Una muy completa retrospectiva del maestro cubano Mariano Rodríguez (1912-1990) conformada por ciento cincuenta y siete obras de toda su trayectoria, presentó la Galería Aydee Santa María. La formación del artista como la de tantos de sus colegas se hizo en México en la década del treinta. Esto quiere decir que recibió el impacto y la fascinación que ejercía el muralismo mexicano. Este movimiento de la modernidad implicaba asumir los prototipos de las comunidades regionales y locales, representados por campesinos, obreros y grupos étnicos. Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros expresaron igualmente en sus obras y en sus ideas que el (único) camino a seguir en Latinoamérica eran sus propias teorías y la práctica de una pintura mural o de caballete que privilegiara los argumentos autóctonos, ya fueran rurales o citadinos. Mariano Rodríguez no fue una excepción de esa influencia formal y conceptual. Adoptó en su figuración postulados que declaraban su alianza con lo popular, lo anónimo y el afán de narrar los sucesos diarios de toda su geografía.
Pero la versión de los nativos no se quedó en una forma de realismo sino que procuró fabricar héroes grandilocuentes y épicos. Las formas, en consecuencia, se presentaron abundantes, estilizadas e idealizadas, recreando al mismo tiempo el ambiente folclórico, las condiciones del paisaje y los gestos mesurados para atraer una cierta poesía vernácula.
Todo esto se podía verificar en un caudal suficiente de obras que se reunieron y restauraron para la exposición. Era posible ver trabajos elaborados desde 1937 hasta el año del fallecimiento del artista.
Mariano Rodríguez fue pintor de paisajes, animales, frutas y retratos, y todos sus argumentos trataron de involucrar lo regional, lo tropical y la luminosidad de la isla. No sin razón, la exposición se titulaba Una energía voluptuosa.
En su abundante producción, en las últimas décadas de su vida el artista prefirió realizar series que potenciaran la búsqueda de símbolos. Es así como en Gallos, frutas, guajiros y multitudes.

Rodríguez perteneció a esa generación brillante que trabajó dentro del modernismo cubano y con el paso del tiempo pasó a formar parte de los pioneros de la contemporaneidad. Prefirió, como muchos de sus colegas, asumir el proceso revolucionario comandado por Fidel Castro. Entre éstos también se contaron prestigiosos artistas como Amelia Peláez, René Portocarrero, Pedro Martínez, Raúl Milian y otros. Dentro de su proyecto artístico asumió igualmente la militancia política.
Mariano Rodríguez fue funcionario de la Casa de las Américas y colaboró para que esa institución continuara construyendo el prestigio que la caracteriza.
La muestra enseñaba pinturas al óleo, acuarelas y dibujos, y ejemplos de sus argumentos en la etapa formativa y de sus series finales que culminaron con Frutas y realidad.
MIGUEL GONZÁLEZ
