Tejidas de contrastes, las piezas de Teresa Serrano se sitúan en el ámbito perturbador entre la dureza y la fragilidad de la existencia. Quizá la incomodidad que causan sus obras escultóricas provenga de la frialdad del acero inoxidable en combinación con la delicadeza de encajes, gasas, cabello y espejos. Pero su mayor cualidad reside, desde mi punto de vista, en el establecimiento de una atmósfera indeterminada entre la idea, el objeto y la percepción. A esto contribuyen ciertamente los elementos más etéreos: acrílicos translúcidos, encajes y velos transparentes que cubren parcialmente las construcciones rígidas de metal, agresivamente elevadas para penetrar el espacio. Contenidas en sí mismas, estas esculturas post-minimalistas surgen del ámbito industrial como artefactos inútiles de una vida práctica en donde se suspenden los ritmos, los pensamientos y también los objetos en un andar femenino.

En sus obras más recientes, los encajes han quedado atrás para explorar la imagen intangible del espejo y los tejidos con pelo bordado. La presencia del espejo, elemento simbólico tradicional de la vanidad y, aquí, de las apariencias vacuas en el mundo tecnológico, habla también del otro representado y, por lo tanto, del acceso a un mundo cifrado y enigmático. La mirada sobre uno mismo a través del reflejo enfatiza su ambigüedad en uno, dos tres. Pide un deseo (1997): de cada uno de los tres espejos rectangulares de cuerpo entero recargados contra el muro sale una larga cabellera, sin sujeto al cual le corresponda. A la inquietante imagen que refleja —la impasible sala de exposición, la irrupción de uno mismo como espectador y como participante en la obra—, se le añade la sensación de extrañeza de los materiales, tan incorpórea y volátil como un cabello que no pertenece a nadie y es reflejo de todos (y de todas).
De igual manera, Intacta (1995) juega con una forma cerrada de bandas circulares que en sentido descendente terminan en un recipiente con una malla de acero. El hermetismo medular y la protección defensiva que sugiere esta pieza no resguardan más que el aire y esas propias ideas. Por ello, es notable la perfecta congruencia en la utilización de los materiales con el lenguaje conceptual de la autora, adquirido a través de su contacto con el arte neoyorquino. Su presencia en el ámbito internacional y mexicano se ha hecho sentir cada vez más en los últimos diez años. Situada, como señala Osvaldo Sánchez, en el devenir de la vanguardia escultórica actual, dentro de una generación de artistas mujeres postminimalistas— al menos dentro de la vanguardia estadounidense y europea— "que deconstruyeron los paradigmas de la modernidad, y del reductivismo escultórico mínima!, socavando toda su ideología sistémica, su tecnologicismo triunfante, su morfología dura, su hermetismo emocional y su actitud perdurable..."
Hace unos meses, Serrano participó en la exposición The Age of Awareness, Art for the World, en Ginebra, Suiza, que recorrerá Nueva York, Brasil y Nueva Delhi. En este mismo año se presentó con otros artistas en Sense of Place fía, mientras que en 1997 participó en las bienales de La Habana y de Johannesburgo. Actualmente prepara un video para la Bienal del Barro en Caracas sobre las fatales vanidades del hombre y de la mujer modernos, mediante el manejo del marketing trans-nacional, con música de Frank Sinatra.
La exposición en la Galería Nina Menocal constituyó una importante retrospectiva que reunió obras desde 1995 hasta 1998, dando la oportunidad de apreciar su madurez desde la última muestra individual que la autora ofreció en México en 1993.
ANA ISABEL PÉREZ GAVILÁN A.
