The Edge of Awareness

Adriana Varejão. Filho Bastardo, 1992. Óleo sobre lienzo. 110 x 140 cm.

Colectivaoct 1998 - dic 1998· Por Brian J. Mallet

The Edge of Awareness

Sede de la Organización Mundial de la Salud

Las Naciones Unidas y sus agencias especializadas a través del mundo poseen sustanciales colecciones de obras de arte, la mayoría de las cuales han sido donadas por los Estados miembros. Sin embargo, debido a la propia naturaleza de estas organizaciones internacionales, donde el criterio de la representación geográfica y consideraciones de política son factores cruciales, ciertos prejuicios subsisten respecto a la naturaleza "institucional" de este arte, el cual es visto como menos significativo en términos puramente estéticos, con poca probabilidad de hacer parte de las colecciones de los museos líderes o de ser presentado en las galerías comerciales. Por supuesto que hay importantes excepciones tanto a nivel colectivo como individual: ejemplos del primero incluirían las magníficas obras pertenecientes a la colección permanente de la OAS en Washington, y del segundo, el Cóndor sobresaliente de Alejandro Obregón, que cuelga en la sede de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra.

Otro prejuicio subsiste en cuanto a las exposiciones de arte organizadas por estas organizaciones internacionales, donde el elemento estético es a veces considerado como un vehículo para promover algún otro propósito no artístico donde los criterios curatoriales tienen poco peso. En tales circunstancias, fue una grata sorpresa ver que la Organización Mundial de la Salud, con motivo del quincuagésimo aniversario de su fundación, logró presentar en las instalaciones de su sede en Ginebra una exposición de arte contemporáneo, The Edge of Awareness, que pareciera haber tenido debida cuenta de las complejidades curatoriales que son intrínsecas a la organización de toda exposición colectiva de envergadura. En este caso, la selección de más de 40 obras de artistas contemporáneos del mundo entero constituyó una contundente confirmación de que la verdadera estética es inseparable de la política en el sentido amplio de la palabra.

La exposición, curada por Adelina von Fürstenberg, presidenta de la asociación Art for the World (y quien además organizó otra exposición titulada Diálogos de paz para las Naciones Unidas en 1996), constó de más de 40 obras en diversos medios presentadas en un pabellón especialmente diseñado para la muestra, así como piezas ubicadas en diferentes partes del edificio de la OMS y en sus jardines, incluida una serie de vallas exteriores.

La muestra estuvo basada, a nivel temático, en la relación multifacética y simbiótica entre arte, salud y vida, emblemáticamente expresada en la valla de Alfredo Jaar (Chile), la cual citó la observación de James Baldwin: "La vida es más importante que el arte, eso es lo que hace importante el arte". Estos temas fueron explorados en una variedad de formas (vallas, pinturas, esculturas, instalaciones, video e Internet), las cuales generaron una multiplicidad de lecturas potenciales (estéticas, políticas, medioambientales, históricas, feministas, etc.)

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Touhami Ennadre. Las manos del mundo, 1998. Fotografía.

La exposición intentó ilustrar cómo el arte contemporáneo ha podido escapar del gueto de su marco occidental para adquirir una nueva forma de universalidad, la cual, aunque incluye elementos mágicos y rituales que no tienen nada que ver con los conceptos occidentales de técnica o función artísticas, no se asemeja en nada al sincretismo fortuito y la combinación de diferentes culturas encontradas en la teosofía, así como en gran parte del arte del período entre las dos guerras mundiales. Como la curadora lo señaló en su texto del catálogo, aunque el arte aún permanece inextricable e inexplicablemente vinculado al ejercicio de la razón, el arte también tiene su propia razón de ser y su propia irracionalidad, las cuales pueden ser transformadas por el artista en un acto de conciencia y de concienciación. Y fue precisamente este sentido de concienciación como acto de conciencia —the edge of awareness— el que fue comunicado de manera eficaz por tantas obras de esta muestra.

Las vallas incluyeron algunas de las extraordinarias fotografías de manos y caras —verdaderos paisajes humanos— de Touhami Ennadré (Marruecos), reflejos poéticos, vistos desde muy corta distancia, de la "luz negra" que para el artista se esconde en el corazón de la experiencia humana. Igualmente poética, pero mucho más ligera y graciosa, fue la máquina de burbujas de jabón, El momento perfecto, de Juan Galdeano (España), la cual evocó de manera lúdica la frágil y vulnerable naturaleza del cuerpo humano. Una sensación de poesía delicada, enriquecida por varios siglos de historia, fue comunicada por la valla de Miguel Ángel Ríos (Argentina), inspirada en la visión cosmogónica de los indígenas ventuari de Venezuela, y reflejada en el manejo eficaz de colores, contrastes y composición.

El corazón humano fue inevitablemente uno de los leitmotivs iconográficos de la muestra y apareció directamente en la obra de María Carmen Perlingeiro (Brasil) y Robert Rauschenberg (Estados Unidos). Otras presencias temáticas inevitables incluyeron el acto de nacer, como en la valla de Teresa Serrano (México), la destrucción ocasionada por la guerra, como en la obra de Silvie Defraoui (Suiza) y Sophie Ristelhueber (Francia), y en la impactante instalación de Alma Suljevic (Bosnia) con intervenciones pintadas sobre mapas. La "guerra" del colonialismo histórico y su devastación del cuerpo y de la mente de poblaciones enteras fue dramáticamente utilizada en el óleo sobre lienzo de Adriana Varejão (Brasil), titulado Filho Bastardo, representando el estupro de mujeres indígenas en un ambiente colonial, el cual se vuelve aún más chocante por la delicada atención a los detalles botánicos de la escena, el marco concienzudamente escogido y su forma ovoide y “tradicional”, pero sobre todo, por la cortadura chamuscada y brutal en el centro de la pintura, la vagina como un vestigio de la violencia que aún sigue su curso hoy día. Un tema similar, pero en el contexto de los efectos del sistema patriarcal sobre el sentido de identidad y la adquisición de poder por parte de la mujer, apareció en la obra Historias desde el útero, de Rekha Rodwittiya (India), que consta de una serie de acuarelas esquemáticamente estructuradas sobre odhanis.

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Juan Galdeano. Sin título (El mo­mento perfecto, IV movimiento), 1984-1998. Instalación con máquina y jabón lí­quido. Dimensio­nes variables.

Dado el propósito multifacético de la exposición, tal vez no sea sorprendente que las técnicas mixtas e instalaciones hayan sido predominantes. Estas incluyeron las pinturas sobre arena de Joe Ben Jr. (Estados Unidos), una obra en Internet de Fabiana de Barros (Brasil), un proyecto titulado Isla de aves, de Henrik Hakansson (Suecia), un video colectivo de Dimitris Kozaris (Grecia) y colaboradores, el proyecto Revivir el tiempo del árbol kaki, de Tatsuo Miyajima (Japón), que incluye la plantación de vástagos provenientes de árboles que sobrevivieron a la explosión atómica en Nagasaki; una obra en técnica mixta con cartón y muñecas de Olul Oguibe (Nigeria) y una compleja, aunque delicada, instalación de Reamillo & Juliet (Filipinas y Reino Unido) sobre los temas de la globalización, los instrumentos de homogeneización y la estratificación de la riqueza y la pobreza.

Una de las obras sobresalientes de la muestra fue la instalación de Nari Ward (Jamaica), titulada Gracia asombrosa (Amazing Grace), constituida por 280 cochecitos para bebé fuera de uso y una manguera de bombero —en lo que sólo se puede calificar como un toque maestro—, ubicada en el garaje subterráneo de la OMS. Acompañado del ritmo hipnótico del éxito musical de Aretha Franklin, Amazing Grace (un clásico de la música soul), el visitante era atraído hacia las escaleras que conducían al garaje donde pudo descubrir una sorprendente visión de intensas emociones del mundo perdido de la niñez y de todas nuestras oportunidades desperdiciadas para mejorar el mundo y la manera en que actuamos en la vida. Esta obra alcanzó una simbiosis perfecta entre la política y el patetismo. Aunque las instalaciones monumentales de Ward son claramente inspiradas en la obra de artistas pertenecientes a la corriente principal (mainstream) como Arman y Christo, ellas tienen además una calidad espiritual conmovedora la cual, como señaló Veerle Poupeye en su reciente estudio sobre el arte caribeño, es también tributaria de la reconciliación del pasado ancestral con el "aquí y ahora" de las ruinas urbanas y el desarraigo existencial.

Pat Steir (Estados Unidos), en su nota para la valla que presentó en la muestra, interpreta el tema del edge of awareness como el "conocimiento siempre presente, algo sabido, pero no tratado directamente...sentimientos que rondan, hechos medio conscientes...no vistos, vacilantes en el filo de una 'comprensión consciente'". Esta exposición, que también incluyó otros trabajos notables no mencionados en esta reseña, esbozó algunos de los contornos de esta "comprensión consciente", al mostrar que el verdadero conocimiento es también inseparable del sentido de conciencia y, por consiguiente, que todo arte auténtico es necesariamente arte conceptual a la vez que emocional.

Después de su presentación en Ginebra, Suiza, The Edge of Awareness viajó a los Estados Unidos durante el pasado verano, donde fue montada en el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York y en el PS1 Contemporary Arts Center, en Long Island City. Posteriormente, se trasladará al SESC Pompeia en São Paulo, en el marco de la próxima edición de la Bienal de São Paulo, y terminará su itinerario en la primavera de 1999 en la Rabindra Bahvan Lalitka Academy en Nueva Delhi. La exposición incluye la publicación de un excelente catálogo bilingüe a todo color de más de 200 páginas, con textos de varios críticos y escritores, incluidos Okwui Enwezor, director de la Bienal de Johannesburgo en 1997, y Apinan Poshyananda, uno de los comisarios de la Bienal de São Paulo de 1998.

BRIAN J. MALLET

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