Este trabajo sobre la obra de Ronny Vayda (1954) ha sido concebido igualmente como un homenaje a la ciudad de Medellín, en donde el escultor tiene una gran presencia. La capital de Antioquia es la segunda ciudad del país y, sin duda, una de las más bellas. En los últimos años se destaca también por su progreso y organización. La transformación urbana de Medellín a lo largo del siglo que concluye ha sido extraordinaria, y se ha revelado en muchas publicaciones. Al lado de edificios imponentes y avenidas muy amplias, la ciudad cuenta también con un buen número de obras de arte público, entre las que se destacan muchas esculturas. Desde el aeropuerto José María Córdoba, con sede en Rionegro, en donde se encuentran varias esculturas presididas por un Sol rojo de Edgar Negret, hasta la represa de Riogrande, donde aún crecen los yarumos al lado de Sendero, de Hugo Zapata, un camino de batolito triturado, de setenta kilómetros de recorrido en tomo de la represa —la obra más bella de Land Art del país—, Medellín cuenta con un surtido de esculturas públicas de excelente calidad. Estas obras pertenecen no sólo a los mejores artistas colombianos de los últimos decenios, desde Negret y Ramírez Villamizar —quien cuenta, entre otros, con el espectacular trabajo Muro abriéndose— hasta Ronny Vayda —que con Ramírez Villamizar tiene el mayor número de trabajos públicos en Colombia—, pasando por John Castles, Germán Botero, Alberto Uribe, Hugo Zapata, Luis Femando Peláez y Clemencia Echeverri, sino a destacados maestros latinoamericanos como Carlos Cruz-Diez, Sergio de Camargo, Manuel Felguérez y Julio Le Parc.

Los escultores mencionados, junto con varios colombianos —Negret, Carlos Rojas, Castles, Alberto Uribe y Vayda—, exornar el cerro Nutibara, uno de los parques artísticos más bellos que puedan encontrarse en el continente. Otros escultores latinoamericanos de prestigio que se encuentran representados en Medellín son Federico Assler, de Chile, con una obra que se remonta a la última bienal de la ciudad, en 1981, y Marta Minujin, de Argentina, con Venus de Milo fragmentándose con platanillos, contratada a partir del Festival Internacional de Arte de 1997. Botero, Castles —ambos, particularmente en los primeros años de sus carreras—, Alberto Uribe, Zapata, Peláez y Vayda tienen algunas de las obras públicas más importantes de la ciudad.
La ya extensa producción de Ronny Vayda se remonta a los primeros años setenta. Con la excepción de la escultura figurativa Monalisa, de 1975, el artista ha desarrollado una obra exclusivamente abstracta y dominada por la geometría. Valga anotar aquí, así sea de paso, que por el prejuicio universal de buscar representaciones en el arte no objetivo, hay gente que ve "figuras" en algunos de sus trabajos, en los Sables, por ejemplo, pero, al respecto, Vayda escribió a fines de 1997 que "No me interesa continuar la vieja polémica entre lo figurativo y lo abstracto. La línea que los separa obedece a razones que nada tienen que ver con las posibilidades y retos del arte de hoy"1. La producción del artista incluye piezas de interiores, algunas bastante pequeñas, y más de treinta esculturas públicas, muchas de gran escala e instaladas en sitios especialmente escogidos por Vayda cerca del edificio o en la urbanización que lo han contratado, o en el lugar de la ciudad que le han asignado de acuerdo con la municipalidad. En sus obras de los últimos años, el escultor exige además la remodelación completa del entorno, incluso andenes, prados y jardinería en general. Sin duda, es el artista que más se interesa no sólo por hacer que sus trabajos se vuelvan familiares —incluso funcionales—, sino por la intervención de sus propuestas en el espacio urbano. Por estas razones, aparte de sus bellos diseños, las esculturas de Vayda hacen parte de las obras públicas más importantes de Medellín, la ciudad que cuenta en Colombia con el número más grande de trabajos urbanos: más de ochocientos.

Antes de hacer referencia a estas esculturas, hay que analizar sus piezas de interior. En un principio, todas ellas se caracterizaron por el empleo de dos materiales: el hierro y el vidrio. Entre fines de los setenta y comienzos de los ochenta, el artista, de acuerdo con sus palabras, sólo buscaba concebir una estructura que le permitiera enfatizar contrastes de luz y sombra, superficie y profundidad. De igual manera, su principal objetivo era desarrollar conceptos relativos al interior de los objetos, así como establecer relaciones entre cuerpos opacos y zonas transparentes2. En 1982 trabajó numerosos cubos de hierro que cambiaban completamente por las texturas y los diseños incrustados o por estar violentados con pronunciadas torceduras. Estas piezas presentaron las primeras líneas curvas en la producción abstracta de Vayda. Siguieron muchas obras de hierro y vidrio y otras cuantas de hierro y cobre, las cuales insistieron en volúmenes reconcentrados, sombras dramáticas, rotaciones sorprendentes, secciones áureas y perfiles nítidos y elegantes. En un buen número, el vidrio se volvió protagónico, no sólo por su presencia física —realizada incluso por sus diferentes calidades— y lineal, sino por su disposición deliberadamente compleja. Por la calidad de su trabajo adelantado, el artista ganó uno de los primeros premios en el XXIX Salón Nacional de 1985. Eduardo Márceles se refirió así a la obra Sin título —como la mayoría de sus piezas en el decenio de los ochenta—: "La escultura de Ronny Vayda combina de manera acertada la dureza del hierro sin pulir, con la pátina de una oxidación natural y la fragilidad del vidrio. En esta relación dialéctica de los elementos, el metal asume la opacidad que contrasta con el brillo de matices azul-marinos del material transparente. La obra de Vayda denota ya la decantación conceptual de postulados estéticos nada convencionales en su conformación física sin pretensiones realistas"3.

Ya en este decenio, el artista ha realizado las series tituladas Yelmos y Sables —iniciadas en 1990—, en las que las esculturas tienen una presencia horizontal; la primera, a manera de cilindros acostados con acanaladuras diagonales, a veces bastantes profundas, y la segunda, con recuerdos de "armas" alargadas con incrustaciones de cobre, acero inoxidable, bronce o vidrio. De estas últimas obras, Luis Femando Valencia escribió: "Las cuatro piezas escultóricas que conforman la participación de Vayda en el último grupo de concretos de Casa Negret constituyen, sin ningún asomo de duda, lo mejor de la exposición. Denominadas Sables, son obras de una fuerte y reposada apariencia, cuya amplia horizontalidad se presenta amable a los ojos. La combinación de materiales... está balanceada con firmeza y con principios constructivos tan excelentemente bien utilizados que las obras eluden cualquier connotación decorativa"4.

Otros conocedores también se han referido positivamente a estas obras en las que sobresalen su elaboración y acabado. Si el escultor ha sido siempre un meticuloso "artesano" (que suele trabajar con asistentes cuidadosos), es innegable que en estas realizaciones logró un punto muy alto. Ha dicho Vayda: "Como escultor aspiro a extraer de la materia belleza, armonía, simplicidad. Los materiales con que trabajo me interesan por su solidez, su resistencia, su fragilidad, su nobleza. Cada uno de ellos debe hablar por sí mismo y establecer un diálogo con los otros. Desde siempre me he interesado por la naturaleza de los materiales, su piel, su oxidación, su transparencia. Son ellos, en sus relaciones, en sus afinidades y rechazos, los que generan la factura de la obra"5.

Mientras los Yelmos han sido hechos principalmente con hierro gris maquinado, los Sables reúnen dos y tres materiales —siendo el hierro el que sustenta las incrustaciones de vidrio, cobre, acero o bronce. Como siempre, las piezas deben observarse detalladamente porque están llenas de sutilezas. En los Yelmos son muy importantes los bordes con pequeñas irregularidades, y las líneas paralelas que se divisan en las muescas; en los Sables, las luces, las transparencias, los colores y las texturas contrastantes. En las dos series la geometría lo domina todo y hace que, como siempre, las esculturas aparezcan nítidas y lógicas, pero en los Yelmos también trabaja una geometría recóndita que convierte a las piezas en unos objetos realmente proteicos. En los últimos años han abundado los trabajos en pequeño formato, algunos no tan diminutos. En muchos se mantienen las curvas que nunca son orgánicas, y en la mayoría hay diagonales, volúmenes cerrados o escindidos, perfiles atractivos y, en ocasiones, inusitados. Han reaparecido algunos Sables y han hecho su aparición algunos relieves.
Entre 1983 y finales de 1998, es decir, en quince años, Vayda ha trabajado algo más de treinta obras públicas, algunas bastantes grandes. De ellas sólo se destacarán algunas: la del cerro Nutibara, la primera de todas —si se exceptúa la pieza del Museo de Arte Moderno de Medellín, de 1979, que por escala puede ser de interior—, una especie de muro muy grueso en lámina de hierro soldado y una faja de láminas de vidrio, un material que aquí sirve para aludir al agua que realmente aparece en la base de la escultura en una canal que nace de la faja mencionada. Pórticos, de 1985, del edificio La Cordillera, tres altas puertas, de hierro soldado sobre arenón negro, rematadas en "dinteles" que continúan los vanos de aquellas con las formas del cuadrado, el arco y el triángulo. Hexaedro, de 1986, del edificio Combeima, un cubo abierto sin dos de sus perfiles verticales, de hierro soldado sobre arenón negro, una obra de aspecto minimalista por su gran sencillez y claridad. Asteriscos, de 1987, del conjunto residencial Rincón de Castilla, cuatro grandes marcos entrecruzados, de hierro soldado sobre arenón negro, uno vertical, otro horizontal y dos inclinados, uno hacia la derecha y el otro hacia la izquierda. Gnodmón, de 1988, del conjunto residencial La Visitación, cuatro muros helicoidales, de hierro soldado sobre arenón negro, que en el envés se confunden en una sola superficie curva. Oigalo, de 1988, frente al conjunto residencial San Lorenzo, en El Poblado, un largo cilindro horizontal y virtual, de hierro soldado, concreto reforzado sobre arenón negro y diez metros de longitud, configurado por una serie de anillos abiertos y separados. Arcos, de 1991, del centro residencial Recinto de Viscaya, dos grandes arcos, de hierro soldado, "dibujados" a partir de un elemento continuo que, luego de diseñar el arco mayor de manera imperceptible, se desplaza para diseñar otro menor rematado en ángulo. En esta hermosa escultura, como en la mayoría de las más recientes, el espacio circundante fue cuidadosamente organizado por Vayda, en este caso en especial con senderos transitables. Equinoccio, de 1993, frente al Hotel Park 10, en El Poblado, composición de cinco arcos, de hierro soldado, estrechamente relacionados, distribuidos así: uno en el piso, dos cuadrantes paralelos al edificio y dos arcos paralelos entre sí y orientados hacia la calle. Un elemento continuo es el que "dibuja" estas figuras curvas con sólo dos partes rectas y verticales en el remate interior de los cuadrantes. Este admirable trabajo se encuentra instalado sobre una base de ladrillo con diseño de hemiciclos en tres niveles. Dicha base penetra en la calzada, hace que el tráfico disminuya la velocidad delante de la escultura y, obviamente, evita accidentes (que eran frecuentes en este sector en el que confluyen dos vías rápidas). La puerta de San Antonio, 1994-1995, al ingreso del parque del mismo nombre, que es al mismo tiempo plaza, jardín y galería, en uno de los sitios centrales de mayor transformación urbana de Medellín. La obra, de nueve metros de larga, ocho metros y veinte centímetros de alto y cinco metros, ochenta centímetros de ancho, construida en acero carbón Hot Rolled, es la más importante escultura realizada por Vayda hasta la fecha y una de las más sobresalientes en Colombia. Está constituida por un amplio marco y una extensa curva anudada que relaciona los dos altos elementos verticales. Realmente imponente, La puerta se yergue como símbolo de pujanza y desarrollo, recuerda los portones de la arquitectura tradicional de Antioquia, remata el bulevar del metro (que se inicia en la estación de San Antonio) e invita a comenzar el recorrido por el parque, que tiene un teatro libre para mil personas y posee tres esculturas de Femando Botero: El pájaro —destruida—, Torso masculino y Venus durmiente. Y Agora de 1997, de acero Hot Rolled, en la Avenida Bolivariana, un gran arco de veinte metros de diámetro y uno de altura, que se extiende sobre el piso con una completa torcedura y crea un espacio recogido que sirve para darle nombre a la pieza.

Al repasar las obras públicas de Vayda se puede concluir que éstas no sólo son muy distintas entre sí —aunque con la marca indeleble, presidida por la geometría, del estilo del artista—, sino que constituyen una producción diferente de la de sus esculturas en pequeño formato. Sólo en pocos casos puede decirse que el constructor ha aprovechado una realización menor para hacer un trabajo urbano —los Yelmos, por ejemplo, para llevar a cabo Eclipse, de 1992, del edificio Mompox o, recordando trabajos tempranos, los varios Sin título, en hierro y vidrio, de los primeros ochenta, que preludiaron la obra, también Sin título, del cerro Nutibara— o que ha hecho dos esculturas muy afines en tamaño reducido y en escala grande —el caso de los Sin título de 1985, cuyo ejemplo mayor se encuentra en la unidad residencial Torres del Castillo, un hexaedro abierto o transparente, parcialmente "cubierto" por elementos opacos triangulares—. Aquellas diferencias mencionadas atrás son equivalentes a las que existen entre las construcciones, muy variadas, grandes y pequeñas, de Anthony Caro, en la segunda parte de los años sesenta. Empero, como es normal, no faltan los paralelos en la producción global de Vayda. A la larga, no se necesita ser un profundo conocedor de su trabajo para identificar todas sus piezas. Hay en ellas, como ya se ha mencionado, un contundente predominio de la geometría, y por lo tanto, de la abstracción más racional. Más aún, la geometría que utiliza el escultor —que también es arquitecto— la maneja con notable virtuosismo: volúmenes insertos en otros, diagonales con orientaciones distintas, torsiones más o menos pronunciadas, recorridos continuos pero aparentemente laberínticos, facetas contrastantes, todo en pos de una creación exacerbada, sensible, casi "barroca". Ha escrito el artista: "Hay en mis esculturas una forma visible que, sin embargo, propone miradas múltiples y diversas en relación con el espectador. Aunque se trata de objetos abstractos, éstos, de una manera u otra, remiten a un aspecto del mundo; pero más allá de esa forma visible tangible, hay sombras que aluden, crean o encubren. Me interesa pues que mis obras sobre todo generen sorpresa"6.

Otro aspecto muy importante que unifica toda la producción de Vayda es el que tiene que ver con la factura y acabado. Aunque ya se había tocado este punto cuando se habló de los Sables y Yelmos, lo que se desea revelar aquí es que el artista es un verdadero apasionado de la perfección y que la totalidad de sus trabajos tiene un cuidadoso terminado y una presencia calculadamente serena y refinada —determinada por muchos detalles que van desde la relación amorosa de los materiales hasta los milimétricos intersticios que con frecuencia existen en las construcciones— que hace que las esculturas pequeñas se conviertan en objetos muy atractivos, y las públicas, en hitos urbanos que hacen declaraciones de orden y medida. Ese afán de perfección se acusa por igual en todos los aspectos de su quehacer artístico, desde cuando hace bocetos hasta cuando cuida el terminado de sus diversas piezas, pasando por los impecables diseños en computador con los cuales se presenta actualmente en los concursos de escultura, pensando por ejemplo, en los que hiciera en 1997 para Tornamesa —que le mereciera la adjudicación—, una obra semicircular de quince metros de diámetro y casi once de alto, ubicada en la entrada de la Casa Redonda del Instituto para el Desarrollo de Antioquia (IDEA), o por la preparación de los materiales y el rigor de las instalaciones, recordando, para citar un caso, a Saturno, la enorme curva metálica que invadió el espacio de la Galería Santa Fe de Bogotá, en 1997, durante la presentación del artista en el Premio Luis Caballero.

Ronny Vayda tiene una producción de extraordinaria calidad. Su obra pública pertenece por entero a Medellín (pero ojalá se vea algún día en otros lugares), ciudad que, tanto por su variada topografía, como por ser la que más ha planeado y restaurado el espacio urbano —con resultados a la vista—, ha sido la más adecuada para albergarla. Sus trabajos de pequeña escala se encuentran esparcidos en varios sitios, entre ellos algunas ciudades del exterior. Para el artista, el Corpus de su realización escultórica no es gratuito: es el fruto de una ortodoxia y de una dedicación al oficio profesional. Para Vayda, ortodoxia tiene que ver con la gran tradición del arte moderno, que se remonta a los constructivistas rusos y a Mondrian; tiene que ver con inteligencia, con limpieza, con alto grado de acabado, con anti ilusionismo, con formas sencillas y espacios en medio de las esculturas. Y respecto del oficio, el escultor ha sido explícito en afirmar: "Nunca he creído en la inspiración sin más. En cambio, pienso que sólo mediante el trabajo van surgiendo ideas concretas, precisas, claras. Mi trabajo creativo no establece diferencias con el del arquitecto, el matemático, el obrero; mi caso no es el de alguien que concibe una idea genial, sino de quien afronta múltiples problemas y retos que debe solucionar con medios y posibilidades limitadas"7.
NOTAS
1. Ronny Vayda, "Ronny Vayda, Saturno", Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Galería Santa Fé, Planetario de Bogotá, 1997.
2. Ronny Vayda, "Tres artistas de Medellín: Julián Posada, Juan Camilo Uribe y Ronny Vayda", Centro de Arte Actual, Pereira, 1981.
3. Eduardo Márceles Daconte, "XXIX Salón Nacional de Artes Visuales: de todo como en botica", El Espectador, Bogotá, octubre 13,1985.
4. Luis Fernando Valencia, "Retorno rotundo", El Mundo, Medellín, noviembre 24,1990.
5. Ronny Vayda, "Ronny Vayda, Saturno", op. cit.
6. Ronny Vayda, "Ronny Vayda, Saturno", op. cit.
7. Ronny Vayda, "Ronny Vayda, Saturno", op. cit.
GERMÁN RUBIANO CABALLERO
Profesor titular y emérito de la Universidad Nacional. Profesor de la Universidad de los Andes.

