Exposición Individualoct 1998 - dic 1998· Por Darío Ruiz Gómez

Hugo Zapata

Museo de Antioquia

Richard Long establece, después de haberla verificado, una topografía, ¿o simplemente está haciendo un "canto a la naturaleza"? La espiral Jetty nos plantea esta misma distinción ya que una cosa es referirse sentimentalmente a una idea de naturaleza bajo la estética tardía del romanticismo —reencauchada por los ecologistas—, y otra, crear una noción de territorialidad donde este concepto ya cuestionado a fondo, sobrepasado radicalmente por Baudelaire —véase a Jauss—, ha devenido en el concepto de antinaturaleza.

Está claro que a partir de Baudelaire tengamos que referirnos a una naturaleza artificialmente creada y no —como sucede en las culturas telúricas— a un sentimiento que está sumido en la naturaleza, que es parte misma de lo orgánico. La pregunta se hace justa si somos fieles a esta secuencia: ¿dónde están hoy en Latinoamérica las grandes culturas telúricas, las grandes selvas? Está claro que esta pérdida conduce, inevitablemente, a una nostalgia de lo perdido, pero, ¿cómo instrumentar esta nostalgia sin caer en la falsa inocencia del "buen salvaje"? ¿En un pastiche de lo orgánico? En nuestro arte, el sentimiento de la naturaleza no pasó en los Bachués de ser una broma prehispanicista, ingenua y retórica. Soló en las primeras etapas de Alberto Arboleda aparece la presencia de una voluntad formal hacia lo orgánico y sus símbolos. Consuelo Gómez y Hugo Zapata replantean abiertamente el problema; ambos llegan a bordear, precisamente, el peligroso tema de lo aborigen como supuesta herencia. Pero vayamos por partes.

Exposición Individual: Hugo Zapata — imagen 1
Hugo Zapata. Vista de la exposición. Escultura en metal.

A primera vista, la obra de Hugo Zapata está marcada por un eclecticismo personal, pero, en la medida en que vamos adentrándonos en ella, vamos descubriendo que su proceso personal está antes, existencialmente, de lo que conocemos con el calificativo de escultor, o sea —valga el pleonasmo—, un escultor graduado en escultura y que se dedica a hacer esculturas como profesión.

Porque en Hugo las preguntas que él le hace tanto a la historia como a la naturaleza van marcando la pauta de una preocupación que finalmente deviene en una propuesta escultórica. Y al hacerlo está verificando una posición frente al hecho de que tanto la escultura moderna como la postmoderna están ahí, enfrente, pero como una elección personal: o Moore o Arp o Cascella o Anish Kapooro Tohy Cragg o Rükriem. Realmente, la conciencia crítica postmoderna dejó en entredicho la fatalidad de toda herencia y posibilitó elegir "aquello que creo conveniente" para definir lo que formalmente busco. No una herencia sino metodologías para adentrarse en una realidad.

No podemos hablar en su caso de metáforas ya que aun el proceso no ha terminado y son muy evidentes —en el buen sentido— las vacilaciones propias de quien está tanteando, buscando aquí y allá, colonizando un tema, aproximándose cautelosamente a él. Pero lo que está presente es una techné capaz de ir legitimando los pasos de este proceso de búsqueda donde el material cobra una dimensión estética indudable. Y esta techné es la que impera en la muestra, aquí donde el artista ha tenido el valor de realizar frente a sí mismo, y frente al público, un corte de trabajo, en este camino de preguntas y vivencias anudadas irreversiblemente unas a otras.

No hablamos entonces de una retrospectiva —lo que sería un balance de vida— sino de una exposición, en el alcance que da a este término Max Bense: mostrar es mostrarse para recuperar mediante este acto de sinceridad la importancia ontológica del proceso, del work progress cuyos bordes no se vislumbran aún. ¿No hay acaso una evidente aporía entre sus cuencos —huella o nostalgia telúrica— y sus gavias, geometría racional que sería una salida posible a este telurismo? La magistral lección de Ramírez Villamizar incorporando y renovando otras geometrías, yendo más allá de lo prehispánico, es un punto de referencia.

El verdadero artista no rehúye estas aporías para contentarse, al dejar estas arenas movedizas, con la comodidad de un estilo personal. Lo que pasa es que Hugo se ha situado en el centro mismo de la controversia sobre conceptos como naturaleza, tierra, medio ambiente, herencias que hoy, en la era del nomadismo, de la nueva globalidad, se replantean bajo unos supuestos teóricos completamente diferentes de los planteados por los románticos, por los nacionalistas. De María, Smithson, los Boyle y, por supuesto, Long replantean ahora nuevas definiciones de mapa y territorio, de lugar, de sitio y de geografía.

Lo importante en esta muestra es el hecho de abrirnos a estos interrogantes y a estas pesquisas cuando asistimos a una escalada de feroz agresión a nuestro entorno, o sea, a nuestro patrimonio de imágenes. La inteligencia de la puesta en escena de la exposición radicó en la manera en que supo llevar al visitante a través de este proceso de pesquisas y exploraciones: cajas, guijarros, geografías, cálices, senderos. Como el corte arqueológico de herencias vivas y de caminos a seguir cuando los viejos Hugo códigos de la naturaleza y la tierra han dejado de tener vigencia y es necesario exposición, crear nuevos códigos.

DARÍO RUIZ GÓMEZ

Hugo Zapata, por Darío Ruiz Gómez | artnexus