Exposición Individualoct 1998 - dic 1998· Por Natalia Gutiérrez

Tina Modotti

Biblioteca Luis Ángel Arango

El diálogo permanente con la teoría en el arte contemporáneo a veces hace olvidar que las anécdotas y los gestos de la gente común son necesarios para conectarse con las pequeñas o grandes angustias y alegrías de la vida.

Esta es la importancia de fotografías como las de Tina Modotti, tomadas entre 1923 y 1930, en una época de intensas reflexiones acerca del lenguaje fotográfico, en las que es necesario detenerse. Se planteó, por ejemplo, el problema de la forma, nítida y precisa, para afirmar en los objetos las líneas o la estructura. Es el caso de una de sus primeras fotografías, dos alcatraces, que entran inesperadamente en el plano como para constatar que para el ojo, además de flores, son dos líneas negras que terminan en corolas blancas. La reflexión acerca de la forma estaba implícita también en fotografías de objetos diversos pero de formas significativas, relacionados para comunicar algo más que su apariencia.

Comunicar, por ejemplo, el espíritu revolucionario de México, como en la fotografía Mazorca, guitarra y canana. Pero los problemas de la composición en esta época nunca fueron tan significativos, como cuando permitieron convertir los rostros humanos en símbolos, conciliando dos posibilidades de la cámara, como son su capacidad de registrar lo humilde y de ver formas independientes del tema. Las fotografías de niños mexicanos de Tina Modotti reflejan, más que ninguna otra imagen, la situación social y están más allá del cliché porque se nota que el fotógrafo no es un turista frente a la situación sino que, de alguna manera, se siente parte de ella, y su compasión escoge y fija para siempre lo que ve.

Exposición Individual: Tina Modotti — imagen 1
Tina Modotti. Escena callejera en Berlín, 1930. Fotografía y técnica mixta. 16,5 x 13 cm.

Es precisamente su compromiso afectivo con la vida y la revolución el que hace la diferencia de las imágenes de Tina Modotti con las de otros fotógrafos de la época como Edward Weston o Manuel Álvarez Bravo. La fotografía no fue para ella un fin en sí mismo sino un medio para vincularse más estrechamente con la realidad de una inmigrante permanente, que no escogió la pasividad sino la relación con los acontecimientos que la llevaran fuera de ella misma, como el compromiso político o el amor. Las pocas fotografías que tomó en las calles de Berlín en 1930, por ejemplo, tienen un toque de ironía porque su actitud le permitía reaccionar de manera instantánea y vital a cualquier situación y captar la incongruencia y lo inesperado, como la imagen de dos monjas que pasan frente a una estatua símbolo de la seducción femenina, o las fotografías de las actitudes de la gente en el zoológico.

Otro de los problemas planteados por la fotografía de la época era articular de manera precisa lo que se ve a través del encuadre. En sus fotografías el problema se soluciona escogiendo dentro de la masa el gesto exacto que relaciona las personas entre sí, como en Hombres leyendo el machete o en Marcha de campesinos. Podría afirmarse entonces que la sintaxis es protagonista de su obra por la capacidad de unir lo más significativo de dos situaciones en permanente cambio.

Tal vez esta actitud alerta es la que vincula sus imágenes con su vida, distante de los convencionalismos pero comprometida con lo que prometiera renovarlos. Tina Modotti nació en Udine, Italia, en 1896 en una región de valores tradicionales pero con una historia de luchas sociales que la llevaron a emigrar con su familia a San Francisco, California, en 1913. Su trabajo en una fábrica de textiles fue durante mucho tiempo el sustento de su familia y el comienzo de su interés por los cambios sociales y culturales, como el movimiento del sufragio para la mujer, el teatro y el cine. En su grupo de amigos pudo realmente educarse en lo que se podría llamar el espíritu de la época, enmarcada por Joyce, Freud y la revolución mexicana. A este país llegó en 1922 a raíz de la muerte de su primer marido, un pintor norteamericano que había buscado encontrarse allí con ideas de renovación. Llevaba consigo algunas fotografías de Edward Weston, a quien había conocido en 1921, y con él vivió y aprendió fotografía en ese país, entre 1923 y 1926. Realizó, sola y en compañía de Weston, fotografías de arquitectura, de artesanías y de los murales de Diego Rivera para diversos proyectos bibliográficos. Las fotografías de juguetes fueron un motivo para resaltar lo cotidiano y también las posibilidades de la fotografía de rescatar la textura y la esencia de las cosas. A medida que su posición política se radicalizaba, sus imágenes mostraban un mayor compromiso con la realidad mexicana. Es entonces cuando el encuadre se hace significativo, demostrando una comprensión instintiva de la fotografía como instrumento para captar el cambio. A propósito de esto Susan Sontang dice que en el mundo real algo está sucediendo y nadie sabe qué va a suceder, pero en el mundo de las imágenes ha sucedido y siempre seguirá sucediendo así. Tina Modotti logró fijar en sus imágenes de 1927 a 1929 instantes de una época de agitación en los cuales las personas se reunían para intentar cambiar sus vidas. Es deportada en 1930 a Berlín donde conoce nuevos amigos como Hannes Meyer, el director de la Bauhaus. Por sus intereses políticos viaja a Moscú y abandona definitivamente la fotografía. Viaja a España en 1935 como reportera y vive la guerra civil. En 1939 llega de nuevo a México y muere en 1942. Dejó, según Manuel Álvarez Bravo, una lección de madurez técnica y de solidez plástica para realizar verdaderos documentos humanos.

NATALIA GUTIÉRREZ

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