Exposición Individualoct 1998 - dic 1998· Por Christine Frérot

Antonio Seguí

La Casa de América Latina y Galería Marwan Hoss

Con motivo de la exposición presentada por la Galería Claude Bernard a la FIAC en 1983, Seguí declaró al filósofo Gilbert Lascault, en una entrevista publicada en la revista Beaux-Arts: "Yo no cuento una historia que yo quisiera mostrar en imágenes... Se trata de algo totalmente diferente. Yo tengo 'objetos plásticos' que me permiten componer mi cuadro. Esos componentes, esos objetos plásticos, son los personajes, los objetos, las casas, los animales, el cielo, la tierra, el agua, la ciudad, el campo. Una corbata roja, un zapato blanco, un automóvil negro, un cielo azul, sombras verdes o doradas, son elementos reunidos para constituir un cuadro. El espectador puede leerlos de diversas maneras y los cuadros pueden evocar historias para este espectador. Es cosa de él; su responsabilidad y su privilegio. Hacia 1967, algunas de mis obras tenían como título el siguiente consejo: 'A Ud. de hacer la historia'".

La Maison de l’Amérique Latine y la Galería Marwan Hoss (que viene de abrir una sucursal en Bruselas) retuvieron este consejo para utilizarlo, con la ayuda cómplice de Seguí, como concepto de su doble exposición bajo el título genérico de A Ud. de hacerla historia. Esta presentación en dúo fue interesante por varias razones (incluida la selección de las obras), pero sobre todo porque tuvo la particularidad —en cuanto a la escenografía— de invitar al espectador a una lectura diversificada de la obra por medio de la introducción de elementos exteriores, pero ligados a la vida del artista. El concepto de la exposición, construida en una serie de idas y vueltas, vagabundeos visuales y encajonamientos de la mirada, podría tener los siguientes objetivos: estimular la imaginación del espectador, despertar su capacidad de establecer asociaciones, provocar su curiosidad, orientar su búsqueda, proponerle construir, reunir y comparar en completa libertad, permitirle el acceso a otros códigos e interrogarse sobre las múltiples fuentes de la mirada.

Exposición Individual: Antonio Seguí — imagen 1
Antonio Seguí. Sans titre, 1998. Acrílico y pastel sobre cartón, collage. 23 x 28 cm.

La Casa de América Latina propuso una confrontación entre las obras y una selección de la colección personal del artista. Como un juego de pistas solicitando el espíritu aventurero del espectador, la exposición se presentó como un rompecabezas de fechas, épocas y técnicas (pinturas, collages, recortes, objetos, dibujos, esculturas, cerámicas). Pero en lugar de perturbar al espectador, la mezcla voluntaria de varios tipos de objetos artísticos le permitió tirar algunos de los hilos del tejido intelectual, formal y sensible que sostenía la contextualización de la obra. A diferencia de una retrospectiva tradicional (aunque los objetos personales del artista estén cada vez más presentes en las exposiciones de hoy día), esta exposición carecía de un circuito cronológico organizado y, sobre todo, se distinguía por la introducción —en complicidad con las obras— de un surtido de máscaras, estatuas pequeñas, esculturas y efigies en cerámica o en madera, pertenecientes a la colección personal de arte africano y precolombino (principalmente de México y de Perú) de Seguí.

El artista no desea diferenciar sus dos mundos, el de la creación y el de la colección, los cuales deben codearse, interpelarse e interrogarse. El hombre apurado que recorre la ciudad es un poco el Hombre en movimiento de Asmat, en Nueva Guinea (madera); la acumulación de efigies titulada La fuerza de la tribu o el ejército de sombras, de Bamikele, Camerún (tejido y perlas), evoca otras multitudes, y la sonrisa de las esculturas peruanas, en cerámica permite el esbozo de encuentros o de similitudes. Pero sería inútil intentar una interpretación esquemática y establecer una relación directa entre la colección y la obra: eso sería traicionar la idea del artista y falsear el proyecto de la exposición. La colección testifica más bien de las obsesiones acumulativas de Seguí, apareciendo en cierto sentido como su doble, donde su presencia silenciosa interviene como lo haría una segunda naturaleza. La exposición responde también a ese espíritu lúdico propio del artista que privilegia el juego tanto para sí mismo como para el espectador. No es menos cierto que su estrategia plástica está allí, que él la reivindica como la dimensión determinante de su arte, permitiéndole hacer coexistir la racionalidad del trabajo pictórico con el azar de la interpretación.

Uno de sus cuadros de gran formato más recientes, Lectura para todos (técnica mixta sobre tela, 1996), llama particularmente la atención. La narración ha abandonado una pseudoligereza para inscribirse en una verdadera dimensión dramática. El espíritu se ha oscurecido y es de nuevo político. Las palabras "Ruanda", "fascismo", las representaciones de Hitler, los soldados en armas, los militares... son dibujados y pintados sobre una trama de sentidos enteramente escrita por la mano del artista (en negro sobre fondo blanco), donde aparecen las palabras "problemas", "armas", "heridos", "Bosnia", "desastre", "torturas"... Los cráneos, las calaveras, las cruces, las tumbas se multiplican, y la muerte está presente. El presente y el futuro son ensombrecidos. Seguí continúa hablando de lo peor con una sonrisa: el humor es su antídoto a todas las sinrazones.

La exposición presentada en la Galería Marwan Hoss reunió, en dos salas, obras recientes. A la entrada, tres grandes acrílicos sobre tela de 1998 fueron mostrados como una trilogía alrededor del misterio del avión negro de Perón. Dos universos se unen aquí: El encanto y la seducción (Todo el mundo habla del avión negro y Ala espera del avión negro), donde el acabado tiene la transparencia del pastel y la ligereza del lápiz de color, y cuyo dibujo muy refinado y delicado hace contraste con el drama en El avión negro ha pasado, de registro más expresionista, más violento, pero más inventivo y abierto a posibles renovaciones. Con el paso de los años, la coherencia de la obra es evidente, mantenida por la continuidad del estilo y la declinación hasta la obsesión, y con un tono burlón de una imagen social y personal. En la segunda sala, los pequeños personajes —como viñetas extraídas de sus telas— ofrecían más reposo visual. Peros esos pequeños formatos (acrílicos sobre cartón) no están, por tanto, desprovistos de complejidad a pesar de su aparente simplicidad: hay un dominio magistral y gran coherencia en la yuxtaposición de los colores, los cuales reflejan un trabajo sutil que privilegia los matices, sobre todo en las tonalidades del gris y del azul.

¿Dónde situar, pues, la pintura de Seguí? ¿En la rutina (ésa de la representación de un mundo obsesivo) o en la fidelidad (a un estilo, una imagen de sí y del otro)? Es, sin lugar a dudas, en el placer de pintar que Seguí deja atrás estas posibles identificaciones. En esa felicidad siempre intacta que reivindica como suya hay también el placer de ver, porque la corriente pasa a los que observan, atraídos, intrigados y seducidos.

CHRISTINE FRÉROT

Antonio Seguí, por Christine Frérot | artnexus