Como una manera de rendir homenaje al maestro Iván Petrovszky, la Galería Medicci presentó recientemente una exposición de sus obras más significativas. El título de la muestra en cuestión, Iván Petrovszky. Viajero del tiempo, tiene doble objetivo: realizar un recuento de obras memorables del artista, realizadas a lo largo de varios años de laboriosa actividad, así como puntualizar su condición de artista-viajero.
En efecto, en su peregrinar por el mundo, Petrovszky ha tomado imágenes claves que han nutrido la totalidad de su obra. Hombres trabajando, durmiendo, leyendo, jugando ajedrez; madres embarazadas o personajes disfrutando simplemente de un baño de sol, son captados por esa mirada analítica del pintor.
El apunte rápido y esencial expresa su espontaneidad. Este constituye la base fundamental del ejercicio investigado que realiza el artista, pues luego lo trabajaba en el taller dando lugar a obras de gran calidad y rigurosidad técnica a la vez que de fuerte sentido estético.

"En mi obra —dice Petrovszky— no existe imaginación sino transformación". Esto es cierto si consideramos que la captación de una circunstancia es posteriormente transformada en una obra memorable. Pero la imaginación a la que él no hace referencia se encuentra en otra parte: en la riqueza pictórica misma que aparece en una y otra obra. A lo largo de los años el motivo es el mismo, pero a la vez se multiplica en interpretaciones variadas cuando son resueltas técnica y estéticamente en modos diversos.
No obstante, la transformación a que alude el artista tiene también otro sentido: el de su vitalidad. "Yo voy a los sitios públicos y observo a la gente en su ir y venir, en su comportamiento, después regreso y se hacen parte de mis dibujos o mis pinturas". Es un arte que se nutre de la vida y parte de ella como un impulso hacia la creación.
En esta muestra en particular, el artista expuso únicamente obras en papel que él califica, según los casos, como dibujos o pinturas. El dibujo impera en todas las obras ya que por medio de la línea se construyen las formas pero el color cumple una función trascendente. Tal vez sea este elemento, el color, el distintivo a señalar con respecto a esta importante exposición. El artista crea obras de enorme fuerza y armonía por medio de disonancias cromáticas. Juega con los complementarios, enriquece los ocres y los naranjas en oposición a azules intensos. Se siente aquí la fuerte relación afectiva que Petrovszky sostiene con la música. En una ocasión ha dicho que su obra se acerca a la música de cámara porque no es precisamente una obra que se distinga por ser polícroma. Como aquélla, trabaja el color con "pocos instrumentos", con una gama reducida de colores que logra armonizar y darle profundidad y expresividad, enriqueciendo de esta manera "el sonido de un color".
Iván Petrovszky. Viajero del tiempo es la constatación de un trabajo en permanente desarrollo y vitalidad. La historia reciente da muestras de ello cuando Petrovszky gana dos veces consecutivas el Premio Arturo Michelena, con 37 años de distancia entre uno y otro galardón. Siente orgullo por eso pero también siente la satisfacción de haber creado sin seguir modas ni tendencias, con plena libertad y honestidad consigo mismo. Justamente los valores esenciales para ser tratado siempre con comprensión y respeto.
SUSANA BENKO
