Rabindranat Díaz es, junto con Guillermo Calzadilla, Arnaldo Morales, Ramón Berríos, Antonio Fonseca y Chemi Rosado Seijo, uno de los jóvenes artistas de Puerto Rico en verdad prominentes y genuinamente estimulantes.
La reciente exposición de Rabindranat Díaz, Fantastical Projections of Algunos Muñequitos, fue una divertidísima pero sumamente inteligente combinación del surrealismo puertorriqueño (algo bastante singular, dada nuestra confusión sociopolítica), el humor de la Generación X y el existencialismo postmodernista.
Aunque el artista tiene solamente 25 años y ésta fue su segunda exposición individual, es evidente que ha aceptado con entusiasmo los retos estéticos y plásticos que traerán en el próximo siglo unas nuevas reglas de juego. ¿Por qué? Debido a la forma como ve las cosas, —desde pequeños objetos hasta las verdaderas tragedias de la vida—, y su arte; por lo tanto, es una eficaz combinación ecléctica de Nietzsche, Walt Disney, Michael Foucault, el FarSide de Gary Larson, el Nuevo Testamento y Hobbes.

Los escenarios actuales de Rabindranat Díaz, al igual que los presentados hace dos años (en una exposición por la cual los miembros locales de la Asociación de Críticos Internacionales de Arte lo galardonaron con el premio a la mejor primera exposición individual de un artista local), son microcosmos intensos de nuestras rutinas diarias, que pueden interpretarse como caricaturas humorísticas e inocentes, o como crueles rayos X de nuestros continuos 100 años de soledad.
Sus personajes como de caricatura, y sus "cucas" criaturas (especialmente sus cochinos y cochinillos de marca registrada), juegan a lo que yo he decidido ver como fascinantes "Juegos de Esperando a Godot" (Waiting for Godot Games), que contienen tanto "las numerosas pequeñeces de la vida" como nuestro sagrado derecho a la felicidad y a la inmortalidad durante este corto carnaval de culpas que llamamos vida.
En una entrevista reciente, Rabindranat Díaz expresó que las dos constantes de su vida son el cambio (Heráclito) y la soledad. Pero sus composiciones están llenas de esperanza y de las posibilidades del amor, lo cual muestra que el joven soñador y el profundamente filosófico artista están ambos dramáticamente presentes en su obra.
Este recursivo artista que está en contra de la poesía —cochinos, baños, preservativos, etc., no son exactamente poéticos— ha vivido en el Viejo San Juan durante los últimos y determinantes cinco años durante los cuales ha adquirido un conocimiento profundo y maduro de las contradicciones, la injusticia y la intolerable soledad de la vida moderna. Sin embargo, él ha decidido no ver la vida desde los oscuros círculos de Dante, sino desde las alegrías, penas y locuras de la globalización.
Sus obras de arte y algunos de sus títulos que combinan el español y el inglés, son bastante llamativos (Un embarazo well done, De un hombre medio pig, Avaricious man vestido de ceremonia, Nudes descending escaleras invisibles, The Circus clown que sabía too much) y permiten muchas interpretaciones. Algunos espectadores se quedan en el nivel humorístico de las tiras cómicas, mientras que otros están ansiosos por descubrir los secretos escondidos de estas composiciones fantásticas, y tal como sucede con Los tiempos modernos de Chaplin, esta exposición fue una inteligente evaluación de nuestro tiempo. Al igual que la televisión de pacotilla o las tonterías de Internet, los personajes de Rabindranat Díaz y sus alucinantes "objetos" son espejos de las distintas normas o juegos de nuestra sociedad.
A pesar de que no creo que Rabindranat Díaz deba "alejarse de" la etapa de juguete/tira cómica de su vida y de dejar de usarla como la esencia de su discurso estético, este joven embaucador tiene que empezar a construir alas más grandes para sí mismo. Tiene que empezar a volar más alto, y como Peter Pan, en sus próximas exposiciones nos debe conducir a nuevas y más desafiantes utopías o, mejor aún, hacia aquellos sitios de nuestras moradas/ mentes que no conocemos.
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
