A partir de noviembre el escultor colombiano Eduardo Ramírez Villamizar expondrá un conjunto de obras de los últimos años, en la Galería Denise René de París, una de las sedes más prestigiosas del arte abstracto geométrico, desde su inauguración en 1944. Dicha muestra, algo más grande, se presentó en Bogotá, en la Galería Diners, durante los meses de mayo y junio. En la cubierta del catálogo bogotano apareció el excelente retrato del artista, tomado en 1997 por la fotógrafa mexicana Flor Garduño. En él, Ramírez Villamizar aparece cubriéndose el rostro con un trabajo reciente, un pequeño múltiple en hierro, sostenido en una base de madera. A través de sus vanos se ve el rostro del artista mirando hacia lo alto. La fotografía destaca las manos del escultor, y sus ojos que observan con intensidad. Tras los delgados planos metálicos el artista aparece aherrojado, como si fuera un místico en penitencia o un poseso. Sí, un poseído del orden, del rigor de la geometría, la cual está indisolublemente asociada a su creatividad desde cuando vivió en París a comienzos del decenio de los cincuenta y frecuentaba la Galería Denise René.

Ramírez Villamizar es un insigne trabajador, y periódicamente muestra su producción. Para estas exposiciones de Bogotá y París, el escultor reunió un conjunto de piezas de este decenio. En Diners se vieron 23 de varios formatos, dos realmente grandes, más un múltiple. En su mayoría, eso sí, eran trabajos de 1997 y 1998. Desde sus primeras obras tridimensionales —recuérdese el yeso Pájaro, de 1950—, previas a su dedicación definitiva a la escultura alrededor de 1960, el artista ha demostrado su admiración por el arte precolombino, que sin duda se ha incrementado con el paso de los años. Basta con estudiar el listado del catálogo para encontrar en él títulos tan dicientes como Ídolo doble yo, Balsa ceremonial en Guatavita, Ruinas circulares, etc. Esta admiración por lo prehispánico ha determinado buena parte de la abstracción de Ramírez Villamizar, quien, aunque trabaja formas puras y esenciales, alejadas de los pormenores de la realidad, no deja de recordarnos muchas veces que su creación proviene de la naturaleza. Empero, la abstracción del artista también muestra otra atracción permanente: la arquitectura, un arte que "compone" —como la música— organizando espacios y volúmenes, sin estar buscando semejanzas con el mundo natural. La arquitectura tiene que ver esencialmente con la geometría (aunque puede haber excepciones), con la planeación y con la construcción. El escultor, quien estudió arquitectura, está empapado de su espíritu. Por eso algunas de sus mejores piezas son las que remiten abiertamente a la arquitectura —Terrazas, Templo, Arquitectura vertical inclinada, pensando sólo en esculturas de la exposición— y por eso sus construcciones más "figurativas" no dejan de ser unas realizaciones de planos, volúmenes y espacios. Cóndor, de 1997 es un estupendo entrelazamiento de planos y de semi volúmenes delgados y alargados, localizado sobre dos grandes cajas de aspecto minimalista; Balsa ceremonial en Guatavita, de 1998, es un enorme plano circular que ostenta en el centro un plano cuadrado mucho más pequeño y varios otros inclinados y con diversas orientaciones. Los pequeños rombos superpuestos al gran círculo metálico son sólo eso: diminutos paralelogramos que tienen los lados iguales y paralelos y dos de sus ángulos más grandes que los otros dos. Otros trabajos pertenecientes directamente al campo de la arquitectura son las Portadas, de 1998. Estas esculturas son variaciones de los diversos proyectos que alcanzó a realizar el artista para una gran puerta que exornaría la entrada principal de la Universidad del Valle, en Cali. Por razones que a la larga Ramírez Villamizar desconoce, la bella maqueta que había sido aprobada por las directivas nunca se llevó a cabo. Las construcciones recientes del gran escultor colombiano ratifican plenamente su talento y la vigencia de su estilo moderno, relacionado con el cubismo y profundamente permeado tanto de la noción de arquitectura, como del espíritu de los artífices precolombinos.
GERMÁN RUBIANO CABALLERO
