"El deseo es una casa de mil puertas y el arte toca en ellas sus conciertos."
Alberto Ruy-Sánchez
Una exposición retrospectiva del artista mexicano Adolfo Riestra —calificado por el crítico Edward Sullivan como "la quintaesencia y producto de muchas de las tendencias estéticas y estilísticas de los ochenta en Occidente"— se exhibe actualmente en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) con el fin de presentar una evaluación de la contribución de su obra al arte moderno, "como un artista que se salió de los estereotipos del arte mexicano de su tiempo"1, según lo define el propio Sullivan, curador de la muestra.
La obra de Riestra, fundamentalmente reconocida por el trabajo escultórico, domina una amplia gama de elaboración plástica que parte del dibujo y recorre tanto la pintura como la escultura, de lo que se hace una significativa referencia en la acertada antología de esta exhibición. Caracterizada por "la diestra colocación de unas cuantas líneas, las amplias áreas de color y el empleo de formas dinámicas", con "un lenguaje visual personal", o "un tipo de taquigrafía privada", como no duda en considerar Edward Sullivan en su texto de presentación de esta exposición, la obra pictórica de Riestra puede localizarse dentro de "los parámetros de las corrientes internacionales que se desarrollaban a principios de los ochenta y que tuvieron consecuencias de amplio alcance para el final de la época".
Esta parte de la obra de Riestra ha sido tradicionalmente ubicada en el llamado neomexicanismo, pese a que, desde el punto de vista de Sullivan, se acerca más a las tendencias "neoexpresionistas", desde los primeros dibujos realizados en 1968 alrededor de los movimientos estudiantiles en la ciudad de México.
"Los dibujos como Tanque militar y El tapado (ambos de 1969) pueden servir como iconos (en su frugalidad, enfoque cercano y descripción directa de la opresión y el miedo) durante un momento terrible en la historia del México moderno", observa Sullivan.
La preocupación por representar —sobre todo en los dibujos— situaciones críticas de la sociedad contemporánea acompañaría a Riestra en forma ambulatoria a lo largo de toda su carrera, como lo demuestra su serie dedicada a la catástrofe del terremoto acaecido en México en 1985. Sullivan vincula, sin embargo, los primeros años pictóricos de Riestra —que describen pueblos pequeños, festivales populares y personajes de las calles— con el arte de los treinta y los cuarenta (especialmente dibujos como Paisaje, pueblo y montaña, de ca. 1960, y Limosnero, de 1969), correspondientes a una perspectiva mexicanista que en poco tiempo abandonaría el artista para, en lo sucesivo, evitar cualquier alusión a lo folclórico.
El estilo desenfadado del dibujo de Riestra es considerado por Sullivan como "una estrategia visual y psicológica". Esbozos de líneas tensas, inseguras y en ocasiones calificables de torpes, son desde el punto de vista del curador un recurso para llamar la atención a la individualidad de cada objeto. De la misma manera, el artista utilizaba el color como un reflejo directo y espontáneo de los estados de ánimo y de las circunstancias dramáticas de sus personajes.
Mediante su técnica, Riestra buscaba en la bidimensionalidad un espacio de libertad: Creo que a la pintura hay que quitarle tanto formalismo, darle un tono menos solemne e inventar juegos. Consideremos que la pintura en su proceso de realización es totalmente informal, recordemos a Jackson Pollock, cuya obra, si bien es seria, fue realizada de la manera más informal y espontánea. Yo quiero jugar con la pintura y que el espectador lo haga. Mi juego está en el aire, en las esferas que rompen con la gravedad al adherirse a la obra, con el vacío y con el movimiento.

Junto con sus dibujos y pinturas, se yerguen solitarias en la sobria museografía de las salas del MARCO las grandes esculturas de Riestra hechas en barro, de las cuales produjo más de doscientas a lo largo de su efímera carrera, truncada por su prematura muerte en 1989.
Como una consecuencia lógica de su trabajo en el dibujo y la pintura, la escultura de Riestra surge originalmente del arte popular mexicano del que el artista hace una asimilación estética, pero en toda su obra se encuentran referencias a una rica tradición escultórica universal, como son las cicládicas egipcias y grecorromanas, junto con rasgos de la monumentalidad prehispánica y de las tumbas de la antigua China, según lo destaca Sullivan.
En su ensayo para esta exposición, Un sueño de tinta y barro: Adolfo Riestra, apresurando el milenio, Alberto Ruy-Sánchez2 describe la escultura del artista como una obra de sensaciones: "Todas las figuras escultóricas de Riestra nos llenan de esa fuerte sensación de venir desde un mundo secreto del alma. No son acciones humanas que delatan sentimientos sino todo lo contrario: ocupan el espacio como sólo puede hacerlo un sentimiento. Son emanaciones y no representaciones. Son sentimientos intangibles que por el barro toman forma, se vuelven extrañas sensaciones".
La exposición de Riestra, en todo caso, parece mostrar efectivamente un panorama coherente de la vida de un artista, su época y sus aspiraciones. "La escultura en barro es un paseo por el interior de los cuerpos", dijo algún día el autor, lo que tal vez podría aplicarse a la totalidad de su obra —y tal vez de su vida— en relación con su propio principio: el mejor arte es vivir.
NOTAS
1. Ctr. Para ésta y el resto de las citas de Sullivan: Edward J. Sullivan, Las ironías subversivas de Adolfo Riestra. Dibujo, pintura y escultura, Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, A. C., Monterrey, N. L., México, 1998.
2. Alberto Ruy-Sánchez, Un sueño de tinta y barro: Adolfo Riestra, apresurando el milenio, Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, A. C., Monterrey, N. L., México, 1998.
PATRICIA GARCÍA CAVAZOS
