Horacio Zabala (1943) presentó en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires una muestra de sus trabajos de los años setenta, ochenta y noventa. A modo de sucinta retrospectiva el conjunto permitió identificar las principales preocupaciones que orientaron al artista en el transcurrir de esas décadas.
Argentino residente en Suiza desde 1992, Zabala formó parte del núcleo original del Grupo de los Trece (1971), creado con el patrocinio del Centro de Arte y Comunicación (CAYC), liderado por Jorge Glusberg. Jacques Bedel, Luis Fernando Benedit, Gregorio Dujovny, Carlos Guinzburg, Jorge Glusberg, Víctor Grippo, Jorge González Mir, Vicente Lucas Marotta, Luis Pazos, Alfredo Portillos, Juan Carlos Romero y Julio Teich también participaron de la agrupación. El grupo no estuvo exento de deserciones ni de nuevas incorporaciones. El número inicial de trece se redujo a seis. Desde 1975, con el nombre de Grupo CAYC, lo integran Bedel, Benedit, Portillos, Grippo, Testa y Glusberg.
Como la mayor parte de sus compañeros del Grupo de los Trece, Zabala adhiere en los años setenta a un conceptualismo crítico estrechamente ligado a la realidad social. Presiente la violencia del golpe militar de 1976, autodenominado Proceso de la Reorganización Nacional. De allí sus Anteproyectos de arquitectura carcelaria latinoamericana para artistas (1973-1974), entre los que se destaca una pequeña celda que flota en el río de La Plata. Finalmente, el artista, también arquitecto, decidirá su exilio europeo. Vive sucesivamente en Roma, Milán, Viena y actualmente en Ginebra, donde dicta clases sobre arte y nuevas tecnologías en distintas universidades, como profesor invitado.

"Mis obras —afirma— quieren estar a medio camino entre la confesión y la crítica". De acuerdo con esta intención, en la década de los años ochenta el tema de la violencia da paso a la crítica de los sistemas de información, poniéndose en el blanco de la prensa gráfica. Su producción estuvo compuesta entonces por dibujos de páginas de diarios cuyos textos habían sido borrados. Sólo quedaba el diseño formal, la estructura, el efecto de color en la memoria del lector. El contenido siempre ausente o velado hablaba, de manera eficaz, de un mundo administrado, acelerado, sobreinformado y dominado por la transitoriedad, la evanescencia y el vacío. "Me interesan la contemplación, el reposo, la escritura y su lentitud que van desapareciendo", dice el artista. Pero estos trabajos no sólo remiten a la negación general de la escritura en el mundo actual. También denuncian, a través de la borradura de la información, una situación particular de censura, tergiversación y desvanecimiento de hechos que realmente tuvieron lugar.
Paradójicamente, desde el punto de vista técnico, las obras de Zabala de los años ochenta pasan a ser piezas únicas, irrepetibles, aunque derivadas de copias que superan, en su destino de multiplicidad, la idea de original.
En sus trabajos de los años noventa, recurrirá a nuevos medios tecnológicos. El arte o el mundo por segunda vez es un trabajo interactivo, un work in progress infinito producido por el Centre pour l’image Contemporaine de Ginebra. Este libro-juego se presenta en Internet (http://www.sgg.ch/zabala) como un hipertexto que incluye 1.000 citas de 547 autores: artistas, poetas, historiadores, arquitectos, filósofos, músicos y pensadores de todos los tiempos. El espectador es invitado a dejar su propia respuesta en la red. A través de su escritura —una huella sinuosa de su viaje virtual— podrá convertirse en coautor del hipertexto y en lector de sí mismo. Consecuente con su interés por obras que toquen "la memoria y la imaginación", Zabala propone responder, concretamente, a diez preguntas relativas al arte, la belleza, la muerte, el tiempo, la globalización, el abuso de las imágenes y la amnesia.
"Este es un proyecto incompleto, es un lugar de tránsito que se puede atravesar en cualquier momento; no es un espectáculo, es un lugar de reflexión, es una trama que se está tejiendo permanentemente, dice Zabala intentando definir su trabajo actual. En torno a él, la Universidad Nacional de Rosario publicará el libro El arte o el mundo por segunda vez".
Resta saber, por el momento, si ensayos aún tímidos de participación como el que propone Zabala pueden ser considerados auténticos actos de creatividad o, simplemente, meras aproximaciones paródicas a los mismos. El tiempo nos dará la respuesta.
ELENA OLIVERAS
