El título de esta exposición resume en buena parte su intención y su contenido. Un equipo formado por el arquitecto colombiano Gonzalo Cano Durán, la escultora australiana Lisa Andrews, el diseñador norteamericano Paul Lashment, junto con un amplio grupo de colaboradores, han trabajado desde hace tres años en un tema curioso e interesante, el espacio urbano de la Avenida Troncal Caracas en la ciudad de Bogotá. Su mirada se orienta a tomar de ese espacio lineal que atraviesa toda la ciudad de sur a norte elementos conceptuales y formales para elaborar propuestas que transformen la vía en un evento especial, en arte urbano.
El origen de la idea se remonta al proyecto titulado Arte para Bogotá, convocado por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo en 1995, con la idea de reunir propuestas de diverso orden que pudieran crear referentes urbanos en una ciudad caracterizada por su heterogeneidad y compleja estructura interna. La propuesta original de este grupo se denominó Caracterización de la Caracas, y fue seleccionada como una de las diez ganadoras del evento y se constituyó en la primera fase de un proceso que aún continúa. El contenido de la exposición presentada en Nueva York correspondió con un estado más evolucionado de las propuestas. La muestra fue patrocinada por el Colombian Center y por el (agonizante) Museo de Desarrollo Urbano de Bogotá, coordinado entonces por la arquitecta Liliana Andrade.
La Avenida Caracas surgió en Bogotá a mediados de la década de los años treinta, como parte de una serie de intervenciones proyectadas por el urbanista austríaco Karl Brunner, pionero de la planeación urbana en la ciudad. Su trazado inicial siguió el corredor del Ferrocarril del Norte y fue un espacio urbano de especial calidad, arborizado y bordeado por residencias de lujo. A lo largo del tiempo la Avenida se extendió hacia el sur y hacia el norte hasta convertirse en la vía más larga de la ciudad. En su recorrido atraviesa sectores de diversa composición económica, social y cultural. Es una especie de corte por la estructura y la vida bogotana. Su conversión reciente en troncal produjo severas alteraciones en su perfil y en su tratamiento urbanístico, que la han convertido en uno de los espacios menos atractivos de la ciudad. Este es el objeto de estudio y transformación que se refleja en el contenido de la exposición.

Es difícil caracterizar este proyecto con el simple calificativo de arte urbano. Su amplitud conceptual y la magnitud de las intervenciones propuestas, amén de su refinado sentido estético, lo sitúan en una frontera interesante entre arte, arquitectura, diseño urbano y comunicación. Las premisas expuestas por los autores fueron las siguientes:
Arte-arquitectura: creación de elementos que trascienden su carácter objetual para convertirse en soportes de diferentes niveles de uso y significado.
Memoria: generación de mecanismos activos en el estímulo del "almacén de representaciones", tanto a nivel individual como colectivo.
Espacio público: generación de eventos que contribuyan a recuperar el sentido de lo público más allá del interés privado.
El proceso de observación y registro del espacio de la Caracas se orientó por el tema de la memoria y atendió la yuxtaposición y colisión del paisaje natural con el paisaje construido, del ritual colectivo con el ritual individual y de la retórica colectiva contra la individual. Este registro, cuyos resultados hacen parte de la exposición en forma de vallas gráficas, permitió una lectura multidimensional del espacio, de los eventos y de los personajes que lo pueblan, en especial aquellos elementos de la cultura popular urbana presentes en la vía, traducidos posteriormente en propuestas diversas que atienden la vía como línea-corredor, sus segmentos significativos y los lugares residuales que se encuentran en cada uno de esos segmentos.
El punto focal de la propuesta se encuentra en los proyectos puntuales localizados en ocho lugares estratégicos de la vía. Estos proyectos, llamados fábricas, son intervenciones de gran escala en las que las estructuras arquitectónicas se fusionan con elementos de diverso orden: natural, gráfico, luminoso, para crear los referentes deseados y acentuar la memoria del lugar. Las estructuras metálicas reelaboran el tema de la valla urbana en diversas interpretaciones tanto de escala como de forma y contenido. Los significados están relacionados con la memoria de cada lugar y también con su geografía urbana. Los nombres son dicientes y sugieren parte de esos significados: Fábrica de héroes, Fábrica del conocimiento, Fábrica del cuerpo y la mente, Fábrica del reciclaje, Fábrica del agua y Fábrica del espectáculo.
La presentación de un proyecto urbano no siempre constituye un evento artístico. La mayoría de las veces se remite a la simple muestra de los planos y memorias descriptivas. Este no es el caso de La Caracas. Por una parte, las propuestas son de naturaleza estética, en especial aquellas que se localizan en los ocho puntos de la vía. Las grandes estructuras metálicas cumplen en cada caso un papel diferente y su expresión espacial adopta en más de un caso la dimensión de una escultura urbana. El trabajo gráfico realizado en computador permitió una elaboración singular de cada propuesta y, también, la composición de elementos visualmente atractivos. En la muestra se incluyó una serie de objetos alusivos al transporte público que circula por la Avenida Caracas, específicamente las elaboradas consolas de radio que adornan los buses y busetas bogotanos.
La ciudad como tema del arte ha sido interpretada y muchas veces mal interpretada en diversos intentos de embellecimiento, para no hablar de los desastres causados por la mentalidad pragmática de que lo barato es bueno para la ciudad. Este proyecto trasciende las barreras de lo puramente utilitario y se plantea un problema mayor, la reinterpretación de la memoria urbana, la construcción de lugares significativos y, sobre todo, la creación de elementos que renuevan el sentido del arte y lo sitúan en un plano contemporáneo de vivencias y múltiples significaciones, tal y como lo requiere una ciudad constituida por múltiples personalidades culturales.
El proceso de elaboración de este proyecto sigue su curso. Parte de él se incluyó en la muestra Fragilidad: arte y medio ambiente, expuesta recientemente en Bogotá, en el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia. Sería deseable que la alcaldía de la ciudad de Bogotá llegara a interesarse en ella y favoreciera su realización. Esto, indudablemente, cambiaría la cara de la ciudad y sería un ejemplo inusitado e interesante de reflexión estética sobre una ciudad Latinoamericana.
ALBERTO SALDARRIAGA ROA

