyecto Azúcar, Proyecto Cotton es la instalación de Marc Latamie, plena de significativos elementos que dibujan el mapa de la estructura colonial impuesta en el Caribe, basada en monocultivos, dependencia y esclavitud.
Un enorme misil blanco, obra de Gregory Green, introduce el tema de las armas, de la violencia como vehículo de poder, mientras que Juan Fernando Herrán (Proyecto Papaver Somniferum) trata el tema del cultivo y mercado de la amapola y su consecuente ilegalidad, en una hermosa instalación fotográfica, toxicomanía que desde el punto de vista farmacéutico y también fotográfico refiere Alejandro Kuropatwa.

Kay Hassan presenta La fuga, una instalación en la que numerosos objetos personales de un posible desterrado están dispuestos en el espacio obligando al espectador a transitar entre las bolsas, maletas, víveres y comestibles, velas, colchón, mantas, etc., de un posible homeless, un fugitivo, un hombre sin hogar.
Lovett & Codagnone trabajan en pareja y contrastan la intimidad de la relación homosexual con la desexualidad del espacio público urbano, mientras Shirin Neshat nos habla de la discriminación de la mujer en la sociedad musulmana, y Sergio Vega presenta una compleja instalación, Adán y Eva, en la que sexo, religión y naturaleza se encarrilan en un circuito ferroviario crítico y atrevido.
La Mirada indirecta, de Juan Carlos Robles, invita al espectador a asomarse por una rendija a través de la cual un sistema de reflejos y miradas lo enfrentan primero con unos ojos ajenos en los que pronto reconocerá su propia mirada.
Están presentes también el trabajo neoacadémico, artesanal, cargado de referencias, historia y contenido de Los Carpinteros; las detalladas imágenes terrestres obtenidas desde satélite, difundidas por Laura Kurgan; el policultivo asociado de Néstor Torrens, que convierte una sala del museo en un invernadero; el ciberespacio para artistas que propone Äda Web a través de Internet, y las obras de Oladélé Ajiboyé Bamgboyé, Candice Breitz, Olafur Eliasson, Renée Green, Moshekwa Langa y Aaron Salabarrias.
Finalmente, la experiencia se recoge en un magnífico catálogo espléndido en imágenes, textos y diseño, cuaderno de bitácora de esta travesía a través de diferentes perspectivas de este mundo- pañuelo.
ALEJANDRA POZO

