Islas infinitas

Miguel Ángel Rojas. Estudio para huellas del colonizaje, 1992. Impresión fotográfica de mapa del siglo XVI sobre cartulina. 36 x 51 cm.

Exposiciónoct 1998 - dic 1998· Por Gerardo Mosquera

Islas infinitas

sobre arte, globalización y culturas II

Es cierto que la globalización ha mejorado extraordinariamente las comunicaciones, ha dinamizado y pluralizado la circulación cultural y ha propiciado una conciencia más pluralista. Pero lo ha hecho siguiendo los mismos canales trazados por la economía, reproduciendo en buena medida las estructuras de poder.

En realidad, la globalización no es tan global como parece o, para ser más exactos, es mucho más global para unos que para otros, para la mayoría. Pensemos en Internet, paradigma de una nueva era de comunicación universal e individual libre. Según datos de mediados de 19961, sólo había un total de 36 millones de personas con acceso, o sea, 0,6% de la población mundial. Los usuarios de Internet suman 24 millones, 0,4% de la humanidad. Aunque una característica relevante de Internet es la velocidad en el aumento de la gente on line, las cifras son casi risibles a escala global. Incluso en los países con mayor porcentaje de usuarios, los índices son pequeños. Finlandia, 5,9%; Estados Unidos, 3,4%; Noruega, 3,1%; Australia, 2,4%; Suecia, 2,2%; Nueva Zelanda y Canadá, 1,8%; Suiza, 1,7%.

Salvo el caso de Estados Unidos, se trata de economías y sociedades estables de países con bajo número de habitantes, en su mayoría apartados y, quizás, un poco aburridos. Hay, además, un marco para el crecimiento de las cifras: las conexiones telefónicas existentes sólo dan servicio a 12% de la población mundial. Y no se trata sólo de la posibilidad económica y social de acceso a una computadora, sino de la capacidad para usarla.

La mitificación de los procesos de globalización y la explosión de las comunicaciones tiende a que imaginemos un planeta interconectado reticularmente hacia todos lados. La velocidad de las avenidas de fibra óptica y los satélites hacen olvidar los congestionamientos en las avenidas de las megalópolis y en los corredores aéreos, o la ausencia crítica de avenidas y carreteras en buena parte del mundo. El ciberespacio puede ser un paraíso virtual, una gran droga de diseño para escapar del ciber despelote global. Porque debe quedar claro que la globalización no consiste en una efectiva interconexión de todo el planeta mediante una trama reticular de comunicaciones e intercambios. Se trata más bien de un sistema radial tendido desde centros de poder más diversificados y de distinta escala, hacia sus zonas económicas múltiples y altamente diversificadas. Este tejido está tramado sobre ejes Norte-Sur: poco ha avanzado la globalización en las periferias porque se ha globalizado desde y para centros descentralizados.

Tal estructura implica la existencia de grandes zonas de silencio, poco conectadas entre sí o sólo indirectamente por vía de las neo metrópolis. Durante los años en que viajé por África comprobé en la práctica que con frecuencia la mejor manera de ir de un país a otro fronterizo, era vía Europa. Como no tenía dinero para hacerlo, quedaba desconectado del sistema, en una zona de silencio, precariedad y detención. Esta estructura de globalización axial y zonas de silencio macro conforma las redes económicas, políticas y culturales del planeta, determinando intensos flujos migratorios en busca de conexión.

Es cierto que la globalización ha mejorado extraordinariamente las comunicaciones, ha dinamizado y pluralizado la circulación cultural y ha propiciado una conciencia más pluralista. Pero lo ha hecho siguiendo los mismos canales trazados por la economía, reproduciendo en buena medida las estructuras de poder. Cuando escucho cierto optimismo postmoderno acerca de descentralización y quiebre de hegemonismos, siempre recuerdo un cuento de Augusto Monterroso, quien es el autor de los cuentos más breves que se han escrito. Este mini relato se titula "El dinosaurio", y tiene sólo una línea: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí".

Exposición: Islas infinitas  — imagen 1
Miguel Ángel Rojas. Tierra incógnita, 1996. Acrílico sobre lienzo. 366 x 405 cm.

Ahora bien, esta situación general está produciendo una rearticulación en el terreno de la cultura y las identidades que no puede ser discutida con eficacia desde los paradigmas que habían prevalecido. Cuando Kato se lamentaba de no poder hallar "el alma japonesa" en un Japón fuertemente occidentalizado, era incapaz de comprender que el "alma japonesa" lo estaba dirigiendo todo a su manera. Ella seguía su antigua especialidad —propia de un país pequeño y pobre en recursos materiales— de adueñarse de los recursos de los más poderosos, según había hecho antes con China. Es el principio de las artes marciales: usar en su favor la fuerza de un contrario más robusto. En este caso se manifestó en una forma diferente de construir la occidentalización, acorde con la estructura e instituciones de la sociedad y la cultura del país, que se transformaban en el proceso, pero también lo determinaban, produciendo una occidentalización a la japonesa, impensable en Occidente. Esto incluía hasta la incongruencia histórica de mantener estructuras feudales, autoritarias y colectivistas, junto con rasgos culturales, idiosincrasias y costumbres no acordes con el individualismo occidental.

He usado los términos "mantener" e "incongruencia histórica" por la mala costumbre de condenar a un pasado "universal" ciertas cosas del pasado de Occidente, y de identificarlo con La Historia. En verdad, el éxito actual del Japón viene del modo en que aquellas instituciones y elementos culturales "arcaicos" funcionaron activamente en la modernización —y postmodernización— del país. Las particularidades y la altísima eficiencia de la occidentalización "a la japonesa", junto con otros factores históricos, han permitido al Japón los resultados que todos conocemos, volviéndolo uno de los grandes y más agresivos protagonistas de la globalización, y permitiéndole difundir una impronta cultural internacional. Hoy el "alma japonesa" no está sólo en el kimono o el té, sino más bien en Sony, Toshiba y Mitsubishi. De otro lado, una pasión tan local del "alma japonesa" como la lucha sumo, donde el ritual dura más que los brevísimos combates, considerada aún más aburrida que el béisbol, está comenzando a difundirse internacionalmente, gracias quizás a su exótica espectacularidad.

Afirmar la identidad cultural en la tradición, entendida en un sentido de "pureza" estática, es una herencia colonial. Condujo a desastrosos cultos a la "autenticidad", "las raíces" y "los orígenes", sobre todo en la época postcolonial, cuando los nuevos países procuraban afirmar sus identidades e intereses frente a las metrópolis y sus occidentalizaciones impuestas. Ahora se tiende cada vez más a verla hacia el presente y el futuro y no hacia el pasado, es decir, a la manera como cada quien hace la contemporaneidad. El refinamiento tradicional nipón se materializó primero en construir mejor y más barato, con un sello propio, productos tecnológicos que otros habían inventado, y más tarde en inventarlos dentro de ese sello particular. Aquí no era cuestión de exhibir "las raíces" para afirmarse en la diferencia, sino de ponerlas a trabajar. A pesar de su fascinante universo tradicional, hoy el Japón se identifica más hacia el presente que hacia el pasado. En el habla popular cubana se usaba hace unos años la palabra "Japón" como un adjetivo celebratorio. Cuando algo estaba muy bueno, en especial si era sofisticado, se decía "¡está Japón!", o se exclamaba simplemente "¡Japón!"

La cultura constituye hoy un espacio primordial donde se mantienen las luchas y negociaciones de poder. Estas se empeñan entre la asimilación, el tokenismo, la rearticulación de las hegemonías, la afirmación de la diferencia, la crítica al poder y las apropiaciones y resemantizaciones hacia todos lados, entre otras tensiones. La cultura es un espacio crucial para la acción de los sectores periféricos, subalternos o marginados del orbe global. Sus alcances han conducido a Samuel Huntington a afirmar que los alineamientos definidos por la ideología están cediendo camino a aquellos definidos por la cultura2. Pero esta última funciona más bien como un campo de rearticulaciones flexibles, sin la fijeza del concepto de civilización que maneja este autor. Los procesos que en ella tienen lugar están haciendo que el mundo global sea también, paradójicamente, el mundo de la diferencia.

Exposición: Islas infinitas  — imagen 2
Miguel Ángel Rojas. Ni agua ni arena, 1994. Cibachrome y óleo sobre lienzo. 147 x 287 cm.

La globalización cultural implica la interacción entre una metacultura occidental extendida y la pluralidad cultural del mundo. Si la primera conserva su carácter hegemónico, las otras han aprovechado su capacidad de broadcasting internacional para sobrepasar los marcos locales. Usada desde el otro lado, ha permitido difundir perspectivas diferentes y ha sufrido adecuaciones acordes con estas perspectivas. Además, todo proceso de homogeneización en gran escala, aún cuando consiga aplanar las diferencias, genera otras nuevas dentro de sí mismo, como un latín que estalla en lenguas romances. Se ve tanto en la readaptación de la cultura de los centros que hacen las periferias, como en la heterogeneización que los inmigrantes están produciendo en las megalópolis contemporáneas. Querámoslo o no, hoy todos participamos en intensísimas dinámicas de negociación y rearticulación de las diferencias culturales, imbricadas con la construcción de nueva cultura urbana, neologismos y "cultura de la frontera", tanto donde existen fronteras físicas como donde no las hay, o donde sólo son una calle.

Cuando usaba el ejemplo del Japón, no lo hacía para coronar su caso como el paradigma de los procesos culturales en la globalización, pues ni siquiera resulta un modelo viable para la mayoría. Dice Breitz con respecto al campo de la cultura tradicional en África del Sur: "El cambio social puede conducir al desfase de ciertas "tradiciones" africanas, pero inevitablemente surgirán en su lugar formas nuevas y dinámicas. Sin embargo, esto no quiere decir que estas tradiciones tengan o deban desarrollarse a través de la misma trayectoria por la que Occidente ha definido su propio progreso"3.

Estos desarrollos se corresponden con otras facetas de la afirmación postcolonial de las diferencias y la consecuente pluralización cultural a que me he referido. Ahora bien, es necesario puntualizar que no se trata de la actualización y dinamización de remanentes del pasado precolonial. Las "formas nuevas y dinámicas" de las tradiciones son creaciones postcoloniales, nacen y existen en medios previamente occidentalizados, por lo que serán necesariamente híbridas, sincréticas o neológicas, aún cuando aspiren a reconstruir un pasado tradicional o busquen reafirmar en él la diferencia. Ellas tendrán que articularse, así fuera por negación en caso extremo, en el denso entramado globalización-diferencia que a todos envuelve.

La tendencia a la homogeneización resulta modificada por tres procesos principales. Uno es la diversidad de modos en que se construye y usa la metacultura global. No me refiero sólo a fenómenos de hibridación, resignificación y sincretismo, sino a orientaciones e invenciones desde posiciones subalternas. Hay mucha y muy diversa gente haciendo "incorrecta" y desembarazadamente la metacultura occidental a su propia manera, des-eurocentralizándola en forma plural. Un programa utópico sería pensar en una metacultura reconstruida desde la más vasta pluralidad de perspectivas. La estructura postcolonial vigente dificulta esto en extremo, debido a la distribución del poder y a las limitadas posibilidades de acción que poseen hoy vastos sectores.

Exposición: Islas infinitas  — imagen 3
Miguel Ángel Rojas. No es agua ni arena la orilla del mar, 1994. Cibachrome y óleo sobre lienzo. 380 x 247 cm.

En realidad, las "invenciones" no siempre ocurren en los centros. Pero como es en ellos donde se las ha historiado, prevalecen la subestimación y la ignorancia. Por ejemplo, recuerdo que en ocasión de una muestra del escultor uruguayo Gonzalo Fonseca en Nueva York, la crítica especializada lo consideró demasiado influido por Louise Nevelson. Sólo que esta escultora siempre reconoció sus deudas con los linamientos artísticos del Taller Torres-García, de donde procedía Fonseca.

Un segundo proceso fundamental es la apropiación, transformación y resemantización de la cultura globalizada desde los centros. En virtud de su problemática relación de pertenencia-diferencia con Occidente, América Latina ha sido el territorio clásico de estos procesos, que se remontan a los inicios de la colonización europea. Pero las siguientes puntualizaciones de Nelly Richard pueden en gran medida extenderse más allá del continente, para referirse a una tendencia general de la cultura en la globalización: "La periferia latinoamericana es la franja de rebote de los patrones y modelos que no sólo penetran y condicionan, según la lógica unilateral del hábito dependentista, el imaginario regional, condenándolo a la reproducción pasiva o a la duplicación mimética, sino que son también generadores de heterogeneidad (de diversidad y de multiplicidad) en la medida que descomponen el imaginario previamente estratificado al modificar la superposición de sus capas, al alterar el equilibrio y la consistencia de su diseño, por los calces y descalces producidos entre fórmulas y aplicaciones. Materiales de traspasos que estimulan así la tacticidad del receptor u operador periférico, motivando su luibilidad para desplegar una creatividad casi enteramente basada en el reempleo de materiales preexistentes (por ejemplo, los prefabricados por la industria de la cultura multinacional) e innovar respuestas ligadas a estrategias de reocupación de los fragmentos recortados por los aparatos transmisores y distribuidores"4.

Como ha dicho Ticio Escobar, las penetraciones culturales no sólo se imponen, también se asumen5. Yendo más lejos, debemos notar que con frecuencia las reinvenciones y los reprocesamientos hechos en otro ámbito resultan más ricos que los modelos de origen. El saxofón puede servir de metáfora. Se trata de un instrumento moderno por antonomasia, diseñado en laboratorio para la orquesta sinfónica, y presentado en las grandes ferias industriales de la modernidad triunfante. Sin embargo, este instrumento "de diseño" no fue bien recibido en el ámbito de la cultura que lo había concebido. La música de concierto se valió de él limitadamente, expresando su predilección por la organografía tradicional. Pero algunas cosas empezaron a ocurrir en ámbitos marginales de Nueva Orléans, totalmente desconectadas de Adolphe Sax y su invento. Fuera de toda expectativa, ellas le harían encontrar su destino del otro lado del Atlántico. El saxofón nació para el jazz, sin saberlo, y cuando éste aún no existía. Los músicos negros sí supieron sacarle partido, pero para usos técnicos y culturales diferentes de los del origen. Aprovecharon la facilidad del instrumento para variar las intensidades y para la rapidez en la digitación, que funciona muy bien para ligar sonidos, y lo volvieron el instrumento clásico de la improvisación jazzística. Sax había diseñado, sin sospecharlo, un medio paradigmático de la sensibilidad afroamericana.

El tercer proceso consiste en la difusión internacional de lo local-periférico facilitada por el auge de las comunicaciones, las migraciones, y las conexiones económicas. Esta difusión se desarrolla principalmente mediante las redes centrales, pero también desde las periferias. Circula más por los ejes radiales hacia los centros que en conexiones Sur-Sur. Es fomentada además en el interior de las megalópolis por los inmigrantes y su fuerte dinámica demográfica, debida tanto al desplazamiento humano como a la emigración quieta, o sea, al mayor ritmo de crecimiento de las poblaciones de inmigrantes. Las migraciones, con sus trans-territorializaciones físicas y culturales, están deseurocentralizando las ciudades occidentales y, en general, heterogeneizando el mundo.

En términos de su circulación, podríamos distinguir tres grandes líneas de productos culturales "locales", que con frecuencia se entrecruzan entre sí y con otras líneas. Lo local-central, aún cuando se trate de manifestaciones culturales muy específicas de grupos y áreas particulares —por ejemplo, el rap o el graffiti neoyorquino—, ha sido habitualmente internacionalizado en virtud de los poderosos circuitos de mercado y difusión centrales. La globalización ha facilitado una mayor pluralización desde las periferias.

Una línea son las producciones concebidas para vender lo local fuera de la localidad, o a los visitantes: artesanías para el turismo, producción industrial de souvenirs —tipo Torre Eiffel, Mickey Mouse, Che Guevara o Empire State— y, en general, todo lo que se conoce como arte de aeropuerto. Aunque se les suele enjuiciar peyorativamente en bloque, desde criterios fundamentados en la "autenticidad cultural", algunos de estos productos poseen valores más allá del interés por lo exótico, a menudo debido a su inventiva "inauténtica". Algunas de las artesanías más interesantes son con frecuencia creaciones nuevas, diseñadas ex profeso para el turismo, no sólo renglones tradicionales fabricados para la exportación.

Constituyen una suerte de construcción globalizante de lo local. Son interesantes también los casos de arte nuevo salido de la cultura popular e imbricado con la tradición, pero hecho para exportar, como la escultura makonde de Tanzania y Mozambique6. Toda esta primera línea incluye también la producción literaria y plástica "culta" de muchos países con altos índices de analfabetismo y/o que carecen de mercado local para el arte. También los mitos etnoculturales, como la mulata cubana.

A menudo todos estos productos se consumen localmente en mucha menor escala de lo que se exportan, o no se consumen para nada. Los creadores de artesanías tradicionales suelen preferir para ellos mismos las artesanías tecnológicas globales de Asia del Este. Como ha dicho con ironía Briceño Guerrero, enfrentando construcciones idealizantes de lo "primitivo", los miembros de "esas sociedades sutiles y armoniosas que saben mecerse al ritmo oceánico del universo"... "cambian sus dioses por machetes y espejos, sus éxtasis por aparatos de radio y televisión, su inmersión en la naturaleza por cocinas de kerosén"7. Sólo que ahora los "indígenas" también venden baratijas industriales, como puede verse en el mercado de Antigua, Guatemala. 

En realidad, las artesanías globales del Este asiático también son "tradicionales", si vinculamos la tradición a elementos precoloniales. Corresponden a tradiciones activadas hacia la tecnología y el "universalismo" global, abriendo camino a una post-occidentalización. Por el contrario, las artesanías mexicanas o peruanas8 corresponden a tradiciones activadas hacia el hand made y la diferencia local en calidad de factor exportable. Pero todas, con distintos roles, entran en el mercado global.

Otra línea son los productos culturales que se realizan para el consumo local, pero también con miras a la exportación. Es el caso de las telenovelas brasileñas, que han conseguido un éxito global gracias a una peculiar manera de hacerlas. Finalmente, están las producciones concebidas en y para marcos locales periféricos, que, sin contar con circuitos propios, alcanzan difusión más allá debido al acrecentamiento de las comunicaciones, la sed de exotismo multicultural, el incremento de los viajes, el turismo, las migraciones y, en general, la tendencia globalizadora de nuestra época. No obstante, pese a todos estos procesos y a los temores por la globalización de la cultura, una parte fundamental de la cultura contemporánea continúa circunscrita a ámbitos locales, o sólo internacionalizada dentro de áreas o regiones específicas. Pensemos que India, el mayor productor mundial de películas, apenas las exporta.

Todas estas articulaciones de globalización-diferenciación son una intrincada y conflictiva trabazón de fuerzas más que una dialéctica dual. Implican contaminaciones9, mezclas y contradicciones hacia muchos lados. Aunque orientan el desenvolvimiento actual de la cultura, no pueden ser tomadas pasivamente como una inclinación necesaria, que ocurre sin la presión ejercida por los sectores subalternos. La dinámica cultural se trenza, insisto, en medio de choques y diálogos, desencadenando fenómenos de invención, mezcla, multiplicidad, apropiación y resemantizadón a veces muy complejos. En este laberinto de desplazamientos se tercia hoy el poder cultural.

He intentado presentar en forma sumaria y generalizadora algunas macrotendencias, aplanando muchas complejidades. Entre otros problemas, por sólo citar un ejemplo, existe esa tendencia metacultural a generalizar prácticas de ámbitos muy diversos —del yoga al kárate— de un modo consumista, culturalmente "aséptico", como elementos aislados en un mosaico cosmopolita enmarcado por Occidente. No obstante, algunas de las experiencias en ámbitos no occidentales más exitosas han consistido en manejar la occidentalización en su beneficio, potenciándola desde componentes propios. El asunto sería hacer la contemporaneidad desde una pluralidad de experiencias, adelgazando el sentido mismo de la noción de occidentalización. Si la diferencia cultural marcha a caballo del potro de Atila de los procesos globalizadores, podría contribuir a globalizar mejor la globalización.

Concluyo con un símbolo abierto. Al llegar a América, los españoles estuvieron obsesionados durante años por saber si se trataba de una ínsula o de la tierra firme. Cuenta un historiador del siglo XIX, cura de la villa cubana de Los Palacios, que cuando Colón preguntó a los nativos de Cuba si aquel lugar era isla o continente, ellos le respondieron que era "tierra infinita de la que nadie había visto el cabo, aunque era isla"10. Tal vez las tendencias actuales nos inclinen hacia un orbe de islas infinitas.

NOTAS

1. Datos tomados del Almanaque mundial y la ONU.

2.  Samuel P. Huntington, The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order, New York, 1996.

3.  Breitz, op. cit p . 60

4. Nelly Richard, "Modernidad, postmodernismo y periferia", en La estratificación de los márgenes. Santiago de Chile, 1989, pp. 46-47.

5. Ticio Escobar, El mito del arte y el mito del pueblo. Asunción, 1987, p. 76.

6. Gerardo Mosquera, "Escultura makonde y arte africano de hoy", ArtNexus. Bogotá, No 7, febrero de 1990, pp 58.

7. J.M. Briceño Guerrero, Discurso salvaje. Caracas, 1980, p. 55.

8.  Sobre las artesanías en estos dos países y, en general, la compleja trama económica, social y cultural de las artesanías contemporáneas, véase Néstor García Canclini, Las culturas populares en el capitalismo. La Habana, 1982; Mirko Lauer, Crítica de la artesanía, Lima, 1982; Victoria Novelo, Artesanías y capitalismo en México. México D. F. 1978.

9. Jean Fisher: "Editorial; Some Thoughts on 'Contaminations’", Third Text. Londres; No. 32, otoño de 1995, pp. 3-7.

10. Andrés Bernaldes: "Historia de los Reyes Católicos", en Memorias de la Real Sociedad Patriótica de La Habana, 1837, tomo III, p. 128. Citado por Cintio Vitier y Fina García Marruz, Flor oculta de poesía cubana. La Habana, 1978, p. 63.

GERARDO MOSQUERA

Curador adjunto del New Museum of Contemporary Art. Nueva York.

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